La puerta abierta, la ropa tirada por el suelo, las cremas y productos capilares en primer plano... Esto huele a improvisación. Por las pistas que ha dejado parece que Demi Moore entró al baño sin pretender acabar en internet segundos después. El clima de Los Ángeles, donde la estrella comparte casa con su marido y actor Ashton Kutcher, les permite tomar el sol en la terraza y pasearse sin temor a que les encuentren de esta guisa. De hecho, prefieren que el mundo los vea así de naturales. Por eso no se cortan a la hora de colgar sus fotos en redes sociales como Twitter.
Pero volvamos a la foto, que por otro lado es digna de cualquier adolescente. Puede que un momento de necesidad le llevara a Demi a ir al cuarto de baño, y al verse tan atractiva en ese espejo descomunal, sacó, no se sabe de qué bolsillo, su iPhone. Así, con un bikini estampado de piel de serpiente y con las gafas de sol todavía puestas, disparó, sin flash para no estropear la foto. No una, sino dos veces. Ni tiempo tuvo para cerrar la puerta.
Tras esta primera pose en la que su brazo no permite admirar su pecho -no se sabe si operado o no, ya que en una entrevista confesó que se había hecho unos retoques, pero sin especificar dónde-, cambió la postura, se acercó a su reflejo y, esta vez con una mano para que nada quedara escondido, captó una instantánea en la que, si puede ser, sale más provocativa. Y es que la actriz, de 47 años, no necesita ni fotógrafo ni estudios profesionales para saber lucir su cuerpo.
Gracias a que las imágenes se las hizo con su móvil y no con una cámara corriente, al instante las tenía en la red DailyBooth. 'Por fin un día libre' tituló la instantánea. Como era de esperar, cientos de mensajes aparecieron por momentos: «Estás espectacular, te has ganado el día libre» o un «Dame tu figura», de cualquier envidiosa.
No hay día en el que la pareja no se conecte a Twitter, donde se hacen llamar 'Mrskutcher' y 'Aplusk', para contar detalles de su vida diaria. La última imagen juntos es casi tan espontánea como ésta. Ambos aparecen, en lo que parece ser un vestuario, con unas gafas de pasta negra. «¡Chico, parecemos inteligentes!», fue el comentario con guasa que le dejó a su marido.