–Está en todos lados.¿Qué le queda por hacer después de tantos años?
–Peino canas y me queda todo por hacer.
–Eso sí, nada de personajes tranquilitos...
–Papel que cae en mis manos, no sé si es por burlarme de los guionistas o por volver loco al director, lo hago un poco excéntrico o extraño.
–De ahí vendrá su fama de loco, ¿no?
–Creo que esa fama es por un exceso de normalidad. Soy demasiado corriente para lo loco que está el mundo.
–¿No es entonces una actitud de divo? Eso vende mucho.
–Depende. Una cosa es ser genial y otra estar loco. Si estás loco no te creas que mucha gente puede acercarse.
–Entonces usted es un genio, porque la gente se le acerca...
–Sí, es verdad. La gente se me acerca, me da trabajo, confía en mí y hasta valora mi criterio.
–Y hasta su cuenta corriente tiene unos euros...
–Sí, y eso que era la oveja negra de la familia. Al final he salido bueno y soy el que más satisfacciones les da.
–¿Pero es millonario?
–Millonario en euros, no, pero de las antiguas pesetas alguno sí que tengo por ahí.
–La crisis del 93 se la pasó bebiendo whisky con Coca-Cola, ¿qué está haciendo en ésta?
–Tomo agua. Me he quitado del alcohol y del café.
–¿Por algo en especial?
–Porque no está la cosa para llegar a un plató con resaca o con la lengua pastosa.
–Pensaba que era para ahorrar.
–No, no, no, qué va.
–Dicen que un español con una copa en la mano arregla rápidamente el mundo...
–Pero habitualmente por la noche, cuando no hay nadie en los ministerios o en las empresas.
–¿Cómo va su curva de la felicidad?
–Más desarrollada de lo que yo quisiera. El día que deje las funciones de teatro adelgazaré.
–¿No se pone a régimen para lucir palmito estos días?
–Me encantaría, pero voy a tenerme que bañar por la noche para que no me pillen los paparazzis y destruyan mi imagen de sex symbol (risas).
–Pero usted tiene sus fans...
–Por supuesto, tiene que haber gente para todo.
–¿Sigue siendo tan impredecible como siempre?
–Me gusta sorprender.
–¿Con las parejas también?
–Con las parejas prefiero ser más tradicional.
–¿Le invitan a las bodas para que sea el rey de la fiesta?
–No, por Dios. No me gusta nada ir a ese tipo de celebraciones. Además, yo no soy gracioso.
–Con la que está cayendo en España y usted resucitando a los Toreros Muertos...
–Pues sí, los voy a resucitar para unos conciertos.
–¿Su agüita sigue siendo amarilla?
–Sí, volvió a ser amarilla, porque en las épocas en las que bebo demasiada cerveza ‘meo’ blanco.
–Si ha dejado la cerveza, pisará poco el chiringuito...
–Poco, porque a mí me relaja cocinar y me gusta ir al mercado e invitar a la gente a mi casa.
–¿En el mercado que le dicen?
–¡A la cola!
–¿No le cuelan por ser famoso?
–No, Dios me libre. No, no, no. No me gusta significarme cuando voy a hacer mis tareas domésticas.
–¿Es de los que en vacaciones se tira en el sofá a ver la televisión sin hacer nada?
–Si no trabajo, me deprimo. Mi receta para no deprimirme o no volverme una persona negativa, e incluso diría agresiva, es el trabajo.