«Lo más prudente y única forma de avanzar en el conocimiento certero de este yacimimiento es esperar a que una datación de los pigmentos de sus representaciones nos revelen algún dato seguro en el que apoyar nuestras hipótesis». La opinión es del arqueólogo José Ángel Ocharan Ibarra, el yacimiento es la Cueva Haizea, en Vélez Blanco, y los pigmentos se refieren a los utilizados en las pinturas rupestres, de las que fue descubridor, junto con Javier Rosell Ruiz, ambos de la Universidad de Murcia. Y tal párrafo termina prácticamente el artículo 'Cueva Haizea (Vélez Blanco) y el arte significativo', publicado en el número 29 (año 2010) de la Revista Velezana, recientemente presentada.
Todo indica que ese equipo de arqueólogos lleva un año a la espera de la autorización oficial de la Junta de Andalucía para llevar a cabo la intervención arqueológica correspondiente y «tratar de esclarecer su posible comprensión científica». Presentaron la preceptiva solicitud en junio de 2009, cuatro meses después del hallazgo. Como se lleva el mismo periodo de espera para la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC), porque, «al margen de las posibles interpretaciones y cronología de las pinturas descubiertas en la cavidad, la importancia del patrimonio cultural hallado hace necesario solicitar para ellas el máximo nivel de protección». Haizea se encuentra en una zona 'patrimonio de la Humanidad', aunque tal vez por su inaccesibilidad no figura en ninguna de las relaciones de declaración y de la consiguiente protección.
Singularidades
El arqueólogo mantiene la consideración no solamente de que se trata de un nuevo estilo de arte rupestre («un nuevo arte» o «un tercer arte») sino también de la denominación propuesta en su primer momento, 'Significativo'. Para el arqueólogo las técnicas de realización de las pintura se alejan de los estilos históricamente conocidos (esquemático y levantino, y, paleolíticos) mientras que considera 'únicas' las escenas, figuras y signos tanto en técnica como en estilo al igual que cree 'única' la presencia de rasgos faciales en alguno de sus antropomorfos.
José Ángel Ocharana añade, en su artículo, como soporte para ese tercer estilo, aunque lo califique de «creencia» por prudencia, «la intención de transmisión de un significado global o por lo menos la posibilidad de relación directa entre muchas pinturas de la cavidad». Además de los tipos genéricos de figuras recogidos, el estudio del arqueólogo, que ha divido en dos paneles y diez grupos el análisis de las pinturas del interior de la Cueva Haizea, detecta y revela a través de los rasgos conservados, entre otros grupos, 'el gran antropoformo ramiforme', 'dos guerreros' con espada y escudo, 'el gran reticulado', una pareja 'dios protector' y 'gobliformes'.
Diosa
Sobre el 'dios protector' José Ángel Ocharan escribe: «Dentro del carácter excepcional de la gran mayoría de las aparecidas en Cueva Haizea, es, quizás, la más sorprendente siendo una figura única en el arte rupestre de la Península Ibérica, pero con atributos que no nos son desconocidos». «Nos inclinamos a atribuir a esta figura un carácter femenino por el carácter triangular del peinado y los trazos acampanados del final de las extremidades inferiores que nos muestran claramente una falda».
Pese a todas las teorías apuntadas y a la horas de investigación que reflejan, el autor del trabajo publicado en Revista Velezana, con la prudencia por bandera concluye que se trata de «pinturas y de un arte y características tan sumamente especiales. El alcance del especial carácter de sus representaciones está todavía por determinar».