Los 'polillas' de la Guardia Civil

Guardias alumnos y guardias civiles del Servicio Cinológico en el antiguo colegio, 'El Corralillo' tras un desfile./OPC
Guardias alumnos y guardias civiles del Servicio Cinológico en el antiguo colegio, 'El Corralillo' tras un desfile. / OPC

El Colegio de Guardias Jóvenes Duque de Ahumada, en Valdemoro, celebra su 165º aniversario

Fran Gavilán
FRAN GAVILÁNALMERÍA

Hay un rincón en muchos cuarteles de la Guardia Civil repartidos por España donde la jerarquía no tiene cabida. Cualquier agente, ya sea guardia o teniente coronel, recibe «el mismo trato» de compañerismo. Se trata de los espacios reservados para los conocidos como 'polillas' de la Guardia Civil. Una palabra que engloba a un grupo de agentes que resulta desconocida para la mayoría de personas que no tienen relación con la Benemérita. Sin embargo, los 'polillas' representan más del 15% de los guardias civiles que hay actualmente en España.

Para descubrir el origen de la palabra 'polilla' hay que remontarse hasta 1855. «Ese año, más de una década después de la fundación del Cuerpo por el Duque de Ahumada, la Guardia Civil adquiere en Valdemoro (Madrid) el solar de la Real Fábrica de Paños Finos situado en el centro de la localidad». Así lo indica a este periódico Tomás López Fernández, responsable de la Delegación provincial de la Asociación de los Antiguos Alumnos de los Colegios de la Guardia Civil Almería, quien apunta que en esa localización se ubicó el primer colegio de Guardias Jóvenes 'Duque de Ahumada', conocido popularmente como 'El Corralillo'.

«El primer colegio fue fundado para los niños huérfanos de los guardias civiles que habían muerto en acto de servicio», explica Tomás López, al tiempo que señala que la razón por la que el Duque de Ahumada lo creo fue «para premiar en los hijos las virtudes de los padres», una frase que se puede leer en diferentes puntos de esta institución de enseñanza. Desde entonces los hijos del Cuerpo que han ingresado en este centro se les conoce cariñosamente como 'polillas'.

El inicio del término tiene «varias hipótesis», indica el responsable provincial. Una de las que más suena es que, en los primeros años del colegio, un general inspector del Cuerpo observó un agujero en uno de los uniformes de un alumno, quien alegó que había sido una polilla la responsable del roto.

A principios de este mes, el Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro ha celebrado su 165 aniversario y como a lo largo de su historia, su acceso está exclusivamente reservado para «hijos de guardias civiles». Según señala el responsable de los 'polillas' en Almería, por el centro con base en Valdemoro, que prepara a los hijos del Cuerpo para las pruebas selectivas para el ingreso en la Guardia Civil e imparte la formación técnico profesional para la incorporación a la Escala de Cabos y Guardias, han pasado «más de 35.000 alumnos».

«Es un orgullo»

«Es un orgullo y una tradición de muchos años», reconoce el responsable de la asociación en Almería, quien atiende que más de 300 de los 1.800 agentes que hay actualmente destinados en territorio almeriense son 'polillas'.

Así, indica que en el colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro la formación «es mucho más extensa y completa» que en otras academias y además se parte del hecho de que «todos conocen la Guardia Civil desde niños al haberse criado en cuarteles».

El colegio ha evolucionado conforme han pasado los años. En ese sentido, desde hace 25 años las mujeres, también hijas del Cuerpo, ingresan para aspirar a ser guardias civiles. «Ahora, incluso, hay más alumnas que alumnos», señala López tras indicar que dos mujeres 'polillas' de la primera promoción están destinadas en Almería.

«Yo nací en el cuartel de La Cañada», añade Tomás López. Y como hijo de guardia civil decidió seguir los pasos de su padre. «Vino un cabo 'polilla' al cuartel, me empezó a hablar del colegio de Guardias Jóvenes y me gustó, por lo que decidí realizar una instancia e ingresé», comenta. En aquellos años, en la década de los setenta, no hacía falta realizar oposiciones, por lo que Tomás López se convirtió en guardia y lo destinaron a San Sebastián.

Algo parecido le pasó a Juan Berrido Trillo, vicepresidente de la asociación en Almería. «Me crié en el pueblo almeriense de Lúcar y conocí a unos cuantos 'polillas' que me calentaron la cabeza y decidí realizar una instancia», señala entre risas este hijo y nieto de guardias tras explicar que hizo cientos «a mano» hasta que le quedó una suficientemente buena para enviarla a Madrid.

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