Un pequeño laberinto con rica gastronomía llamado Rágol

Un pequeño laberinto con rica gastronomía llamado Rágol

El municipio almeriense conserva un sabor musulmán en sus calles pese a las nuevas construcciones

J. L. PASCUALALMERÍA

Rágol es el municipio más occidental camino de la Alpujarra y que linda con la antigua Taha de Luchar; se ubica en la ribera del río Andarax, flanqueada de gigantescos eucaliptos, los cuales sombrean este pueblo de pendientes y callejuelas con un urbanismo de carácter musulmán a semejanza de las medinas magrebíes. Con sus cultivos al frente del pueblo en los márgenes del río, Rágol presenta el topónimo más enigmático de la zona, que aún está por esclarecer, aunque se constata el asentamiento cultural musulmán a lo largo de ocho siglos. Posiblemente elegido por su cercanía al río, sus fértiles tierras y como último bastión estratégico de camino a la Alta Alpujarra.

Los visitantes podrán descubrir por sus calles construcciones de nuevo cuño que han ido cambiando la fisonomía de Rágol, intentando darle un carácter más castellano, tarea difícil en un pueblo laberíntico, sobre todo en su parte alta. Entre ellas surge la actual iglesia parroquial, dedicada a San Miguel, si bien el patrón del pueblo es San Agapito.

Es un templo de estilo mudéjar, del tipo de iglesias de cajón, construido en el siglo XVII sobre la anterior, que fue incendiada por los moriscos y posteriormente restaurada en 1861. Destaca su notable techumbre de madera, una armadura de limabordón decorada con paños de estrellas de ocho puntas y lazo de cuatro.

Su gastronomía está influenciada por el clima, la economía, los recursos naturales del lugar, las estaciones del año y las festividades religiosas. En los fríos días de invierno, cuando la lluvia hace su aparición, es costumbre cocinar migas de harina o de pan, acompañadas con caldo de pimentón, pimientos y tomates secos fritos, pescado y tajadas, todo ello regado con un buen vino de la tierra. También se consumen los pucheros, cocinados en sus diferentes formas, desde el trigo a la calabaza e hinojos que preparan el cuerpo para un duro día de trabajo.

En los calurosos días del verano son refrescantes los gazpachos y ensaladas del tiempo. Además son características las fritadas de conejo con pollo y las gachas con caldo de pescado, aprovechando la temporada de mayor esplendor de las verduras. Durante todo el año se degustan los embutidos.

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