«Es una muerte sin sentido»

La ceremonia tuvo lugar en el altar mayor de la Catedral de la Encarnación de Almería ante 6.000 asistentes, 700 de ellos en el interior del Templo./OBISPADO DE ALMERÍA
La ceremonia tuvo lugar en el altar mayor de la Catedral de la Encarnación de Almería ante 6.000 asistentes, 700 de ellos en el interior del Templo. / OBISPADO DE ALMERÍA

La familia de Gabriel entierra los restos mortales el pequeño en el cementerio de Fernán Pérez en la más estricta intimidad Unas 6.000 personas asisten al sepelio y, compungidas, gritan al unísono: «No estáis solos»

MIGUEL CÁRCELESALMERÍA

En la plaza de la Catedral, el kilómetro cero del Casco Histórico de Almería, latían al unísono 6.000 corazones afligidos que representaban a los de todos los habitantes de la ciudad. El ritmo pausado se rompía sólo cuando cerca de las once de la mañana, y en un coche fúnebre blanco impoluto, entraba entre aplausos el féretro con los restos mortales del pequeño Gabriel Cruz Ramírez, de sólo ocho años, víctima de un crimen atroz que ha sacudido a toda España. El funeral de ayer era el de un familiar de cada uno de los almerienses. De un primo, de un amigo, de un allegado. «No estáis solos», coreaba al unísono la muchedumbre concentrada a las puertas de la Catedral de la Encarnación.

Unas 700 personas entraron al Templo catedralicio: familiares y amigos íntimos de Gabriel y de sus padres y representantes institucionales. Entre ellos, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría; el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido y la presidenta del Gobierno andaluz, Susana Díaz, todos con un rostro abierta e irremediablemente compungido. La falta de aforo del Templo metropolitano se suplió con la instalación por parte del Obispado en la plaza de la Catedral de una pantalla gigante desde la que miles de almerienses siguieron solidariamente la misa de 'corpore insepulto' del tristemente desaparecido Gabriel.

El obispo de Almería, Adolfo González Montes, presidió la ceremonia religiosa y se unió a la desolación de la familia en una sentida homilía en la que relató que «esta muerte sin sentido», la del pequeño, viene provocada «por la enferma miseria de nuestra condición pecadora». «Nos sucede a todos los mortales, es algo que dice San Pablo: el pecado habita en el corazón del hombre aunque nos resistimos a aceptarlo con humildad», refirió durante el ritual.

«La violencia injusta hacia los niños en el mundo es el resultado del corazón enfermo»

Ante un templo catedralicio en el que la única nota discordante con el ambiente sombrío y la estética recargada era el blanco reluciente del escueto féretro de Gabriel y la infantil corona de flores con forma de pez situada a sus pies, González Montes invitó a los presentes a reconocer esa condición imperfecta del ser humano y asumirla como un hecho supremo e irremediable. «Si lo reconociéramos seriamos mucho mas justos con nosotros mismos», argumentó el prelado ante los presente. «Las desolación e impotencia que nos unen en hechos como esta muerte cruel debe reafirmarnos en nuestra fe de creyentes en el Señor. Es bueno para quien espera», agregó el líder de los católicos almerienses.

Además, el obispo, refiriéndose al pequeño Gabriel Cruz, apuntaba a que «no tuvo tiempo de que su corazón se pervirtiera hacia la maldad que trasversalmente alcanza a los adultos». «Su muerte violenta le acerca a Jesús de una manera muy especial y le identifica con la muerte de Cristo, víctima de la cruel violencia en la pasión y cruz». «Gabriel», añadió, «llevaba el nombre del Arcángel que anuncio a María». «A su manera alegre y bonita», dijo, «ha emprendido el camino que lleva a Cristo glorificado» para «disfrutar del amor definitivo, de la felicidad que nunca acaba». «Acompañará ahora a sus padres y abuelos desde el cielo», relató el prelado, mientras pedía que la sociedad «se torne mas humana al recibir el mensaje del Evangelio». «La violencia injusta hacia niños en el mundo es el resultado del corazón enfermo de tantas personas en nuestro mundo», concluyó el mitrado de la Diócesis Almeriense.

La misa de 'corpore insepulto' contó también con la presencia de representantes de algunos de los cuerpos de seguridad y de emergencias que participaron de los operativos de búsqueda del chaval durante los trece días en los que se desconocía su paradero. Incluso con el director general de la Guardia Civil, José Manuel Holgado. Los asistentes al ritual de sepelio aplaudieron sentidamente a su acceso al templo diocesano. La única nota discordante en el ambiente de pesadumbre y congoja fue la de algunos reproches aislados a la salida de los representantes políticos, una vez que la comitiva fúnebre ya había abandonado la plaza de la Catedral, que se calmaron con absoluta brevedad y que no enturbiaron el recogimiento que rodeó toda la ceremonia.

El féretro del pequeño Gabriel Cruz fue enterrado -el juez instructor vetó la incineración de los restos por si hubiera que practicarle nuevas periciales- en el cementerio de la pedanía nijareña de Fernán Pérez en la más estricta intimidad, tal y como habían pedido encarecidamente los padres, destrozados, tras besar el ataúd que contenía los restos de su hijo en la trasera del coche fúnebre. Entre aplausos y un coreado «todos somos Gabriel», la comitiva fúnebre partió hacia Níjar poco después de mediodía cruzando a su paso por Campohermoso, núcleo en el que los vecinos hicieron un pasillo honorífico al cortejo entre silencios y lágrimas, los de toda Almería.

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