Colapso en el estrecho

Varios inmigrantes llegados en patera el pasado fin de semana son conducidos por la Policía Nacional al autobús que los trasladó a la cárcel sin estrenar de Archidona./EFE
Varios inmigrantes llegados en patera el pasado fin de semana son conducidos por la Policía Nacional al autobús que los trasladó a la cárcel sin estrenar de Archidona. / EFE

La llegada masiva de inmigrantes en patera muestra las debilidades del sistema migratorio español, incapaz de gestionar un flujo que se ha triplicado respecto de las cifras que arrojó el año pasado

Miguel Cárceles
MIGUEL CÁRCELESALMERÍA

La alerta de Cruz Roja Española cayó en saco roto. Era a principios del mes de abril. Apenas habían pasado tres meses completos -los tres meses del invierno más duro-. Y aún así las cifras ya eran lo suficientemente elocuentes: la llegada de pateras se había multiplicado por cinco en comparación al periodo idéntico del año anterior. Había que reaccionar, porque las cifras de 2016 ya resultaron lo suficientemente elevadas para hacer saltar las alarmas. Entonces, un año antes, ya se habían acercado al máximo histórico, con unas 150 pateras y casi 2.200 inmigrantes atendidos por la oenegé que se encarga de los primeros auxilios sanitarios y sociales cuando los viajeros llegan al puerto. Pero las de 2017 llevaban camino de convertirse en lo que ya son: las más abultadas del fenómeno migratorio de la llegada a Europa en patera en décadas. Ahora, cuando se bordea el fin de año, la estadística es rotunda: 2017 cerrará con récord tristemente histórico.

Con datos cerrados el lunes pasado, 4.780 personas habían sido atendidas por parte de los equipos de respuesta inmediata de emergencias (ERIE) de Cruz Roja Española en Almería tras su auxilio en alta mar por Salvamento Marítimo. «Son cifras alarmantes. Por suerte contamos con un equipo comprometido de voluntarios y trabajadores para gestionar esto», advertía Fran Vicente, coordinador provincial de la oenegé en Almería. Bajo sus directrices actúan más de 2.000 voluntarios repartidos por la provincia. «Aún así, siempre necesitamos gente. El perfil es lo de menos, porque necesitamos desde mediadores hasta personas que calienten café y hagan bocadillos. Pero nos vendría muy bien gente que sepa hablar francés o árabe», recuerda.

Su gestión altruista es absolutamente necesaria. Nada más arribar a puerto, los inmigrantes rescatados en alta mar se ponen a disposición de sus servicios sanitarios y sociales que inspeccionan su estado de salud y redactan un primer informe a partir del cual la administración -y la Justicia- actúa en consecuencia. Y precisamente por ello tienen un contacto directo con los migrantes que les permite conocer el por qué de esta explosión en los últimos meses.

«Hacía años en los que la inmensa mayoría de los migrantes eran personas de la región subsahariana». Son zonas que tienen un mayor impacto de conflictos bélicos y en los que la pobreza está mucho más extendida. Además, provienen de países sin convenio bilateral de devolución, por lo que una vez en Almería quedan en el limbo: sin posibilidad de expulsión y sin capacidad de tener documentación que le permita mantener una vida normal en España.

Todo esto ha cambiado. «Ahora hemos vuelto a ver gran presencia de personas del Magreb». ¿La razón? «Los conflictos en el Rif», alega Vicente. «Vienen muchos jóvenes que por cuestiones políticas o por la falta de oportunidades en el norte de Marruecos acaban embarcándose en patera. Algo similar también ocurre en Argelia. De ahí que haya habido un incremento de rescates en las costas de la Región de Murcia». El pasado fin de semana, más de 500 personas arribaron al puerto de Cartagena.

Pese a que todo esto se venía detectando desde hace meses, la dotación para la recepción de inmigrantes que entran en el territorio nacional fuera de los cauces reglados continúa invariable salvo en las oenegé. Los Centros de Internamiento de Extranjeros -unos espacios en los que los recién llegados disponen, según ley, de todos sus derechos excepto el deambulatorio- están saturados y no tienen capacidad para acoger más personas. Quienes los conocen alertan de las difíciles condiciones que allí se dan. Y al margen de las posibles críticas existentes al respecto -gran número de organismos humanitarios exigen de forma constante la supresión de estos centros de internamiento para migrantes que, según la norma, sólo han cometido una falta administrativa- tampoco se han ampliado ni se han creado nuevos. Y los sindicatos policiales redundan en una falta de dotación de personal.

Sin más plazas en los CIE, con un fuerte incremento de la migración en patera y con un componente magrebí -países con los que sí que existe convenio de devolución- mucho mayor, el cóctel parecía llamado a ser irreversible. Desde hace meses, esta situación ha llevado a las autoridades a dejar en libertad a muchos de los llegados en patera. Son aquellos con origen en países sin convenio. En los últimos días, más de medio centenar en Almería, algo que se ha repetido en numerosas ocasiones este año.

Algunos de ellos han requerido de la ayuda humanitaria de las oenegé una vez se les permitía abandonar los módulos de recepción del puerto de Almería -los barracones, se le llama- ya que, una vez en tierra, se ven en una ciudad en la que muchos no tienen redes familiares o de amistad y quedan en una situación de extrema vulnerabilidad. Uno de los últimos casos ocurría el sábado de la semana pasada: medio centenar de recién llegados liberados se agolpó a las puertas de Cruz Roja en Almería. «De urgencia abrimos un ERIE y les dimos comida y bebida, así como les proporcionamos algunas instrucciones de servicios a los que podían acudir. Nuestras plazas de acogida están también saturadas», advertía Vicente. Pero no ha habido reacción desde las administraciones públicas. Cruz Roja en Almería apenas cuenta con un centenar de plazas de alojamiento humanitario, para asilados o para casos especiales. En Andalucía son 300. «Es insuficiente», alega Vicente.

En otras zonas del sureste peninsular las administraciones lo han gestionado de forma distinta. Sin ir más lejos, en Málaga este mes de noviembre ante la llegada a puerto de centenares de inmigrantes rescatados en el Mar de Alborán -y por la carencia de barracones como los existentes en Almería- las autoridades locales organizaron un servicio de atención en espacios municipales, en los que las oenegé pudieron efectuar su trabajo e ir derivando a los migrantes a los servicios públicos o proporcionarles información para que pudieran llegar a sus redes familiares en el país.

No ha sido así en Almería. Fuentes del Consistorio de la capital advierten de que desconocían la situación de saturación de los recursos del Ministerio del Interior para gestionar la llegada masiva de pateras y migrantes y que no han recibido ninguna petición al respecto para poner a su servicio espacios públicos en los cuales poder acoger a quienes no disponen ni siquiera de un techo tras abandonar los 'barracones' del Puerto ante su colapso. «Las únicas noticias que tenemos son recientes y han sido por Cruz Roja», insistieron.

Frente a esto, la solución albergada por Interior ha sido dar un uso transitorio a la prisión de Archidona (Málaga). Un nuevo centro penitenciario sin inaugurar. «Es algo transitorio», defendían desde el pasado fin de semana desde el Ministerio del Interior. El mismo mantra que ha repetido el delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz.

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