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Líjar, marcada por las canteras, agricultura y emigración

Líjar, marcada por canteras, agricultura y emigración
  • Municipio con gran tradición en la piedra natural y que vio marcharse a muchos vecinos a Argentina, Cataluña o Alemania

Líjar es un municipio con larga historia, hasta el punto de que en algunos lugares del pueblo se pueden encontrar las llamadas 'piedras de herradura' en las que los hombres primitivos dejaron grabados mensajes que aún hoy parecen casi imposible el que se puedan descifrar. Aún más complicado es determinar si los pueblos del Mediterráneo llegaron a conocer esta villa en algún momento.

La minería se asoma a su historia desde tiempos remotos, primero de la mano de los cartagineses y púnicos y posteriormente por los romanos, quienes no pasaron por alto la riqueza de metales de la que se disfrutaba en la comarca. No fue hasta que el pueblo fue ocupado por los árabes cuando esta actividad comenzó a compatibilizarse con otras como la agricultura, que fueron cobrando protagonismo y se convirtieron en otra fuente de desarrollo.

En la época musulmana, Almería contó con una pujante industria de telas finas, como el lino y la seda. Los telares de Líjar no llegaron al siglo XX, pero se llegaron a contabiliza unos 25 telares para la fabricación de telas de lino y cáñamo en el censo de esta población realizado en 1846. Entre los episodios históricos de este municipio, no obstante, el más llamativo fue la respuesta ante el agravio que sufrió el Rey Alfonso XII en su visita a Francia, allá por el año 1883. El rey español fue insultado y apedreado por ciudadanos franceses durante esta visita, al presentarse en París con uniforme prusiano. Los lijareños decidieron entonces declarar de manera oficial la guerra al país galo, a pesar de que este conflicto se debió a un malentendido que, finalmente, fue aclarado entre las diplomacias francesa y española.

El acta de la sesión ordinaria del día en que los gobernantes de Líjar acordaron declarar la guerra a Francia, el 14 de octubre de 1883, se conserva en el Ayuntamiento, un edificio nuevo situado en la Plaza Mayor del pueblo, así como el Tratado de Paz firmado cien años después, con el que Líjar y la Nación francesa pusieron fin a un siglo de guerra.

Casi 400 años antes de este suceso, en 1488, los moros de Líjar se rebelaron en cuanto el Rey Fernando abandono el real de Vera y marchó a Murcia. Con las capitulaciones de Purchena, los moros de Líjar fueron perdonados. Ya en el Siglo XX, Líjar, como tantos otros municipios almerienses sufrieron los flujos migratorios, en diferentes épocas y con diferentes destinos. En los primeros años de este siglo fueron muchos los vecinos que decidieron buscar unas mejores expectativas de futuro marchándose hasta América, fundamentalmente a Argentina y en ciudades como Buenos Aires y Rosario.

Eran tiempos en las que las comunicaciones apenas permitían el contacto a ambos lados del charco y en el que muchas familias quedaron casi fracturadas con el único nexo de la correspondencia y de los envíos de dinero que, por lo general, se realizaba entre los mismos vecinos que volvían ocasionalmente al pueblo y se encargaban del reparto. Más adelante, llegada la década de los 60, Cataluña fue el lugar elegido para muchos lijareños que vieron en la floreciente industria de esta región una buena oportunidad de conseguir trabajo.

Las fábricas de vehículos y las empresas textiles acogieron a muchos ciudadanos de Líjar, aunque también hubo quien encontró acomodó en otros sectores como el comercio o las cavas. Hubo quien dio un paso más y optó por viajar por el continente europeo en busca de esa salida laboral, principalmente en países como Alemania o Francia que requerían mucha mano de obra para la construcción y la industria.

En su gran mayoría, estos emigrantes no retornaron al municipio salvo en periodos vacacionales o puntuales, pero sí hubo un núcleo que se marchó a Suiza para trabajar en el sector de la piedra durante un periodo acotado y que, casi en su totalidad, volvió a instalarse en el pueblo pasados los años.

En la actualidad, Líjar es un municipio que sigue teniendo en la piedra, la agricultura y la ganadería sus grandes sustentos, aunque también se ha abierto al turismo rural con una serie de rutas que permiten al visitante ascender hasta la Sierra de las Estancias o la Sierra de los Filabres.