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ALMERÍA - JAÉN - GRANADA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

Opinión

DESDEELINVERNADERO
'Se vende' explotación agrícola Parir en el Poniente... ¿es aún posible?

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HE de reconocer que estos días no hago otra cosa que darle vueltas a la cabeza sobre si merece la pena seguir adelante en ésta mi profesión, Y en eso estaba, en una vuelta más, después de recoger una montaña de facturas por pagar cuando leo las primeras declaraciones del nuevo consejero de agricultura. Me quedo de piedra pues, aunque destaco sus buenas intenciones, me pongo a recordar otras manifestaciones anteriores de gente con poder que no llegaron nunca a cristalizarse en realidades. Me ha gustado, eso sí, que se dirigiera directamente a nosotros, los agricultores. Me ha halagado que lo hiciera y que diga además que nos va a tener en cuenta porque somos la parte más sufrida de este sector. Sin embargo no voy a dejar de ponerlas en cuarentena porque hasta ahora sólo me he llevado chascos y no está el momento como para ilusionarse a no ser que se vean acciones inmediatas.

Verán, tengo un amigo que vende calefacción y una amiga, pantalla para invernadero. Dicen que la agricultura aquí no funciona porque el agricultor no invierte en mejorar sus instalaciones con tecnología y yo les digo que con productos que nos pagan a 20 céntimos, no cubrimos ni los costes de nuestras instalaciones tal y como están, ni mucho menos obtengo un mínimo de beneficio. ¿Cómo me voy a embarcar en mejorar las instalaciones de mi finca si no se me garantizan unos ingresos mínimos? Porque la persona que vive de su sueldo sabe el ingreso que va a tener cada mes y puede planificar hasta dónde puede llegar pero, como agricultora, yo vivo de una lotería constante sin que nadie me asegure unos ingresos mínimos mensuales, ni me alivie de los pagos, no solamente de mi instalación, sino también de mi casa, de los libros del cole o de llenar la nevera.

¿Se refería el nuevo consejero a algo de esto? A que nos puede ayudar de una manera más directa y sin tanta burocracia y papeleo y sin tanto intermediario, que hasta a la hora de echar una instancia oficial te apabullan. Hace unas semanas me entero de que se han aprobado ayudas para mejoras de la explotación. Me ilusiono con la noticia y me dirijo a la oficina de mi gestor para que me informe sobre los requisitos. Antes, en tres ocasiones distintas, intenté acogerme a algún tipo de ayuda pero una vez la edad mínima requerida era de 25 años; en otra ocasión eran necesarios cinco años cotizados como autónomo en la Seguridad Social y en la tercera sólo eran ayudas para la primera instalación.

Y claro, en ninguno de esos casos me encontraba aunque he sido menor de 25 años, ya llevo más de cinco cotizando y, por supuesto, también tuve mi primer invernadero. Olvidado eso, voy a lo que hay ahora y, en principio, me dicen que sí, que puedo acogerme a ellas, ¿Bingo! Ya tenía ganas de instalar un ordenador de riego y unas ventanas en la finca. La alegría no me duró ni un minuto porque me informan que no merece la pena que las pida. Pregunto por las razones y la asesora, muy amable, me enumera una serie de puntos: «Para conseguir estas ayudas tienes que transformar tu instalación, adecuándola con una serie de pijoterías. Porque aunque tu invernadero es nuevo y está en perfectas condiciones, debes sustituir la malla exterior que tienes que sólo mide 1,50 de altura por una de 3 metros que tendría un coste de al menos 3.000 euros. Y la verdad que es una pena tirar la que tienes instalada que con sólo cuatro años está bien y aún puede aguantar otros cinco más». También me dice que debo poner doble puerta en las entradas al invernadero, y, aunque ya poseo una que me costó 1.500 euros, debo instalar otras dos más, con lo cual serian 3.000 euros adicionales. Aparte, hay que llevar una contabilidad profesional de la finca durante cinco años. Con el coste de la malla, de las dos puertas y la contabilidad no me compensa pedir ayuda ninguna. Va a ser más lo que me voy a gastar en el collar que lo que vale perro.

Mi situación, como ya he dicho, no es única y desde este rincón que me dejan quiero hacer escuchar la voz y el sentir de cientos, de miles de agricultores que como yo hemos luchado toda la vida por nuestra profesión. Pero me miro a misma para preguntarme si todo por lo que mis padres han luchado se viene ahora al traste sin ser capaz de sobrevivir a esta situación y es que, como se suele decir aquí, me crié debajo de una planta de tomates y es lo único que conozco y que creo que puedo hacer más o menos bien, para que a estas alturas tenga que rendirme y colgar el cartel de 'Se vende'.

Me agarro a una esperanza con el consejero y confío en él a pesar de los golpes que he recibido por ilusionarme cuando desde la administración me han ofrecido algo. Por lo menos le concedo cien días aunque no sé si cuando termine esta campaña -ya está a punto- dispondré de lo necesario para seguir siendo agricultora. Si la cosa no cambia, me apuntaré a la llamada de Coag, esa de dejar de producir para ver si de una puñetera vez alguien se da cuenta de cómo lo pasamos los que hemos decidido vivir de la agricultura y digo bien: Vivir. Eso sí, de una manera digna. Ah, señor consejero, no nos engañe esta vez. HACE tres meses en el Partido Popular nos alegrábamos de que el tema de la falta de ginecólogos en el Poniente pareciera próximo a resolverse, pero ya advertíamos que las soluciones propuestas en ese momento pudieran ser de carácter transitorio, por lo que no había que confiarse y desgraciadamente teníamos razón. Y digo desgraciadamente porque la línea que hemos de seguir es la de solucionar conflictos, no fomentarlos, pues sólo solventando lo defectuoso estaremos en disposición de mejorar el resto de aspectos de nuestra sanidad.

El problema de la falta de ginecólogos en el Hospital de Poniente ya viene de largo, bastante más de un año. Y es obvio que es un problema serio que conviene analizar despacio y desde muchos puntos de vista: las soluciones como los nuevos profesionales contratados o las continuas dimisiones de sus jefes está claro que no han dado su fruto. Luego el problema debe estar algo más hondo, en algún sitio profundo de las entrañas del hospital en sí o incluso del mismo servicio de ginecología.

Y es que la gestión de un centro hospitalario es muy compleja, siendo del todo inevitable que existan situaciones que comprometen la adecuada viabilidad de su funcionamiento en general. Los pequeños roces son el pan nuestro de cada día, al igual que ocurre en cualquier otra empresa. El problema es que el producto que se genera en los hospitales y centros de salud es un producto muy peculiar, denominado 'sanitario', y que evidentemente no se atiene a las leyes de mercado habituales: es un producto vital para el ciudadano que se oferta en función de la necesidad y que se financia mediante la contribución pública en función de los ingresos de cada uno. Es decir, los que más ganan financian a los que ganan menos, los jóvenes a los mayores y los trabajadores a los que no trabajan y eso es justo, siempre que a cambio todos obtengan un producto sanitario adecuado en el momento en que lo necesitan y en igualdad de condiciones. En este caso el producto afectado está siendo la asistencia obstétrica y ginecológica a las mujeres del Poniente, con el agravante de que esta merma de calidad hace que el peso de los partos del poniente se haya desplazado a Torrecárdenas, donde el mismo personal atiende ahora muchos más partos que hace un año y medio. Es decir, la asistencia ginecológica en el área del Poniente ha perdido prestigio y esto está afectando también a Almería en mayor o menor medida.

La solución al conflicto no es fácil, de eso estoy seguro; pero lo que sí debemos hacer es solicitar una vez más a las autoridades sanitarias de nuestra provincia un estudio profundo de este problema.

Ya comentamos en su día que la solución probablemente pasara por contar con el consenso y la opinión de los profesionales afectados. Y creo que no yerro si reitero la opinión: algo pasa en el Hospital de Poniente que impide el correcto funcionamiento de un servicio tan importante como el de Ginecología. A nuestros gestores sanitarios corresponde evaluarlo en profundidad y elaborar un plan de actuación a corto, medio y largo plazo. Las soluciones 'rápidas' implantadas hasta ahora no han sido efectivas, y es obvio que hacen falta cambios más profundos, menos espectaculares quizás 'para la galería' pero más atractivos para los profesionales afectados y quizás sea con ellos con quienes hay que hablar más detenidamente.

Puede que se necesiten reformas profundas o puede que tan sólo unos pequeños cambios conceptuales pero estoy seguro de que la clave para la solución del problema la tienen aquellos que lo viven día a día: los profesionales y las madres afectadas. Desde el Partido Popular solicitamos a nuestros gestores inicien las vías para solventar este conflicto: me gustaría no tener que escribir más sobre este tema pues eso significaría que está resuelto, y en ese caso las más beneficiadas serían las madres embarazadas.

Madres necesitadas del excelente producto sanitario que les puede ofrecer el Servicio de Ginecología del Hospital de Poniente y que seguro van a terminar teniendo si nos empeñamos en conseguirlo.

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