Rajoy escenificó en un último esfuerzo su versión de 'Bailando con lobos', demostrando que aún le quedaban fuerzas; pero nadie ha pensado nunca que fuera Kevin Costner.
Aquella misma noche Bruto negó hasta tres veces su conjura, al tiempo que ordenaba a sus cómplices, Casca y Casio (hasta éste tenía nombre de radio), que comenzaran la faena a través de las ondas.
Ella, mientras tanto, como en La Copla de Romero de Torres, se sujetaba la navaja en el interior de las medias de seda.
No hubo sangre, aunque sí un profundo dolor. Rajoy se retiró, se dedicó a la lectura de Agatha Christie y memorizó los gestos de los personajes de 'Diez Negritos' para cuando volviera a Génova; aunque en cuanto atravesó el salón de su casa y se enfrentó de nuevo al mundo, se vino abajo con otro de sus frecuentes ataques de agorafobia.
La dimisión sentida de Zaplana, que nos privaría de 'buenos momentos' televisivos, y el nombramiento de Soraya Sáenz de Santamaría, una mujer con energía y aire fresco en las rancias filas de los populares como portavoz del Partido Popular en el Congreso de los Diputados, presagiaban cuatro años de 'Paz y Amor'. Pero poco tiempo le duraron a Rajoy las margaritas frescas en el pelo.
Esperanza Aguirre no se hacía con la navaja en el liguero. Pudiendo recurrir a la artillería pesada, para qué más sutilezas.
Sin embargo, en plena crisis de identidad ideológica, en la que Aguirre acusa a Rajoy de socialdemócrata mientras que él insiste que eso se lo diga en la calle, es por Martínez Pujalte por quien más lo lamento. En su afán por no quedarse fuera de juego, en lugar de irse, que sería un exceso, se afeitó el bigote en consonancia con los nuevos tiempos. Pero como no sabe hacia dónde dirigirse, se siente triste y dubitativo, no sabe si dejárselo crecer de nuevo, más delgado y liberal si cabe, o echarse al monte y espesarse la barba como el Ché.
Mientras tanto, en España, José Luis Rodríguez Zapatero ha iniciado su segunda legislatura con presencia mayoritaria de mujeres al frente de las carteras ministeriales; al igual que el presidente de la Junta, Manuel Chaves, a cuya toma de posesión no acudió el presidente de los populares andaluces, Javier Arenas, en un gesto sin duda, de la regeneración democrática que él mismo demandaba en su campaña electoral. Por delante tienen los populares meses de reyertas y guerrillas pírricas. Rajoy dice y se desdice más tarde. Su figura se desvanece, su imagen comienza a menguar. Esperanza Aguirre espera y como una mantis religiosa aguarda el momento adecuado para darse el festín.





