Jueves, 14 de junio de 2007
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Un nuevo ataque contra el mausoleo chií de Samarra reaviva la violencia sectaria
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El ataque de presuntos insurgentes contra el principal mausoleo chií de Samarra, el segundo que sufre ese santuario en apenas dieciséis meses, desató ayer el temor a que se recrudezca la violencia sectaria que ha provocado miles de muertes entre chiíes y suníes de Irak durante todo 2006 y lo que llevamos del actual año.

En las primeras horas tras el atentado, en el que fueron derribados dos alminares de este templo, la reacción del Gobierno del chií Nuri al-Maliki y de los principales líderes de esta comunidad fue de una relativa contención y llamada a la calma. El Ejecutivo decretó un toque de queda indefinido, que entró en vigor a las 15.00 horas -dos horas más en España- en Bagdad y Samarra, para evitar que se reproduzcan las reacciones de ira que siguieron a la explosión de la cúpula de este mausoleo el 22 de febrero de 2006.

Aquel atentado supuso el punto de inflexión en la violencia confesional en Irak, ya que los chiíes pasaron a la ofensiva contra los suníes, cuando hasta entonces ellos habían sido principalmente las víctimas del odio religioso.

No obstante, sí se registraron acciones de venganza y dos mezquitas suníes del suroeste de Bagdad fueron destruidas por grupos armados presuntamente chiíes, que utilizaron artefactos explosivos contra el templo de Al-Eskandariya y Abdulá al-Yaburi.

Según fuentes policiales de la provincia de Salahedín, donde se encuentra Samarra -de mayoría suní-, no ha habido víctimas en el ataque que desencadenó la espiral, perpetrado con alguna bomba colocada en el interior de la mezquita. Sí se registraron graves daños sobre los alminares junto a la cúpula dorada, que, además, fueron atacados antes de la explosión por fuego de morteros. «Se desplomaron por los proyectiles de mortero y una carga», dijo un testigo ocular.

Anoche se desconocía la autoría del ataque y cómo los terroristas pudieron introducirse para llevar a cabo su acción en el santuario, que está fuertemente custodiado por las tropas iraquíes las veinticuatro horas del día.

Disparos al aire

Inmediatamente después del atentado una multitud de chiíes comenzó a congregarse en torno al edificio religioso en protesta por la acción violenta. Las fuerzas de seguridad tuvieron que disparar al aire para dispersarlos.

La máxima autoridad chií de Irak, el ayatolá Alí Sistani, pidió «autocontención» a sus seguidores y publicó una 'fatua' que prohíbe cualquier acto de venganza. «Llamamos a todos los ciudadanos a que eviten ser arrastrados a la sedición confesional», dijo, en una de sus raras intervenciones en la vida política del país pérsico.

Por su parte, el clérigo radical chií Muqtada al-Sadr reclamó a través de uno de sus portavoces tres días de duelo nacional para que los iraquíes expresen su condena al bombardeo y culpó al Ejecutivo de Nuri al-Maliki y a las fuerzas multinacionales de este ataque. «Son los responsables de lo que sucede. ¿Qué Gobierno es éste que depende de las tropas de la ocupación?», se preguntó. También los 'ulemas' suníes señalaron a Al-Maliki como el responsable.

 
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