Miércoles, 18 de abril de 2007
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OPINIÓN

TROCADERO
Vicente Clavel inventó la rosa
EL valenciano Vicente Clavel inventó la rosa que en Cataluña, y en otros lugares de España, se ofrenda junto a un libro, el 23 de abril, día en que se conmemora el aniversario de la muerte de Cervantes y también de Shakespeare. Es el Día del libro.

Alfonso XIII, el que fuera proclamado rey a su nacimiento, firmó un Real Decreto el 6 de febrero de 1926 por el que se creaba oficialmente la 'Fiesta del Libro Español', celebración ésta que quedaba vinculada al escritor Miguel de Cervantes, de quien, por aquel entonces, se pensaba que había nacido un 7 de octubre, habida cuenta de que en la partida de bautismo del autor del 'Quijote' figura el 9, tal como reza en el libro de bautismos (si bien varias poblaciones se atribuyen el honor de poseer partida de bautismo con el mismo nombre del autor del Cervantes y parecidas fechas, desde Alcázar de San Juan hasta Alcalá la Real):

«En domingo nueve días del mes de octubre año del Señor de mil é quinientos é cuarenta é siete años, fue baptizado Miguel hijo de Rodrigo de Cervantes é su mujer doña Leonor, fueron sus compadres Juan Pardo, baptizóle el Reverendo Señor Bachiller Serrano Cura de Nuestra Señora, testigos Baltasar Vázquez Sacristán, é yo que le baptice é firmé de mi nombre: Bachiller Serrano». Por eso, hasta 1930, el 'Día del Libro' se festejaba el 7 de octubre. Luego la celebración se trasladó al 23 de abril, día éste en que probablemente falleció el escritor nacido en Alcalá de Henares, si bien los expertos parecen coincidir en que murió, en realidad, el 22 de abril.

Junto a Cervantes y Shakespeare, también dejaron de existir un 23 de abril los escritores Joseph Plá, Alejo Carpentier y el poeta inglés William Wordsworth. Aunque es preciso jugar con la confusión de los calendarios juliano y gregoriano para atribuir el mismo día de defunción a Cervantes y a Shakespeare, dado que el inglés (que bien puedo nacer y morir un 23 de abril) falleció, efectivamente, un 23 de abril del calendario juliano (es decir, el calendario anterior a la reforma llevada a cabo en 1582 por una comisión científica y pontificia dirigida por Gregorio XIII. Esa comisión adelantó, con buen tino, 10 días para corregir los errores del calendario juliano. Pero ocurrió que, como suele, Inglaterra no secundó la reforma hasta muchos años más tarde, en 1752; mientras que España, Portugal e Italia se adaptaron de inmediato al nuevo calendario. Así las cosas, Cervantes acaso murió el 23 de abril de 1616, según el calendario gregoriano, y Shakespeare falleció el 23 de abril de 1616, según el calendario juliano, lo que supone que murió, en realidad, el 3 de mayo de 1616.

La festividad, sin embargo, fue idea del escritor y editor valenciano, afincado en Barcelona, Vicent Clavel Andrés. Clavel hizo una propuesta a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona y ésta se hizo eco de ella. Mucho más tarde, en 1995, la UNESCO proclamó el día 23 de abril como 'Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor'. Así, es probable que hoy día cerca de 90 países festejen semejante celebración (Irlanda y Gran Bretaña, como suelen, lo celebran, sin embargo, el 14 de marzo) aunque son pocos los lugares que, como en Cataluña, con cada libro se regala una rosa. Pues el 'Día del Libro' en Cataluña está ligado a San Jordi, que es, además, el patrón de la comunidad, y el patrón, también, de Aragón, Lituania, Polonia, Grecia, Rusia, Portugal, y otros países.

Desde aquella primera 'Fiesta del Libro' que se celebró el 7 de octubre de 1930 ha corrido en nuestro país mucha tinta, hasta el punto de que en la actualidad España está a la cabeza de Europa en cuanto a ediciones de libros -que no en cuanto a lectura-. Luego, al trasladarse la celebración al mes de abril, se propició el carácter lúdico y festivo que al 'Día del Libro' le otorgaba la posibilidad de sacar a la calle los tenderetes y las librerías. Y las rosas.

Un día del libro de hace más de cinco lustros, un periodista andaluz paseaba por las Ramblas de Barcelona, entre los quioscos de prensa y las flores, atribulado porque tanta y tan sentida festividad de libros y rosas no se celebrara, con el mismo afán y vehemencia, en su tierra natal donde las festividades suelen atronar con mucho jolgorio, pero poca lectura. Y más claveles que rosas -es sabido por todos que España es uno de los países de Europa donde menos se lee y es, también, uno de los más ruidosos de la Comunidad Europea-, aunque sería preciso redactar una tesis para determinar la distancia de rango que entre una flor y otra existe. Y si acaso la rosa tiene más mérito, o más linaje y nobleza que el clavel, o al contrario.

Así, el periodista andaluz en sus cuitas, se tropezó de pronto, a la altura del Mercado de la Boquería, con un colega catalán, que, antes de saludarlo, le ofreció un libro y una rosa -el libro era 'Señas de identidad', de Juan Goytisolo. Y la rosa era roja y de tallo largo, sin espinas-. El periodista andaluz agradeció el gesto, turbado porque no podía corresponder con igual ofrenda. Pero en ese instante, como por arte de magia, alguien le tocó suavemente en el hombro detrás de él y le dijo: «Ya vengo con nuevas rosas y nuevos libros. Aquí tienes». Y le tendió la mano con tres ejemplares de 'Si te dicen que caí', de Juan Marsé. Y tres rosas de color rosado intenso. Así salió airoso de aquel trance el periodista andaluz que, al instante, pudo corresponder a su colega, con igual ofrecimiento: un libro y una rosa.

Aquel aparecido no era otro que Tomás Salvador -un brindis por su memoria-, el escritor, periodista y editor que con 'Cuerda de presos' consiguiera el Premio Nacional de Literatura; un palenciano amante de los perros, afincado en Barcelona y sabedor de tantas historias como rosas se regalan en la más luminosa de todas las ferias del libro.

 
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