Sábado, 20 de enero de 2007
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VIVIR

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Filosofía para la vida
Cada vez más gente con problemas vitales recurre a los asesores filosóficos en lugar de a psicólogos o psiquiatras
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ESTÁ deprimido? ¿Odia su trabajo? ¿Quiere separarse pero tiene miedo? ¿Teme la muerte de un ser querido? ¿No encuentra el sentido a su vida? Hace unos años hubiera tenido básicamente dos opciones: seguir sufriendo o someterse a psicoterapia. Hoy tiene una más: acudir a un asesor filosófico que le ayude a situar su problema y eliminarlo o aprender a convivir con él. ¿Cómo? Hablando, preguntándose, razonando, 'resucitando' a los pensadores que más se ajusten a su forma de ver la vida...

La Filosofía práctica ya está en España. Consultas individuales, talleres y cafés filosóficos abren en diferentes ciudades. A los filósofos adheridos a este movimiento global les gusta recordar que no están haciendo nada nuevo: en la época de los sofistas, de Platón o de Aristóteles, los pensadores no tenían como misión en la vida amargar la Selectividad de los jovenzuelos de entonces; su vocación era ayudar a sus conciudadanos en la 'búsqueda de la sabiduría' -significado etimológico de la palabra filosofía-, guiarles en el 'arte de vivir'.

Después de una época gloriosa, la filosofía se vio confinada en los polvorientos estantes de la academia durante siglos. Sobre todo, porque los dogmas cristianos se convirtieron en realidad indiscutible -e indiscutida, gracias a una férrea y sangrienta represión de la herejía-. Cuando en la Edad Moderna la Iglesia perdió peso como referente moral de la gente, quien cogió el testigo no fue la filosofía -para entonces pasto de telarañas o pasatiempo erudito de cierta élite intelectual sin conexión con la realidad social- sino la psicología y la psiquiatría.

La filosofía práctica -también llamada orientación, asesoría o consejería filosófica- renació en 1981 cuando Gerd Achenbach abrió su consulta en Bergisch Gladbach (Alemania). En los años siguientes, cientos de filósofos siguieron su ejemplo en Europa y Norteamérica. En 1992, el profesor Marc Sautet abrió el primer café filosófico en París; hoy ya existen más de 300 en Francia.

En España, esta actividad se está convirtiendo en una salida laboral más para los filósofos. Los primeros gabinetes se abrieron en Barcelona y Madrid en 2000 y 2001, y al año siguiente se fundaron la Asociación de Filosofía Práctica de Cataluña (AFPC) y la Asociación Española para la Práctica y el Asesoramiento Filosófico (Asepraf). Sevilla abrió el primer café filosófico y el primer vino filosófico, vio nacer el Grupo Educación, Tratamiento y Orientación Racional (2004) y acogió el VIII Congreso Internacional de Orientación Filosófica (2006). Paralelamente surgieron cursos para formar asesores y varios pensadores escribieron libros saludando el resurgir de la Filosofía práctica.

Falta de sentido

Entre ellos destaca Mónica Cavallé, presidenta de Asepraf y autora de 'La sabiduría recobrada. Filosofía como terapia', el libro plagiado por Jorge Bucay. En la página web de la asociación, Cavallé destaca una frase del psicólogo y psiquiatra Carl Jung: «Aproximadamente un tercio de las personas que trato no sufren debido a alguna neurosis clínicamente definible, sino a causa de la falta de sentido y de propósito de sus vidas». Cavallé define el asesoramiento filosófico como la ayuda que brinda el filósofo al acompañar a su interlocutor en «una reflexión dialogada orientada a clarificar, desde una perspectiva filosófica, sus preguntas, conflictos, dudas, retos o inquietudes existenciales».

Para consultar a un asesor no es necesario repasar los apuntes del instituto. «Toda persona que piensa es, de hecho, un filósofo», dijo Alan Watts. «El asesoramiento filosófico -asegura Mónica Cavallé- parte de la constatación de que todo hombre tiene su propia filosofía, tanto si es consciente de ello como si no, y de que esta filosofía -escala de valores, concepciones sobre sí mismo y sobre la realidad- determina su modo de estar y de sentirse en el mundo. Cuanto menos conscientes seamos de que todos tenemos ya, de hecho, una filosofía de vida (no siempre coherente y unitaria) que configura el modo en que vivimos y nos sentimos, peor filosofía será y con mayor probabilidad será ocasión de situaciones existenciales confusas, insatisfactorias, frustrantes o dolorosas». El consejero, destaca, puede ayudar a la persona a conocer mejor su propia filosofía, pero también a perfeccionarla de modo que le sirva para vivir más plenamente.

Estos filósofos parten de la base de que muchas situaciones a las que todo individuo se ve enfrentado alguna vez no son enfermedades que necesiten tratamiento psicológico o psiquiátrico -incluido el consumo de fármacos- sino «crisis y retos inseparables del desarrollo del ser humano». En ese sentido, se muestran contrarios a «patologizar» esas crisis y los estados emocionales que las acompañan. La filosofía puede ayudar a pensar mejor ante esas falsas dolencias que son el amor, la separación, los hijos, la carrera profesional o la enfermedad. También guía a quien agobian problemas metafísicos como el sentido de la vida o qué hay después de la muerte.

igallastegui@ideal.es

 
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