LA capital argentina se convierte, a paso ligero, en destino de los países «ricos» que acuden en busca de un rostro nuevo, de un cuerpo al que soltar lastre, de un bebé que no llega o de una sonrisa más blanca. El filón de la cirugía estética como paquete alternativo al tiempo de descanso no ha hecho más que comenzar y tiene, entre sus mejores clientes, a España.
Clasificador de azulejos en Valladuxo (Valencia), divorciado hace un par de años y sin haber cruzado el charco jamás en su vida, Hilario, de 42 años, decidió desprenderse de parte del cartílago más insolente de su cara: la nariz. De paso, aprovechó para despedirse de los rastros de acné y de los cráteres de una adolescencia que le dejó huellas profundas en la piel. Metido en faena, «ya que estaba», se animó a recuperar el color marfil de su dentadura. Buscó en Internet y descubrió Plenitas, clínica pionera en 'combos' (paquetes) quirúrgicos.
«No son vacaciones convencionales donde la gente va a pasárselo bien. Aquí depende de los acontecimientos. No tuve dudas porque jamás me lo pintaron de color de rosa. Me facilitaron toda la información, me explicaron los riesgos o los inconvenientes que podía haber con detalle. Además, la página web era clarísima. Te facilitan los nombres y el currículum de los médicos, los hospitales con los que trabajan y, claro, los precios. Si me hubieran dicho algo como 'Esto es facilísimo y bla, bla, bla...', habría salido corriendo».
Más barato
Convencido de que caería en buenas manos y aliviado porque «por lo mismo en España me cobraban el doble o el triple», advierte, aterrizó en Argentina para, en quince días, solucionar su «problema». «Desde que bajas del avión se ocupan de ti. Te van a buscar al aeropuerto, de ahí te llevan al hotel, te sometes a las revisiones con los médicos y después... Después comienzan las operaciones», comenta al día siguiente de que le redujeran el tabique nasal.
«Al principio no tenía con quién hablar, pero rápidamente te haces amigos en el hotel, porque muchos están igual que tú». Allí entabló amistad con Christine, una soldado norteamericana. «Su marido, también en el Ejército, está en Irak y ella le va a sorprender con una liposucción, pero ¿ojo! es una mujer de bandera. Cuando entramos en los restaurantes la mitad de la gente se da la vuelta para mirarla».
Compañera habitual en las comidas y en los ratos que están lejos de las batas blancas, cualquiera que los viera por la calle podría pensar que están rodando una película cómica. «No habla castellano y yo ni una palabra de inglés, pero nos entendemos bien, con señas o como sea. Ella lleva siempre un diccionario y cuando nos atascamos tira de él y en paz».
Christine tiene una hija que se ha quedado en casa al cuidado de sus padres. Cuando su marido regrese se volverán todos juntos a Irak. «Estoy bien, todo ha marchado perfectamente. La verdad es que no necesito nada», dice con voz alegre.
Hilario se sorprendió al ver «el tipo de gente que viene a lo mismo. Al principio te crees que esto sólo lo vas a hacer tú y pensaba: seguro que soy el único de mi edad y me encuentro con gente mayor, pero ha pasado lo contrario». Victoria, otra española, técnica en informática de 37 años, sigue sus mismos pasos aunque su opción es distinta: liposucción de abdomen.
Hilario entró y salió de Plenitas con la misma parsimonia, «aunque con una cara nueva. No creo que vaya a ligar más porque uno, en el fondo, es como es y ligar, se liga con la inteligencia. Lo que sí es cierto es que he resuelto mi problema. Complejo no tenía pero quería cambiar». También agradece que ya no tendrá que buscar, como antes, mesa «en un rincón de los restaurantes», donde su perfil no pudiera ser observado y, por lo tanto, no fuera motivo «de miradas y bromas, fundamentalmente de gente maleducada».
Hacer turismo
Respetuoso de las indicaciones de la organización, estaba predispuesto a abandonar Buenos Aires sin haber pisado La Boca, Florida o Puerto Madero, enclaves turísticos por excelencia. «Cuando me dijeron que no pasaba nada me animé, pero todo el mundo me había metido miedo. Decían que era peligroso, que mejor quedarnos en el hotel. Menos mal que no les hicimos caso», explica Hilario.
«¿Si exportamos soja, por qué no medicina?». La pregunta de Roberto Gawianski tuvo respuesta concreta hace dos años, cuando fundó Plenitas. «Únicamente nos promocionamos en el exterior y sólo en la web», advierte. La crisis de Argentina justifica que este proyecto sea, deliberadamente, desconocido en su propia tierra.
«La demanda principal -observa- viene de Estados Unidos, España y Canadá. Ahora estamos explorando Francia». Las preferencias quirúrgicas dependen de la nacionalidad de los clientes. «En España van más a la liposucción o a implantes mamarios mientras que Chile busca más el lifting». Durante estos años, según dice, únicamente han tenido «tres o cuatro quejas por el resultado en términos de estética. En esos casos ofrecemos los retoques o las intervenciones que sean necesarias gratis pero el viaje se lo tienen que volver a pagar». Con todos los detalles en la página web (www.plenitas.com), Gawianski, economista de carrera, descarta sorpresas de última hora para los clientes. «No hay nada improvisado. Cuando llegan a Buenos Aires, el paquete, hecho a su medida, está cerrado y ya han elegido hasta el número de estrellas que quieren que tenga su hotel». Los flecos que en alguna ocasión han quedado sueltos apuntan en otra dirección. «En los análisis prequirúrgicos hemos descubierto cardiopatías, diabetes... y, en tres casos, sida a pacientes a los que no se lo habían diagnosticado antes». El sida no es impedimento para las intervenciones, pero sí un tema delicado para los médicos que tienen que comunicárselo al paciente. «Dos se quedaron y el tercero se fue de regreso a su país», recuerda Gawianski.
El perfil social de los pacientes encaja en «la clase media amplia. La alta no economiza en cirugías y la baja no tiene acceso», explica. El 65% de los pacientes son mujeres, «la que más tiempo se quedó fue una estadounidense. Estuvo cuatro meses y se volvió con la boca y todo lo demás nuevo». Lo más rápido es un implante capilar, lo más lento... la página web al completo».