La condición desértica de la provincia de Almería puede redundarle cuantiosas ventajas, insospechadas hasta ahora. Es, desde ayer, punto de mira mundial, merced al II Simposio Internacional sobre Desertificación y Migraciones que celebra la Organización de las Naciones Unidas en la Universidad de Almería hasta mañana viernes, y cuya inauguración oficial contó con la presencia de la Reina Sofía, presidenta del comité de honor del evento científico.
Almería fue propuesta, además, en la sesión inaugural para la ubicación de un Centro Mundial de Investigación sobre Desertificación y Migraciones, dada su extensa experiencia en ambas vertientes.
La sugerencia la realizó Hans Günther Brauch, de la ONG alemana Peace Research and European Security Studies -PRESS-, que fue el encargado de impartir la conferencia inaugural, titulada 'De Almería I a Almería II: logros y retos políticos'.
El experto defendió la oportunidad de abundar en los distintos aspectos de la desertificación y no sólo en sus efectos ecológicos. En este sentido, destacó la necesidad de valorar al desplazado ambiental como una extensión más del refugiado.
«Los refugiados ambientales no tienen ese estatus ni cuentan en las estadísticas», denunció Günther Brauch, a pesar de que «la degradación del suelo, la sequía y la desertificación contribuyen a las migraciones» y a una delicada vulnerabilidad social de las personas que las padecen.
El investigador aseguró, asimismo, que los movimientos migratorios que sufren países del Sur de Europa como España, Portugal e Italia se deben, en gran medida, a los problemas ambientales de zonas como el Norte de África o el África Subsahariana. Una situación que ha ayudado a que la población inmigrante que llega anualmente a España se eleve a 400.000 personas y que las cifras se hayan incrementado del 2,4 por ciento del año 1975 al 11,5 por ciento actual. En 2005, la cifra mundial de desplazados fue de 4,8 millones de personas.
Las condiciones ambientales, alertó Hans Günther, pueden endurecerse a largo plazo, incluso, en países desarrollados como España, puesto que las previsiones meteorológicas para la cuenca mediterránea en el año 2100 son de un «impacto severo en el Sur de Europa debido al aumento de las temperaturas y a la limitación de las precipitaciones».
Reajustes económicos
Estas circunstancias, matizó, deben obligar a zonas del área septentrional del continente, como Almería, a reajustes en la agricultura, que reduzcan las exportaciones, y a una mayor producción de recursos naturales, como la energía solar.
La idea, insistió, es que se realice un profundo análisis de los costes de producción y de las necesidades que conllevará la falta de recursos hídricos para comprobar la rentabilidad de exportar las energías renovables al Norte de Europa.
La desertificación es un tema fundamental que preocupa, cada vez más, a la comunidad internacional. De hecho, en el año 2004, la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió declarar 2006 como Año Internacional de los Desiertos y la Desertificación, con la intención de promover una mayor concienciación sobre este problema.
De esta forma, la Asamblea General subrayaba su profunda preocupación ante la exacerbación de la desertificación, particularmente en África, y señalabasus vastas consecuencias para la aplicación de los objetivos de desarrollo del milenio y, en particular, en lo relativo a la erradicación de la pobreza.
Ya en 1994, Almería albergó también el I Simposio Internacional sobre Desertificación y Migraciones celebrado en Roquetas de Mar, con el objetivo de incidir en la relación estrecha que mantienen la degradación medioambiental y las migraciones, antes de que la realidad internacional se vuelva insostenible.
Doce años después de dicho encuentro, y formando parte de los actos conmemorativos de la celebración del Año Internacional de los Desiertos y la Desertificación, el Gobierno de España, la Junta de Andalucía, la Universidad de Almería y la Secretaría de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, han gestado la oportunidad de abordar de nuevo los importantes vínculos existentes entre la degradación de las tierras, la pobreza y la migración, que es, sin duda, una de las consecuencias más evidentes e importantes del paulatino avance de los desiertos.
El desafío, incidió ayer el secretario ejecutivo de la Convención de la ONU, Arbar Diallo, durante su intervención, es conseguir políticas de consenso dirigidas a la prevención porque es éste el mejor arma para luchar por unas condiciones de vida dignas.