NO dejo de escuchar y leer estos días que el empresario Luis Montoya ha hecho, presuntamente, de intermediario en varios negocios en los que el PSOE almeriense quiere ver cierto nivel de corrupción en el Ayuntamiento de la capital.
Es el mismo empresario que llegó a un acuerdo con el diario El Mundo para instalar en Almería una franquicia por cinco años bajo la cabecera del citado periódico de tirada nacional.
Es curiosa la vida como une los intereses. El Mundo, que ha basado su línea ideológica y periodística durante muchos años en la persecución de la presunta corrupción de personalidades de la política socialista, ahora se asocia en Almería con un empresario denunciado por hacer negocios, salvando distancias económicas y territoriales, como los que denunciaba en su mismo periódico años atrás Pedro José Ramírez. El azote de España vuelve a probar otra vez de su propia medicina.
Poco se ha aireado esta relación de Luis Montoya con El Mundo de Almería, sobre todo fuera de la provincia. Será porque no debe interesar hacer notar que el que invierte ahora en un periódico, lo hace más por controlar el poder que por los supuestos beneficios económicos directos.
Hay un dicho periodístico, muy conocido en nuestro oficio y que muchos periodistas hemos denostado, que la mayor parte de los periodistas siguen defendiendo por aquello del corporativismo que dice que 'perro no come carne de perro'. Viene a significar que un medio de comunicación no aireará los trapos sucios de otro. Podemos denunciar, desinformar, manipular actividades de empresarios o políticos, pero nunca lo haremos público si los implicados están relacionados o son copropietarios de algún medio de comunicación. Pura hipocresía.
Esa práctica fue conocida y comprobada por ciertos empresarios y políticos; y pasó lo que tenía que pasar: se hicieron empresarios periodísticos y se compraron o se asociaron al negocio.
Otros fueron a más y comprobaron que, además, los medios podían servir para ganar mucho dinero. Y el dinero se puede ganar de muchas formas como, por ejemplo, asustando alcaldes u obteniendo informaciones que luego se pueden guardar indefinidamente en un cajón a cambio de un suculento pacto monetario o de cualquier otro tipo. Y se montaron, sobre todo, periódicos gratuitos que no tienen una intención prioritaria de vender periódicos. Es cuando el negocio deja de estar en contar lo que ocurre diariamente al colectivo y pasa a consistir en ocultar o callar lo que previamente se ha pactado individualmente.
No quiero decir con esto que todos los empresarios periodísticos actúen bajo estas premisas del negocio. Hasta los hay decentes y profesionalmente honestos. Pero sí puedo asegurar que muchos empresarios han descubierto que existe un paraguas sobre los consejos de administración de los medios de comunicación. Un paraguas, que sirve principalmente, para evitar la descalificación pública del enemigo que también tiene intereses en otro medio periodístico. En definitiva, son las alcantarillas de la política y los negocios que también deben ser conocidas por los ciudadanos para saber cuando leen o escuchan algo; por qué lo escuchan o leen de diferente forma en un sitio o en otro. Pero sobre todo, para saber por qué algunas cosas ni se escuchan ni se leen.