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Jueves, 4 de mayo de 2006
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MUNDO
 Actualizado: 9.55 a.m.
 
 
EDICIÓN IMPRESA
 
El aeropuerto de Adler, situado a una veintena de kilómetros de la ciudad balneario de Sochi, uno de los lugares en donde veranea habitualmente el presidente Vladímir Putin, era ayer un hervidero trágico de personas tratando de averiguar si los cuerpos de sus seres queridos habían sido o no rescatados del mar. Como suele suceder habitualmente en situaciones tan dolorosas, los familiares de las víctimas releen una y otra vez cegados por las lágrimas las listas de fallecidos facilitadas por las autoridades resistiéndose a admitir la dura e irremediable realidad. Mientras tanto, un trajín de policías, miembros de los equipos de salvamento y responsables locales iban reuniendo en uno de los hangares del aeropuerto los restos de la aeronave siniestrada.
 

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