ESTE año celebrar el día de Andalucía, no es sólo una conmemoración histórica de la lucha del pueblo andaluz por conquistar su autonomía. La autonomía que hoy tenemos no es una carta otorgada, no nos fue regalada a los andaluces y andaluzas, fue el único Estatuto conquistado en las urnas, con las manos, con las voces y las palabras de millones de andaluces que la exigieron y consiguieron arrancársela al poder central.
Fue una conquista de la izquierda, con la oposición, el engaño y fraude de la derecha (los almerienses, más que cualquier otro pueblo lo sufrimos). Pero fue la voluntad firme del pueblo andaluz la que no quiso resignarse al subdesarrollo y a la desigualdad. No fue un Estatuto contra nadie, fue una conquista de la izquierda social y política de Andalucía, que la puso a disposición de toda la sociedad andaluza cuyo único sello, por encima de siglas políticas, fue la bandera verde y blanca, con la que ahora todos nos identificamos.
Por ella murieron andaluces que merecen ser citados como Blas Infante o García Caparrós.
Han pasado veinticinco años, pese a los avances, que reconozco que han sido importantes, también he de reconocer que no hemos avanzado lo suficiente, han sido años de autolimitación de la autonomía, dado que todos los gobiernos que ha tenido nuestra Comunidad han gobernado por debajo del espíritu que el pueblo andaluz expresó el 28-F; soportando las limitaciones que un cierto centralismo político y las políticas de la Unión Europea, nos han ido imponiendo.
Después de este tiempo aún quedan importantes transferencias del Estado por asumir. Es evidente que los indicadores de nivel de renta, de desequilibrios comarcales o de nivel de convergencia real, demuestran, que aún habiendo crecido cuantitativamente, estamos lejos de alcanzar los niveles marcados por el Estatuto. Leyes importantes como la Ley del Suelo, la Ley de Ordenación del Territorio, han llegado tarde y cuando la especulación se ha estado cebando en el territorio andaluz sin límite alguno. La ley de Policía Autonómica, la Ley de Comarcas, la Ley de Régimen Local o una Ley de Renta Básica, para los andaluces, han quedado en vía muerta.
Hoy, Andalucía se enfrenta a nuevos retos políticos y sociales derivados de la propia evolución de la sociedad y de nuestro papel e intervención en España y en Europa. Para todo ello el actual Estatuto es un instrumento claramente insuficiente. Andalucía necesita un nuevo impulso político y un cambio en profundidad para poder culminar esta etapa de su desarrollo y abordar como objetivo fundamental una nueva etapa de construcción, para una Andalucía sin desigualdades territoriales y sociales. De ahí, esa necesidad inaplazable de afrontar la reforma del Estatuto.
Una reforma del Estatuto de Autonomía no para introducir 'pequeños cambios' que puedan ser abordados por el desarrollo de leyes específicas; tampoco como un cierto ariete electoral para situar fuera de juego a ésta o aquella fuerza política. Se hace para responder a nuevas demandas sociales, a los cambios que se han producido en los últimos veinticinco años y, especialmente, para colocar a Andalucía en una situación no periférica ni subsidiaria ante los cambios globales que se han producido en Europa y dentro del propio Estado.
Como andaluza y dirigente de Izquierda Unida, comparto la necesidad de actualizar y adecuar a los nuevos tiempos los Estatutos de Autonomía, incorporando las nuevas realidades que se han desarrollado después de que estos fueran aprobados e igualmente apostamos por que Andalucía juegue su papel en la construcción de un Estado Federal sin privilegios entre las Comunidades autónomas de España. Nuestro Estatuto se conquistó como el catalán, el vasco y el gallego por la vía del artículo 151 de la Constitución. Los andaluces no podemos ser menos.