EL sondeo publicado hoy por IDEAL parece haber sabido captar, a diferencia de otras indagaciones demoscópicas, algo que en la calle podría calificarse de secreto a voces: el largo debate sobre el Estatut de Cataluña, particularmente, y otros asuntos de ámbito nacional, tienen un impacto inequívoco en la política andaluza que se refleja en un retroceso significativo del PSOE y un avance del PP en la oposición. Ese retroceso no responde a un desgaste en la acción de Gobierno andaluz o del presidente Chaves, ni al avance de una alternativa electoralmente solvente desde el proyecto liderado por Arenas.
Un clima de crispación abona siempre la polarización y, en el escenario actual, bajo una agenda de constantes enfrentamientos por asuntos del temario nacional, se está haciendo llegar a la sociedad dos versiones extremadamente encontradas de la realidad que afloran en los sondeos. De ahí los datos que sitúan al PSOE en Andalucía, siempre muy estable y sólido, más de cuatro puntos por debajo de sus resultados hace dos años y al PP más de siete por encima, estrechándose notoriamente la distancia entre ambos. Al cabo estos fenómenos se caracterizan por dos efectos sintomáticos: de un lado, generan bipolarización, de otro, debido a esa bipolarización, se radicalizan las posiciones extremas, y en el sondeo se atenúan las posiciones neutras nutriendo las opciones 'muy' radicales. Con todo, esa proyección electoral parece muy alejada de la realidad andaluza ya que se mantiene la valoración positiva del presidente de la Junta y de la gestión del Gobierno autonómico.
La gestión de los conflictos políticos con fuerte contestación social resulta particularmente conflictiva, como ya ocurrió con la Guerra de Irak y definitivamente parece haber sucedido con la cuestión del Estatut. De hecho, el sondeo pone de manifiesto que el proyecto catalán suscita el rechazo mayoritario de los votantes del PP, pero también de los del PSOE aunque en un porcentaje menor. En las bases de ambos partidos se tiene la convicción de que la reforma catalana perjudicará a Andalucía; y, no en vano, en el sondeo ha reaparecido la percepción de que ésta comunidad se ve perjudicada, respecto a otras, por la acción del Gobierno central a pesar de que existen gestos, no sólo formales sino también económicos, en sentido contrario.
En la sociedad andaluza, en definitiva, con la convicción de que el Estatut va a afectar a Andalucía, se apuesta por el consenso de PSOE y PP para situar la reforma andaluza al mismo nivel que en Cataluña, es decir, una autonomía de primer nivel En todo caso, el sondeo certifica a efectos institucionales la musculatura de la autonomía andaluza, con un alto grado de satisfacción sobre sus fortalezas, así como la persuasión de que esta reforma estatutaria va a mejorar su calidad. Y esto no se contradice con la desconfianza hacia el Estatut. De hecho, cabe considerar una buena noticia que este Día de Andalucía haya recuperado algo de su espíritu reivindicativo de antaño, haciéndose notar la demanda de los ciudadanos de la comunidad para que el Estatut no se convierta en un caballo de Troya que asalte el sistema de solidaridad y de reequilibrio territorial que viene funcionando con éxito desde hace un cuarto de siglo con el éxito evidente de una convergencia que modula una sociedad más vertebrada, dinámica y justa.
CONVIENE no obstante relativizar la gestión de la proyección electoral proporcionada por el sondeo publicado hoy en estas páginas. Ciertamente habrá de tener efectos en los cuarteles generales de los partidos para redefinir sus estrategias, pero a dos años de las elecciones se trata un corte coyuntural, bajo la situación crispada de la agenda de estos últimos meses, que no cabe proyectar al futuro sin importantes reservas y matices. De hecho, aunque esta misma contaminación de los sondeos se dio con la guerra de Irak, apenas pocos meses después el PP saldó bien las elecciones municipales evidenciándose que la sociedad no pasa factura por su descontento en la taquilla equivocada -los ciudadanos supieron aguardar varios meses hasta las generales de 2004, al cabo sacudidas por los atentados del 11M- aunque hubiese quedado de manifiesto en las encuestas. En este sentido, en el Gobierno andaluz se podrá ver con cierta serenidad la distancia de los próximos comicios confiando además en que los asuntos actualmente objeto de confrontación acaben solventándose de una manera aceptable para la mayoría.
Aún lejos de poder resolver si los actuales indicadores coyunturales terminarán por asentarse estructuralmente o experimentarán la volatilidad previsible de ocasiones anteriores, los indicadores no son nada desdeñables, por supuesto para los dos partidos menores, que tienden a desaparecer o a mantenerse con una dimensión casi anecdótica, pero sobre todo en el pulso de los dos grandes. Estos datos constituyen sin duda un toque de atención para todos.