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contracrónica

El Calderón casi mueve montañas

Griezmann, ante el Barcelona.
Griezmann, ante el Barcelona. / Efe
  • El Atlético recuperó la fe en un partido prácticamente muerto tras los zarpazos de Messi y Suárez gracias a su afición

Estaban todos convocados. Jugadores, afición y hasta Luis Aragonés, presente gracias al homenaje del club en el tercer aniversario de su fallecimiento. Todo listo para una noche grande, la que debía encarrilar el pase a la final de Copa del Rey, la última que podía celebrar el Vicente Calderón en sus cincuenta años de historia. Estaban todos los ingredientes listos, pero aparecieron Lionel Messi y Luis Suárez y aguaron la fiesta.

No defraudó el Vicente Calderón en su particular partido. El Atlético de Madrid no pasa por su mejor momento, la cara mostrada ante el Alavés poco tiene que ver con la del equipo casi granítico que llegó a dos finales de Liga de Campeones y levantó la Copa del Rey y la Liga, pero era un día diferente. El Cholo lo ha dicho muchas veces, “a un partido pueden pasar muchas cosas” y a ese sentimiento se aferró una afición que quiso hacer caso omiso de las cifras, las que hablan de un Barcelona demoledor en la competición del K.O.

El videomarcador hizo llamamiento a filas recordando a Luis Aragonés y poniendo en bandeja el nombre de Arda Turán, un nombre para que la afición se viniera arriba, y lo hizo con una pitada atronadora al turco, de esas que hacen ver al jugador local que no valen medias tintas. Ya con el partido en plena ebullición comenzaron las hostilidades y el Vicente Calderón siguió animando pero el Barcelona fue poco a poco martilleando hasta minar la última gota de adrenalina que pudiera quedar en la eliminatoria.

Luis Suárez fue el primero en asestar un golpe a la moral del aficionado rojiblanco. El uruguayo adelantó al equipo de Luis Enrique en una jugada individual y bajó de la nube al Calderón. Lo hizo momentáneamente. El estadio todavía creía a pesar de estar por detrás en el marcador y llevó en volandas al equipo hasta la portería de Jasper Cillesen. Fue entonces cuando Lionel Messi devolvió la ola de frío con un zurdazo soberbio desde la frontal del área y enmudeció a una hinchada acostumbrada a los mazazos, una hinchada acostumbrada a creer.

Como si la película no fuera con ellos, el Vicente Calderón se levantó. Por tercera vez en el partido la fe era el camino más directo hacia la reacción y empujó como nunca antes en el encuentro. El Atlético que inició la segunda mitad fue el de las grandes citas. Griezmann recortó distancias y Simeone pedía más y más. Jugadores y afición apretaron hasta el último minuto pero no fue suficiente. El Calderón estuvo a punto de mover la montaña más grande de todas, la del talento de Suárez y Messi.

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