Ideal

Najaf, antes y después del infierno

Soldados españoles en Afganistán.
Soldados españoles en Afganistán. / Mikel Ayestaran
  • Álvaro Colomer novela una batalla sepultada por la historia y los gobiernos de Aznar y Zapatero

Najaf. Ciudad santa para el islam. Santuario chií y tumba del Alí, el primer imán de los chiíes, primo de Mahoma y su yerno tras casarse con su hija Fátima. Allí se dejaron el honor y jirones de vida los soldados españoles de la Brigada Plus Ultra II en una controvertida batalla sepultada. Inexistente para la administración militar española y para los gobiernos de Aznar y Zapatero. El asalto de las tropas del Ejército de Mahdi Muqtada Al Sdr el 4 de abril de 2004, una carnicería para los atacantes y un desastre organizativo, moral y táctico para los atacados. Lo cuenta Álvaro Colomer (Barcelona, 1973) en 'Aunque caminen por el valle de la muerte' (Random House) una novela sobre silencios, cobardías, mentiras y dolorosas verdades con la que quiere devolver el honor a los combatientes españoles.

«La verdad es la primera víctima de cualquier guerra y como en la literatura, hay tantas verdades como puntos de vista», advierte Colomer, que narra el antes y después del infierno de Najaf. «No nos engañaron como con el Yak 42, pero no se ha reconocido jamás la verdad sobre lo que pasó en Najaf, una batalla en toda regla que, según Defensa, no ocurrió, dado que España no estaba en guerra, sino en misión de paz». No lo reconoció ni el ministro de Defensa del Partido Popular, Federico Trillo, ni su sucesor socialista, José Bono, «quien la rebajó a la categoría de tiroteo», impidiendo así que los soldados españoles que se defendieron del asalto obtengan «el reconocimiento al valor que vienen reclamando», explica el escritor.

No es un reportaje, es una novela contada con cuatro puntos de vista. «Como asegura Nieztsche, no existen los hechos, sino su interpretación, y he buscado todos los punto de vista», insiste Colomer. Culminó la novela tras casi cuatro años de trabajo y más de 200 entrevistas con los protagonistas y víctimas de aquel infierno: militares y civiles españoles, estadounidenses, salvadoreños, iraquíes, alemanes, ingleses, checos y daneses. «Estuve en el acuartelamiento atacado en Irak, he viajado a Estados Unidos y recorrí toda España para hablar en secreto con muchos de aquellos soldados a los que Defensa no autorizó a hablar», dice.

Unos militares mandados «de manera denigrante» y que reclaman que se reconozca la verdad de lo ocurrido y se reconozca su valor. «Todos regresaron a España con la sensación de que se habían jugado al vida por nada y que jamás reconocerían su labor ni los políticos ni los ciudadanos. La novela quiere reconoce su labor, con su luces y sus sombras, lo bueno y lo malo. Contar que participaron en una de las guerras más graves del siglo XXI y que nadie se enteró. Que se se sepa que las guerras son guerras, que se va a matar y a morir, y que les otorguen el reconocimiento civil», reivindica Colomer.

«La versión oficial reconoce que hubo veinte muertos iraquíes y más de doscientos heridos entre los atacantes, pero tengo testimonios que cuentan los muertos por centenares», explica Colomer. Atacó la irregular y patética milicia de Muqtada Al Sadr, el clérigo 'Play Station', autoproclamado imán, enviciado con los videojuegos «que lanzó a su ejército de chichinabo, de panaderos, lecheros y carteros contra la base 'Al Andalus', bajo mando español y con tropas estadounidenses y salvadoreñas y otras nacionalidades y con el tamaño de tres campos de fútbol». «Fue un tiro al pato para las tropas de la coalición», señala Colomer.

Cobardes

Siguiendo órdenes, las solados españoles tardaron en responder más de tres horas «lo que les convirtió en cobardes a los ojos de las demás tropas del coalición y los mercenarios, a pesar de su heroica salida para rescatar a los salvadoreños», explica el autor. «Es una batalla con un momento cochambroso y otro heroico que llegó muy tarde, porque para apretar el gatillo los mandos españoles exigían que la bala del enemigo te hubiera casi alcanzado», explica Colomer.

«Fue sin duda la más batalla importante librada por el Ejército español desde el asedio de Sidi Ifni (1957-1958)», sostiene el autor, pero quedó sepultada por la interesadas versiones oficiales y por un potente acontecimiento. «Aquel mismo día se inmolaron en Leganés los terroristas de 11-M, y lo sucedido en Najaf apenas tuvo repercusión en los medios», explica el periodista además de escritor.

España estaba en plena transferencia de poderes. Tres semanas antes José Luis Rodríguez Zapatero ganaba las elecciones, aunque no sería investido presidente hasta el 16 de abril de 2004. Durante ese mes de transición, y ante el rechazo de la ciudadanía a la guerra, el Ejecutivo saliente de José María Aznar se desentendió de la invasión iraquí y el entrante se vio incapacitado para tomar decisiones hasta ocupar la cartera de Defensa. «Una situación de desgobierno que agravó la situación de unos militares sumidos luego en uno de esos infiernos que empiezan donde terminan las guerras».

Colomer quería escribir una novela sobre mercenarios del siglo XXI, «pero se me cruzó esta historia que transcurre a cielo abierto y tiene poco que ver con mis novelas anteriores», dice Colomer. Su primera obra, 'La calle de los suicidios' (2000), inició una trilogía sobre la muerte y el suicidio en la sociedad urbana completada con 'Mimodrama de una ciudad muerta' (2004) y 'Los bosques de Upsala' (2009). Ha publicado también las obras de no ficción 'Se alquila una mujer' (2002) y 'Guardianes de la memoria', libro de viajes que le mereció el International Award for Excellence in Journalism.