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«El discurso de Mujica es necesario y lo colocamos en nuestra película»

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El director Guillermo García posa en los cines Renoir. / Virginia Carrasco

  • El mensaje del expresidente de Uruguay inspira un documental con historias cruzadas sobre problemas contemporáneos premiado en la Seminci y con dos candidaturas a los Goya

Pepe Mujica, un presidente de un pequeño país como Uruguay, consiguió trasladar al mundo occidental un discurso sobre los problemas que se avecinan al hombre contemporáneo. Su palabra, un sermón medido y agarrado a la sensatez y a la cultura se contagió y hoy es un referente de la lucha contras las injusticias, pero no todo el mundo lo escuchó. Desde el otro lado del Atlántico, un madrileño, Guillermo García, quiso extender la idea del infrecuente político y con la ayuda de una comunidad creciente erigió un documental que ha generado debate y reacción y que se proyectará en cines de toda España desde el 23 de diciembre. «Nos parecía que era un discurso necesario, muy relevante en los tiempos que vivimos y que recoge muchas problemáticas de esta época. Pensamos '¿qué podemos hacer nosotros?', y lo colocamos en una película», explica el director de 'Frágil Equilibrio', un documental que ha logrado alcanzar el alma de los espectadores y triunfar con el boca-oreja.

La mirada del director recoge las conversaciones de africanos a las puertas de una Europa tan inalcanzable como la altura de las vallas de Melilla, los testimonios de españoles que pasaron de tener tres pisos en propiedad a 'okupar' inmuebles por el desempleo y la tragedia personal de los peones de la avanzada sociedad japonesa por un vacío sólo llenado con consignas consumistas empujados a pensar en el suicidio o el abandono en los breves momentos de descanso. «Siendo de Madrid lo que hemos podido comprobar es que mucha gente se ha identificado con la historia que está más lejos, probablemente por el estatus de vida que tenemos. Pero en el barrio de al lado diariamente está habiendo desahucios todos los días. Pensamos que pertenece a la actualidad y que tiene que ser contado y denunciado. Incluso a nosotros cuando fuimos a rodar en casas aquí cerca vimos situaciones que nos preguntamos '¿cómo puede estar pasando esto todavía aquí?'», señala el director novel.

Además, cruzaron el Mediterráneo para descubrir lo que ocurre en el monte Gurugú, un lugar de esperanza y desolación como salida de África a Europa. «Ellos están en una situación de tensión allí, pero son una gente excepcional y con mucha paciencia. Estás en el monte intentando cruzar la valla día tras día y hay que tener una fortaleza mental tremenda. Nos sorprendió mucho, nos impactó cuando llegamos», revela el director. «Conocimos una comunidad de malienses. Cuando les contamos les pareció distinto a lo que estaban acostumbrados con otros que van a allí a hacer reportajes. Cuando llevábamos hora y media con ellos allí se abrieron, nos dijeron: 'Sacar la cámara, que vamos a contar una historia'», desvela García sobre unas secuencias en que se suceden las conversaciones con esperanzas, reprimendas y abrelatas de la realidad.

García posa junto al cartel de su documental.

García posa junto al cartel de su documental. / Virginia Carrasco

La cultura y la denuncia social

La obra compone un rompecabezas de tres historias condimentadas con las reflexiones de Pepe Mujica y surgida en un caldo de cultivo propicio. En una época en que la crisis disparó una corriente social contestaria sobre las desigualdades la cultura se han sucedido varias propuestas artísticas que van desde la literatura de diagnosis de Toni Judt o la discursiva del incansable Noam Chomsky hasta el cómic con el ejemplo de 'Gran Hotel Abismo' de Marcos Prior y David Rubín. En el cine, García se ha convertido en el mejor exponente merced a una acogida del público que ha propiciado que un documental en España se mantenga cuatro semanas en el cartel del cine Renoir madrileño y que el mundo especializado premiara el proyecto como mejor largometraje documental en la Seminci y con dos candidaturas a los Goya -mejor largometraje documental y mejor canción original- después de su paso por el prestigioso Festival Internacional de Documentales de Ámsterdam (IFDA).

«Las historias se han tratado desde un punto de vista objetivo. Somos un ojo, nos trasladamos a distintos lugares, lo vemos de una manera cinematográfica y el espectador saca sus propias conclusiones. Está expuesto de una manera que no es melodramática, sino cruda. La nota que hemos puesto nosotros es que se puede hacer algo, que existe un camino, incluso utópico», expone el madrileño. «Uno de los retos era hacer un documental con estos temas, intentar ir más hacia lo cinematográfico que hacia lo periodístico. Son conversaciones entre los propios protagonistas, conseguimos esa sensación, ese juego, permitir al espectador entrar en la escena, vivir de cerca con los personajes», añade. «Sentimos que era algo que se podía hacer, era ambicioso. Pero para nosotros el éxito era conseguir lograr hacer lo que habíamos imaginado, es decir, retratar ese mundo donde todo se mezcla, donde hay sonidos, texturas... ese mundo como una torre de Babel. Lo conseguimos, yo creo», defiende el director.

Guillermo García posa a la entrada de una sala.

Guillermo García posa a la entrada de una sala. / Virginia Carrasco

El proyecto, iniciado gracias a una campaña de micromecenazgo que permitió solidificar la productora Sintagma Films liderada por García y sus socios, se ha extendido más allá de las salas. Director y equipo técnico comparten debates con los espectadores tras algunas sesiones en Madrid y confirman que hay un público para la denuncia social en la gran pantalla. «Hay gente interesada. Eso es algo que para nosotros ha sido muy, muy importante. La gente está interesada en esto y la gente sigue queriéndose quedar después a hablar», desvela García.

Incluso mejoran el discurso del anterior presidente uruguayo. «Él decía que primero cuando era joven y luchaba de una manera no veían en una cultura algo tan importante y relevante como la acción directa. A lo largo de los años algo que aprendió es que la cultura tiene un valor para cambiar. Nos decía que las películas no cambian el mundo, que el mundo la cambia la gente, pero que también que la gente que cambia el mundo ha visto películas y ha leído, que genera un diálogo», concluye García López después de confirmar que Mujica estaba satisfecho con haberlo conseguido y de avanzar que no se detendrán con su primera obra. «Nos interesa mucho esta línea. De hecho, ya tenemos un plan de proyectos en marcha y deseando que encuentren financiación para que arranquen lo antes posibles. Historias cruzadas, tema social, en diferentes lugares del mundo...», concluye el joven director.