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Las Fronteras del Conocimiento se traspasan con la «cualidad espiritual» de los instrumentos

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La compositora rusa Sofia Gubaidulina. / F. Hoffmann-La Roche Ltd.

  • La Fundación BBVA concede su premio en Música a Sofia Gubaidulina por "alcanzar su propia voz" pese a estar "en listas negras del régimen soviético"

La Fundación BBVA ha concedido este martes su premio Fronteras del Conocimiento en Música Contemporánea a la artista rusa Sofia Gubaidulina por "la cualidad transformadora y espiritual" de sus obras, que han llegado "a un público muy amplio" pese al veto soviético sufrido hace décadas.

"Es importante que se comprenda el arte profundo. Y la actividad dirigida para mantener esta comprensión es un fenómeno social importantísimo en nuestro mundo. Porque la unidad entre lo divino y lo terrenal tiene que materializarse por iniciativas que comprendan esta relación; como la suya, por eso estoy profundamente agradecida a la Fundación BBVA. El objetivo que me propuse en mi infancia por fin está cuajando en algo tan sublime como este reconocimiento", ha admitido Gubaidulina en una conferencia desde Appen (Alemania).

"Para mí los instrumentos son seres vivos, los interpreto como si tuvieran personalidad propia. El bayán siempre había estado en la sombra, en un segundo plano y nunca como solista. Pero yo consideraba que tiene propiedades que ningún otro instrumento tenía y eso le daba una personalidad fortísima, que podría unir el cielo con la tierra", ha señalado respecto a su preferencia por este tipo de acordeón.

Gubaidulina ha sucedido en el palmarés al compositor griego Georges Aperghis, quien había sido galardonado en 2016 durante la octava edición por "reinventar y renovar el teatro musical utilizando sonidos, gestos, tecnologías y espacios". Así lo ha anunciado Rafael Pardo, director de la Fundación BBVA, junto a un jurado compuesto por Nicholas Cook, Pwyll Ap Siôn, Christina Scheppelmann, Claire Chase, Cristóbal Halffter, Tom Huizenga, Nicholas Kenyon y Colin Matthews.

"El arte siempre tiene matiz religioso, haciendo una diferencia entre lo religioso y lo eclesiástico. Partiendo de eso sí creo que todo arte es religioso, aunque insisto en el sentido etimológico de «volver a unir» el cielo con la tierra. Cualquier obra contiene varios estratos, es impredecible e incluso misteriosa para el propio autor. No considero las obras como algo narrativo. Yo creo que no se trata de una narrativa sino del destino de unas personas. La forma de estas composiciones sería como un fluido, como el recorrido de sus protagonistas", ha comentado Gubaidulina.

Además, la compositora tártara ha repasado sus complicados orígenes. "Cuando contemplo mi vida que ya ha pasado, veo que las raíces están donde está mi juventud; y creo que esto influye de manera sustancial en mi creación, pero mis intenciones de infancia no pueden llamarse locales. Mi intención era universalizarme, querría poder abarcar todo el mundo en su integridad. Y justamente el tema de unidad ha sido y aún es lo más importante en mis obras. La unión del cielo y la tierra es mi objetivo", ha recalcado.

"Con la relación entre compositor, músico y auditorio he tenido mucha suerte para la interpretación de mis obras. Esta relación a tres bandas es lo que me ha mantenido fuerte y me ha permitido sobrevivir", ha agregado una Gubaidulina nacida en 1931 en la localidad soviética de Chistopol. En su plenitud artística, no obstante, su impronta religiosa propició que en 1979 fuese incluida en una lista negra de compositores sospechosos para el régimen de la URSS.