Vidas enlazadas

Vidas enlazadas

Tres almerienses relatan a IDEAL cómo se enfrentaron al cáncer de mama y vencieron a una dolencia que padece una de cada ocho mujeres y cuyo diagnóstico precoz es clave para superarla. La actitud frente a la enfermedad, «vencer el miedo» y la prevención son claves ante esta afección

Fran Gavilán
FRAN GAVILÁN

Laura Negrillo, Mercedes Navarro y Juan Martín tienen muchas cosas en común. Pero hay una que les hace tener una química especial entre ellos. Han vencido la batalla al cáncer de mama. Sufrieron la extirpación de una de sus mamas, vivieron momentos «muy duros» pero la vida «puede ser maravillosa», apunta una risueña Laura. Sus testimonios dan fe de ello y la entereza con la que han hecho frente a esta enfermedad es irreprochable.

Estos tres vecinos de la capital se citan en la sede de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) de la calle Gerona. «Estamos en familia», alude Juan, quien recuerda que su primer encuentro con esta asociación se produjo en 1998, cuando le diagnosticaron el cáncer de mama. «Ese año sólo había tres hombres diagnosticados en España con este tumor y uno de ellos era yo» asegura.

Juan, que por aquel entonces tenía 45 años, ya había perdido una hermana de 35 con la misma enfermedad. La afección, que afecta a una de cada ocho mujeres en España y que Almería se diagnostica 300 casos cada año, no sólo es un territorio copado por mujeres. Juan es una prueba de ello y al ser preguntado por esta cuestión, asegura que se vio reflejado en las mujeres. «Me vi muy arropado desde el primer momento por ellas y muy comprendido».

«No es agradable que te hagan una citología o una biopsia, pero yo estoy viva gracias a estas pruebas médicas»

Él es voluntario en la AECC desde aquel entonces. En su caso, acude cada jueves al Hospital de Torrecárdenas para acompañar a los enfermos. Además, también presta su apoyo en cuidados paliativos y en fase terminal. Una labor que le «enriquece» cada día. «Yo saco más beneficios de las personas con las que trato que ellos de mi», indica mientras muestra una camiseta a la venta para recaudar fondos para la AECC.

Juan demuestra en cada gesto la gran vinculación que tiene con los voluntarios de la AECC. Una realidad que también es visible en Laura y Mercedes. Esta última es voluntaria testimonial en la AECC y acude frecuentemente a la sede del colectivo en la capital para encontrarse con un grupo de enfermos. «Cuento mi experiencia a las personas que lo precisan. Lo más importante es que vean que tú pasaste por la misma situación y todavía estás aquí».

«Cada vez que superaba una prueba médica, me llenaba de esperanza (...) comencé a ponerme pequeñas metas»

Los tres no muestran dudas al señalar que la asociación contra el cáncer ha sido «clave» para superar la enfermedad. «Hay muy buenos profesionales y aquí somos todos una familia», atiende Laura tras repasar las actividades que se han realizado durante el pasado octubre, mes que ha acogido numerosas actividades organizadas por la Junta de Andalucía, coincidiendo con el Día mundial contra la enfermedad

Tanto ella como Mercedes y Juan relatan que la actitud que muestres ante el cáncer «es determinante». A ello se suma la prevención. «El tiempo es clave para luchar contra la enfermedad», atiende Laura. De hecho, la detección precoz, cuando el tumor no está extendido ni evolucionado, eleva el porcentaje de curación hasta casi un 90% en un periodo de cinco años, cuando el riesgo de mortalidad se reduce considerablemente. «No es agradable que te hagan una citología, tener que desnudarte ante un desconocido o someterte a una biopsia, pero estoy viva gracias ello», atiende Laura tras resaltar que lo principal para luchar contra esta enfermedad es «superar el miedo». La entereza de estas tres personas es admirable.

«En el año 1998, cuando me diagnosticaron la enfermedad, sólo había tres hombres en España con este cáncer de mama»

Pero no siempre fue así. «Al principio te preguntas en todo momento por qué te ha tocado a ti. Otras veces lo aceptas y algunas, incluso, piensas que no te vas a salvar», reconoce Mercedes. Un día le dieron la peor noticia que pueda recibir una persona: «Tiene usted cáncer». Ante esa terrible mala nueva, uno puede hundirse en la miseria anímica que provoca esa situación o intentar salir adelante con ese reto que la existencia les plantea. Ella escogió la vida. «Yo tenía algo muy importante por lo que vivir: mi hija», señala Mercedes tras reconocer que al principio no fue nada fácil.

La enfermedad le llegó a los 44 años. «Me noté un bulto en la mama derecha, fui al médico y me dijeron que no era nada». Era un diagnóstico que no le convenció desde el principio. Corría el año 2001. «Insistí, hasta que las pruebas que me realizaron en Torrecárdenas confirmaron un tumor en la mama». La noticia le dejó «estupefacta», recuerda.

«Mucha tristeza»

A partir de ese momento, Mercedes comenzó los tratamientos. Primero vino la operación en la que le extirparon la mama. Después unos meses de «mucha tristeza». Su diagnóstico se situaba en una supervivencia que rondaba el 60% de probabilidades de salir adelante.

Pese a ello, el diagnóstico terminó siendo una simple estadística para Mercedes. «Un día, mi hija, que por aquel entonces tenía 4 años, me preguntó que me pasaba al verme llorar». La reacción de la pequeña supuso un antes y después en la lucha contra su enfermedad. «Me di cuenta de que tenía que ser fuerte y salir hacia delante por ella», asegura Mercedes.

Su cambio de actitud fue brutal. «Comencé a ponerme pequeñas metas. Recuerdo que una de ellas era ver a mi hija hacer la Primera Comunión», explica emocionada al señalar que cada vez que superaba una revisión médica, «ganaba esperanza».

También le sirvió fijarse en otras personas que habían pasado por lo mismo que ella. Mercedes escogió la historia del periodista Mario Suárez, quien en su libro 'Hola cáncer' relata cómo consiguió ganarle el pulso a su tumor apoyándose en su familia y amigos, pero también confiando en los médicos. «Lloré mucho al leerlo, pero me dio mucha fuerza ver su experiencia frente al cáncer», añade.

«Las ganas de vivir son muy importantes». Así lo afirma sin pestañear esta mujer. Laura la mira y asiente convencida de esta afirmación. Ella tan sólo tenía con 42 años cuando el médico le dijo que tenía cáncer. Era en la víspera de la Nochevieja de 2003. «Me estaba quitando el sujetador y me sujeté la mama derecha porque la prenda se me iba a caer. Fue un acto reflejo. Me noté un bulto».

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Laura acudió a una clínica privada ese mismo día porque no quería celebrar el fin de año sin saber que le ocurría. «Me hicieron unas pruebas y el especialista me dijo que me tendría que hacer un seguimiento, aunque me dijo que no me preocupara». Un diagnóstico que a ella no le convenció. Por ello, le mandó las pruebas a un médico de confianza en Barcelona. El diagnóstico fue claro: «El médico me dijo que era cáncer, que tendría que perder una mama pero que saldría adelante».

Y efectivamente Laura salió del atolladero. Pero no fue nada fácil. «Pasé una etapa muy dura de mi vida, incluso le oculté a mi madre la enfermedad para que no se preocupara. Me vi sola y muy triste». Ella recuerda que en esa época se le juntaron muchas cosas. «Perdí mi trabajo, mi relación sentimental y el pecho derecho». Una consecución de hechos que no le impidieron salir adelante.

Laura explica que en aquella época la enfermedad era como «maldita» para la sociedad. «La gente te miraba todo el rato los pechos, como intentando observar las consecuencias de la extirpación de una mama», reconoce entre risas. Mercedes va más allá y sostiene que algunas de las amigas que tenía por aquel entonces evitaban hablar de la palabra cáncer, «como si se fuera a pegar», asegura.

Humanismo médico

Laura reconoce que el tratamiento que tuvo por parte de su médico «fue determinante». «Me dijo: Laura, tengo una buena notica y una mala noticia. Te tengo que extirpar la mama pero no te vas a morir», señala tras certificar que está convencida que los médicos tienen que esforzarse para dar el diagnóstico de una manera sensible.

Tanto Mercedes como Juan confirman este extremo y creen «imprescindible» el trato humanitario que un facultativo debe de tener a la hora de dar un diagnóstico sobre el cáncer, máximo si la enfermedad compromete la vida. «Todo lo que se diga, afecta al paciente y a su evolución», sostiene Mercedes.

Juan va más allá y señala que «es mejor no dar la noticia si no se hace con delicadeza». Según atiende, el tacto «es fundamental para tratar a un paciente con cáncer». Él tuvo que es escuchar a una oncóloga cómo decía que no era necesario recoger una prueba porque le quedaban «pocos días de vida». La médico le pidió disculpas pero Juan señala que esta forma de proceder no es buena «para nadie».

Juan recuerda que le diagnosticaron el cáncer con 45 años. «Un día noté que tenía el pezón derecho metido hacia dentro, retraído. En un principio pensé que era por un golpe pero después me preocupé», recuerda.

Finalmente, el médico le confesó que padecía un cáncer y que tendría que perder la mama derecha. Juan muestra con total naturalidad su mastectomización. «Dentro de lo que había, me lo tomé con tranquilidad, vencí el miedo», sonríe al igual que Laura y Mercedes al hablar de su actitud frente al cáncer. «Es sólo una etapa, la vida es maravillosa».

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