Sáenz de Santamaría acude a la misa en la Catedral con un pececillo de fieltro en la solapa

Sáenz de Santamaría acude a la misa en la Catedral con un pececillo de fieltro en la solapa

M. C.ALMERÍA

Cada uno a su manera, todos los asistentes rindieron un sentido homenaje al pequeño Gabriel Cruz, víctima de un crimen «sin sentido», decía el mitrado diocesano, Adolfo González Montes, durante la homilía de la misa de 'corpore insepulto'. La vicepresidenta del Gobierno, principal representante institucional del Gobierno de España en los funerales de ayer, lo hizo con un pececillo de fieltro en la solapa de su vestido de negro luto.

El negro, de hecho, fue el color de la vestimenta más utilizado por los asistentes -el que más se identificaba con la congoja y el recogimiento que inundaba el ambiente de Almería en la mañana de ayer-. Fue el color de la corbata del ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, del abrigo de la consejera de Justicia, Rosa Aguilar, y del vestido de la presidenta del gobierno de Andalucía, Susana Díaz. Los peces -ya un símbolo de la tragedia de Níjar- lucían ayer en las lunas de los autobuses de Surbús con un crespón negro. Y también un pez fue la corona de flores que durante toda la ceremonia de despedida acompañó al féretro blanco del pequeño Cruz.

El único detalle colorido fue el azul de la bufanda que Zoido llevaba en las manos a la llegada al Templo metropolitano. Minutos antes, al cierre de la capilla ardiente del pequeño, la madre, Patricia Ramírez, se la regaló al ministro: era su fetiche, la última bufanda de Gabriel, la que había llevado día tras día la madre durante las casi dos semanas que perduró la búsqueda del rastro del menor desde que se le perdiera la pista a las tres de la tarde en el trayecto de apenas 100 metros que separa el cortijo de su abuela de las calles más cercanas de Las Hortichuelas Bajas, en Níjar.

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