La plaza de San Pedro superó sus peores años

La plaza de San Pedro superó sus peores años
Cómo hemos cambiado

Desde las obras del 2015 se ha recuperado como un espacio para los más pequeños tal y como venían reclamando vecinos y comerciantes

JOSÉ LUIS PASCUAL

La Plaza de San Pedro es uno de los grandes puntos de encuentro de la capital almeriense y, además, tiene detrás una larga historia que arranca desde el año 1489, al menos de forma colateral, cuando los Reyes Católicos decidieron fundar el monasterio de San Francisco y su iglesia, construcciones que se ubicaron en el lugar de antiguas mezquitas y viviendas musulmanas. Los terremotos de Orán, en 1790, afectaron gravemente su estructura, por lo que debieron ser demolidos, dando paso a la actual Iglesia de San Pedro y al convento adyacente, de estilo neoclásico, obra del arquitecto Juan Antonio Munar y finalizada en el año 1800.

En 1835, tras ser expulsados por franceses y por progresistas del Trienio Constitucional, la comunidad franciscana fue suprimida, por lo que el templo pasó a la parroquia de San Pedro, y el convento al gobierno. Posteriormente fue vendido y transformado en viviendas. La plaza fue construida como tal en 1848. Antes de conocerse como la plaza de San Pedro, inicialmente era denominada ‘Plaza de Sartorius’ y posteriormente, en 1862, se denominó ‘Plaza de Isabel II’ y finalmente, en 1868, ‘Plaza de la Libertad’. A finales del siglo XX fue nuevamente remodelada para construir un aparcamiento subterráneo, quedando tal y como se conoce en la actualidad. Posteriormente, en el año 2015, llegó la reforma integral que sirvió para convertir este espacio, por aquel entonces lugar habitual de acampada de grupos de indigentes, en una zona mayoritariamente infantil. Se invirtieron más de 200.000 euros en unas obras que fueron ejecutadas con rapidez, apenas dos meses, y que supusieron una ganancia importante de espacio, así como la instalación de nuevos elementos para el ocio de los más pequeños, la mayoría de los cuales siguen hoy en su mismo emplazamiento. La reforma con la demolición de las viejas pérgolas y afectó al conjunto de la plaza, incluyendo iniciativas como el impulso de una conexión wifi.

La pavimentación tuvo una mejora considerable y se reforzó el alumbrado dentro del objetivo de que la recuperación de este espacio fuera real, ofreciendo seguridad al ciudadano y permitiendo un entorno propicio para disfrutar del tiempo libre en familia.

De hecho, una vez que arrancó la obra, se decidió aumentar esta dotación lumínica en otros ocho puntos más, de forma que la plaza se convirtió en uno de los espacios públicos de la capital almerienses referentes en este ámbito.

La intencionalidad de esta reforma fue un cambio del aspecto y la funcionalidad que venía teniendo esta plaza, para lo que se procedió a la retirada de una gran mayoría de los elementos que venían entorpeciendo el tránsito de peatones, como las pérgolas y los bancos y muretes de obra y ofrecer un mayor número y diversidad de juegos infantiles.

Desde el consistorio se recordó entonces que esta era una gran necesidad y, a la vez, una demanda de los vecinos, que venían reclamando una ‘recuperación’ para este espacio que había ido perdiendo afluencia progresivamente por el estado del mismo y algunos incidentes entre los inquilinos habituales de la plaza.

También asociaciones de comerciantes como Alcentro y Pladeco lideraron las peticiones al Ayuntamiento de Almería para que se pusiera fin al deterioro que este espacio público había sufrido durante muchos años y que sólo había sido corregido, de manera puntual, con pequeñas acciones que tuvieron una escasa repercusión.

Con anterioridad a esta reforma integral, hubo otras tentativas para recuperar este espacio, al menos en cuanto a su uso, a través de actividades culturales, un quiosco de información turística e incluso puestos de artesanía.

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