«La estación está en nuestra identidad»

Un pasajero señala con el dedo -al trasluz del cristal de un tren- a la estación de Benahadux-Pechina, en desuso desde los años noventa./M. C.
Un pasajero señala con el dedo -al trasluz del cristal de un tren- a la estación de Benahadux-Pechina, en desuso desde los años noventa. / M. C.

Fomento sacará de las viejas terminales los gabinetes de circulación, las últimas zonas en uso de las históricas estaciones del tren. Abla, Las Tres Villas y Benahadux temen por el futuro de sus estaciones, que serán desmanteladas por ADIF

MIGUEL CÁRCELESALMERÍA

Si hay algo que echa raíces en un pueblo es su forma de viajar. Y aquellos lugares en los que el tren ha estado presente durante décadas -más de un siglo en el caso de los que están a la vera de la línea ferroviaria Almería-Linares- no se entienden sin el tránsito monótono, cíclico y puntual de los ferrocarriles.

Desde hace varias décadas, los trenes ya no paran en Doña María-Ocaña. Sólo lo hacen una vez al año, cuando un tractor traslada a la Virgen de Fátima, patrona de los ferroviarios, al lugar en el que antaño los antepasados de quienes hoy viven en Las Tres Villas comerciaban con productos del campo, partían al médico hasta Almería o marchaban en el tren 'frutero' a la emigración catalana. Sólo ese día -y de forma absolutamente extraordinaria- el tren rinde homenaje a este pueblo ferroviario.

Aquella fatídica fecha fue en 1990. Tampoco lo hacen en Abla-Abrucena, cuyos vecinos tienen que ir ahora a Fiñana a coger el tren. En Benahadux fue algo más tarde, pero también fue traumático: el tren era el medio de transporte habitual para quienes hace décadas habían estudiado o acudido al médico o a hacer trámites a la capital. Ir en coche era algo impensable.

Esas tres estaciones -en las que el tren sólo pueden efectuar parada facultativa en el caso de que lo soliciten grupos de más de diez viajeros- están cerradas a cal y canto con una única salvedad: los pequeños habitáculos que albergan los gabinetes de circulación. Son máquinas que están automatizadas y centralizadas en Granada -que gestiona toda la línea Almería-Linares y el tramo Granada-Moreda-. Pero se mantienen como elemento de seguridad, ante posibles fallos.

El mal estado de las estaciones, en deterioro constante desde su cierre en los 90, ha llevado a ADIF a plantearse la idea de construir nuevos gabinetes de circulación exentos de la estación. «De forma diaria o intermitente, pasa personal de ADIF. Y lo que se pretende es que tenga una mejor calidad de trabajo», argumentan desde la empresa pública al ser cuestionados al respecto.

Sin embargo, esta pretensión ha arrojado dudas sobre el mantenimiento de las estaciones: edificios sin uso pero con una fortísima vinculación emocional con el territorio. «La estación es una seña de identidad de Doña María», advierte Virtudes Pérez, alcaldesa de Las Tres Villas (el municipio surgido por la fusión de Doña María, Escúllar y Ocaña en 1976). La vinculación de las localidades de Doña María y Ocaña, situadas a 2,5 y 3 kilómetros respectivamente de la estación, con el ferrocarril es tan fuerte que la plaza de Doña María cuenta en uno de sus laterales con un vagón de mercancías que recuerda a diario a sus vecinos lo que fueron y ya no son: un pueblo con tren. Ahora, junto al vagón hay una marquesina de autobús, su único transporte público.

«Nosotros estamos dispuestos a quedarnos con la estación para darle uso cultural, un museo o algo así. Me preocupa, porque es nuestra seña de identidad». La preocupación de Virtudes es la misma que la de los tres alcaldes cuya estación, temen, podría incluso acabar demolida. «Nosotros llevamos muchos años pidiendo la cesión y ahora lo volveremos a hacer». Las Tres Villas tiene en su escudo y en su bandera, la silueta de la estación, sirva como ejemplo de su valor simbólico.

«La estación no está en ruina, y a nosotros no nos han comunicado nada», advierte, por su parte, Antonio Ortiz, alcalde de Abla. El edificio de viajeros de su municipio (bajo la denominación de Abla-Abrucena) lleva cerrado casi dos décadas. «Nosotros tendríamos un problema para asumir el municipio, y es qué uso darle. En otros lados, en los que la línea no presta servicio, puede ser un edificio para productos turísticos: restaurantes, alquiler de bicicletas... Cosas que puedan servir a las vías verdes. Pero la estación está a dos kilómetros de Abla y los trenes siguen pasando aunque no paren. El edificio está a pie de vía. ¿Qué hacemos con ella?» se lamenta.

En Benahadux el cierre es mucho más reciente. Y en el pueblo -como ocurre en todo el Bajo Andarax- aún se clama por la recuperación de los servicios ferroviarios. Por ejemplo, con un cercanías que les permita llegar a la capital en menos tiempo y sin problemas de aparcamiento. Carmen Soriano, su alcaldesa, ha mostrado la disposición de su ayuntamiento a pedir información a ADIF. «Aquí no sabemos nada, no tenemos información», infiere. La estación, al este del pueblo, sigue siendo un lugar de añoranza.

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