El derrumbe de 'El Patio' y las pateras hacen repuntar las atenciones en el centro de acogida

Varios usuarios comen en la zona de comedor del centro municipal de acogida de Almería./IDEAL
Varios usuarios comen en la zona de comedor del centro municipal de acogida de Almería. / IDEAL

Se incrementa en 2017 casi un 12% el número de usuarios que pasaron por un albergue en el que cada vez hay más mujeres y familias

SERGIO G. HUESOALMERÍA

El centro municipal de acogida recibió en 2017 en sus instalaciones a un total de 1.960 personas, un 11,7% más que durante el mismo periodo del año anterior. Este crecimiento se debe al aumento del número de pateras que han sido rescatadas en las costas almerienses y también a las consecuencias del derrumbe que tuvo lugar en 'El Patio' de Pescadería, donde a muchos de sus vecinos tuvieron que buscarle acomodo en este recurso público tras el desalojo forzoso de sus casas, que fueron finalmente apuntaladas.

Con ambos argumentos explican desde el área de Igualdad y Familia los datos de crecimiento que arroja el balance de atenciones del albergue sito en la calle Doctoral. Las cifras a las que ha tenido acceso IDEAL muestran una serie de tendencias, que pueden resumirse en más atenciones, una progresiva feminización de la pobreza o en el equilibrio cada vez más omnipresente de las tasas de asistencia entre españoles y extranjeros.

Del primer punto del análisis, el que hace referencia al crecimiento de las cifras, cabe destacar los sucesos como un factor determinante en el comportamiento de un centro el cual responde como auténtica red de seguridad tanto de víctimas de siniestros como de dramas humanos como la llegada de inmigrantes en pateras. Precisamente el año pasado los profesionales del centro de acogida atendieron hasta cuatro contingentes de migrantes, a quienes tuvieron que cubrir sus necesidades básicas. Algo que no había sucedido en años anteriores al menos en un volumen similar.

En este punto cabe recordar que 2017 cerró sus días siendo tristemente el año en el que se marcaron registros históricos en el fenómeno migratorio, una tragedia con cara y ojos que ha desbordado todas las previsiones de Cruz Roja o, sin ir más lejos, del centro de acogida municipal. Este factor engarza con otra circunstancia ya citada y que subyace de los datos facilitados por el área de Familia e Igualdad. Es el crecimiento de nuevo del número de extranjeros que son usuarios del albergue, un fenómeno que se invirtió en los años más duros de la crisis. De las 1.960 personas que pernoctaron habitualmente en el centro de acogida, un total de 1.006 fue de nacionalidad española. Aunque las cifras indican que los foráneos aún son menos hoy (954 en 2017), los números apuntan a un cambio en la tendencia. Su porcentaje respecto al total de usuarios ha ascendido en el último año en más de tres puntos, pasando del 45,5% que representaban en 2016, a un 48,6% del año anterior.

La distancia entre atendidos españoles y extranjeros se está acortando con la recuperación económica. En 2016 los primeros representaban un 54,5% del total de usuarios del centro. Una tasa impensable en los años previos a 2008. De hecho, no fue hasta 2013 cuando en el centro almeriense se dieron la vuelta a estas cifras. Con un crecimiento del 15% en un año, los españoles fueron mayoría por primera vez en el centro como respuesta sociológica a la crisis del ladrillo y a sus devastadoras consecuencias.

Más mujeres

En otro fenómeno que empieza a ser una constante en los últimos tiempos, la feminización de la pobreza es algo que ya se hace notar en el día a día del centro de acogida de Almería, a tenor del balance del año pasado elaborado por Igualdad y Familia. En 2017 se atendieron a 516 mujeres, cifra superior a la de años precedentes a pesar de que estos fueron también expansivos respecto a los anteriores.

En esta década el porcentaje de mujeres atendidas por los profesionales del centro ha pasado del poco más del 20%, a superar ya el 25% que se ha registrado en los dos últimos años. Concretamente, 2017 cerró ya con el hecho de que un 26,40% de las personas atendidas eran del sexo femenino. Una realidad que dicen desde el área que responde, entre otras cuestiones, a la existencia del módulo de familias, ya que muchas mujeres -principalmente las más jóvenes- acuden con sus hijos al centro. De hecho, actualmente son tres las familias monoparentales que conviven en las instalaciones de un centro donde se alojan una media de 83 personas, que pernoctan diariamente.

Entre estos usuarios que 'hacen noche', hay tres familias con un total de seis menores (son los únicos menores que comen en el albergue) a su cargo. Desde el área, además de significar también un repunte en el número de núcleos familiares que acuden a estas dependencias, apuntan también al hecho de que el centro sea el único equipamiento social mixto en la atención a personas sin hogar, es decir, en el que se produce la acogida y atención simultánea de mujeres y hombres. «Ello significa que este recurso se convierte, en cierto modo, en un termómetro social en relación al colectivo de mujeres que se encuentran en la referida situación de marginación y exclusión social», señalan a este periódico.

El perfil

A pesar de la nuevas tendencias ya referidas anteriormente, el perfil del usuario 'tipo' del centro municipal de acogida sigue repitiendo los mismos patrones que antaño. Según explican desde el área de Igualdad y Familia, las características que más se ven en las personas que frecuentan el edificio de la calle Doctoral es la de su condición de hombre, con 38,8 años de edad media (no teniendo en cuenta los menores), soltero o separado, español ( mayoritariamente andaluz), con un nivel de preparación bajo, parado y con apenas historia laboral (en todo caso de forma temporal).

Asimismo, dentro de este perfil son más los que presentan también escasos lazos familiares, con una secuencia de sucesos vitales «estresantes». «Prácticamente el doble o el triple que la población normalizada, con unas relaciones sociales muy reducidas o nulas y que en muchos casos conlleva problemática adicional (drogodependencias, alcoholismo, salud mental,...)», exponen. Además, un 90% de los usuarios vive en la calle, el resto en infravivienda, cuevas o cortijos abandonados; un 75% de todos ellos viven en soledad y un 10% tienen una enfermedad mental crónica. Por último, la mitad de los atendidos se mueve entre la precariedad y la irregularidad laboral.

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