En la casa de Juan siempre es de noche

El vecino mira su ordenador en una salita de estar iluminada por la luz de la bombilla pese a dar al exterior y ser mediodía. /Sergio González Hueso
El vecino mira su ordenador en una salita de estar iluminada por la luz de la bombilla pese a dar al exterior y ser mediodía. / Sergio González Hueso

La frondosidad de los árboles de su calle le niega a este vecino de Altamira que pueda ver la luz del sol durante el día, lo que convierte a la penumbra en un deprimente compañero de piso | La situación, además, le obliga a hacer frente a una elevada factura de electricidad con su única pensión, por lo que pide que se poden más a menudo o se cambien los árboles

Sergio González Hueso
SERGIO GONZÁLEZ HUESOALMERÍA

En la casa de Juan la noche dura 24 horas. Vive en el barrio de Altamira en un primer piso cuyas ventanas no son 'nadie' hoy debido al tamaño desproporcionado de los árboles de la calle donde ha pasado más de 40 años. Según se queja hoy todo es deprimente desde bien temprano.

Todo está oscuro. La penumbra se ha instalado sin invitación previa en su piso de juventud y tanto su mujer y él están hartos de la situación. Y nadie hace nada a pesar de que les duele la boca de quejarse. Lo han hecho frente a operarios de Parques y Jardines, que les remiten al Ayuntamiento. Han presentado escritos al Registro que son, según explican ambos, desoídos sin remedio. Y han hablado con los vecinos de su calle, la mayoría mayores como ellos y con los mismos problemas. Algunos hasta más graves, como el de la vecina de enfrente, que salió un rato de casa y al volver se encontró a un señor durmiendo en su balcón. Accedió con facilidad trepando un árbol que pega de tal forma con las ventanas de las casas que lo están acaparando todo.

No siempre fue así. Antes, según cuenta Juan, había unos pinos que eran incluso más altos y frondosos. Lógicamente los cambiaron hace unos años sustituyéndolos por otros de menor porte que a todo el mundo dejó satisfecho. Pero hace pocos años todo cambió. Quién los vio y quién los ve ahora, se deben decir estos vecinos, que han sido testigos atónitos de cómo han crecido en poco tiempo aquellos pequeños arbolitos de tímida copa.

Se han venido arriba, nunca mejor escrito, y por culpa de esto andan Juan y su mujer peleándose con todo el mundo para que se actúe de una vez. Los problemas son varios por culpa concretamente de los dos árboles que les ha tocado a ellos. Ambos a cada lado de una fachada que ha sido camuflada como si fuera la diana del tratamiento artístico de una medianera. No se ve nada en todo el día y, peor, las ramas hasta se cuelan en el apartamento en cuanto las dejan unos días a su libre arbitrio, por ejemplo, cuando se van de vacaciones.

Estas no alcanzan el interior porque Juan se encarga de cortarlas cuando toca. Pese a esto, todas las ventanas de la casa que dan al exterior tienen esta cortina externa de color verde tan molesta. Está en la salita de estar, el salón o el dormitorio principal, las tres únicas estancias que dan a la calle y las más importantes para él y su mujer, que se ven obligados a tener la luz encendida mañana, tarde y noche.

«En mi casa vivimos gracias a mi pensión porque mi mujer no cobra. Por culpa de esto [señala a una de estas ventanas] nos vemos obligados a hacer frente a una factura desproporcionada», explica el vecino, que no entiende por qué el Ayuntamiento no les hace «ni caso». La pareja explica que están detrás de los vecinos para ver si pueden iniciar una campaña de recogida de firmas con el objetivo de que el Consistorio se vea obligado a actuar. A IDEAL le solicitan amplificar sus deseos, que van desde la sustitución total de los árboles de la calle por otros más pequeños y, por tanto, menos «pesados», a que el Ayuntamiento obligue a la empresa concesionaria de Parques y Jardines a podar mucho más a menudo de lo que actualmente lo hace.

«Esto no es una avenida o un parque para que estén este tipo de árboles tan grandes. A nuestra calle estrecha le va bien unos más bajitos y que no tapen la luz o se peguen a las ventanas, con toda la inseguridad que eso conlleva», cuenta Juan. «Sólo pedimos que nos entre un poco la alegría, que estamos mayores», añade su mujer, consciente de lo que afecta al ánimo vivir en una casa con déficit de claridad. «No digamos ya la oscuridad total», apunta mientras recorre un pasillo que está iluminado por una bombilla pese a ser las doce de la mañana en Almería, una de las ciudades de España que más horas de luz tiene al día.

Tremenda paradoja la que viven esta pareja y sus vecinos, que necesitan ayuda de un Ayuntamiento que a preguntas de IDEAL señala que es consciente de la situación y que mirará a ver qué se puede hacer. Asume que es una realidad repetida en varias calles de la ciudad, si bien explica que las brigadas siempre están trabajando y que se deben a un cronograma que suelen seguir a rajatabla. Por si acaso Juan, harto de excusas, mira por la ventana hasta asomar la cabeza. Posa para el periodista y frente a él, la Naturaleza imponente.

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