Almería recibe como se merecen a los tres Reyes Magos

Los Reyes Magos de Oriente en el inicio, desde La Alcazaba, de una jornada vespertina que culminó con la Cabalgata Real./JOSÉ LUIS MATARÍN
Los Reyes Magos de Oriente en el inicio, desde La Alcazaba, de una jornada vespertina que culminó con la Cabalgata Real. / JOSÉ LUIS MATARÍN

Miles de familias se echaron a la calle para dar calor al cortejo real, que volvió a repartir ilusión

Sergio González Hueso
SERGIO GONZÁLEZ HUESOAlmería

Y la ilusión se hizo omnipresente al paso de la comitiva real. Sus Majestades Melchor, Gaspar y Baltasar, con un parecido asombroso al médico y gerente del grupo hospitalario HLA Mediterráneo (Almería) y de HLA Universitario Moncloa (Madrid), José Vicente Rull; al general jefe de la Brigada de la Legión, Juan Jesús Martín Cabrero; y al músico y promotor musical, Diego Cruz, realizaron su tradicional periplo por la capital de la provincia para delirio del respetable. Casi todos niños pues son los más capacitados para disfrutar plenamente de lo que representa una jornada como la de ayer. Pura imaginación y fantasía para abrochar de manera inmejorable, con la sonrisa de los más pequeños, las fiestas navideñas.

El día para los reyes de oriente fue muy largo. Empezó a las diez de la mañana en la residencia Santa Teresa Jornet, donde ya les esperaban unos usuarios que volvieron a compartir con sus majestades un momento único, uno de los más bonitos de todo el año. Tras repartir regalos, besos y abrazos y compartir desayuno, Melchor, Gaspar y Baltasar con todo el séquito, se desplazaron al Complejo Hospitalario de Torrecárdenas. De los más mayores y vulnerables, a los más pequeños y enfermos.

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Aunque nada compensa la desdicha de ver a un niño ingresado en un hospital, sí que al menos en jornadas como las de ayer el mal trance se atenúa con el sólo hecho de verlos disfrutar. Sus Majestades revolucionaron Torrecárdenas como cada año. Allí pudieron hacer felices a quienes más los necesitan: a los niños sí, pero también a sus familias, que vivieron un momento irrepetible que inmortalizaron en sus memoria y en sus teléfonos móviles. Entre flashes y selfis, la comitiva se fue por donde había venido abandonándose al descanso más allá del mediodía. Quedaba comer y esperar tranquilos la kilométrica jornada vespertina.

JOSÉ LUIS MATARÍN

La Alcazaba y la cabalgata

Alrededor de las 18 horas volvían los reyes a mezclarse con su pueblo. Esta vez a lomos de dromedarios y seguidos todos ellos por su particular cortejo. Recorrieron las principales calles del Casco Histórico hasta llegar al balcón de la Casa de las Mariposas. Allí, ante miles de personas que llevaban horas cogiendo sitio de privilegio para ver la cabalgata, desearon un año nuevo repleto de sueños cumplidos y pidieron a los niños que fueran buenos y se acostasen pronto.

Junto al alcalde y al obispo, sus majestades hicieron tiempo hasta que fueron trasladados al anfiteatro de la Rambla, punto de salida del desfile que preludia a la mágica noche de Reyes y motivo principal por el que el centro estaba tomado por una masa de almerienses. Miles de familias que esperaban en Obispo Orberá, el Paseo de Almería o la Rambla Federico García Lorca a que llegasen Melchor, Gaspar y Baltasar con su comitiva compuesta por 500 personas y, por supuesto, a su lluvia de caramelos .

Por suerte esta fue la única que acabó cayendo en Almería, que miraba al cielo como en otros lugares con miedo a que el temporal lo empañase todo. Al final nada. Lo único que cayó del cielo fueron las citadas gominolas y, como novedad este año, una nieve ficticia en parte del Paseo de Almería. Fue en el momento en el que los Reyes Magos de Oriente dejaron atrás con sus carrozas Obispo Orberá para remontar la arteria principal de la ciudad. Entonces los niños enloquecieron al sentir que nevaba... aunque todo fuera, otra vez, fantasía.

Antes, mientras aún no había aparecido Fujur, el dragón de la suerte de la Historia Interminable que abría todo el cortejo, los más pequeños jaleaban hasta el paso de las motos de la Policía Local. Había ganas de cabalgata. Como siempre se pudo ver tras las vallas todo tipo de herramientas e ingenios para la 'caza' de los caramelos. Bolsas de la compra, sombreros de Papá Noel, paraguas del revés, prendas de ropa empalmadas... todo traído de casa como si los dos millones gominolas no fueran suficientes para todos. A pesar de que la cuenta era de diez caramelos por almeriense, tal y como llegó a calcular IDEAL en una información, allí nadie tenía menos de dos docenas. Al menos las familias con localización en las primeras filas, esas que acabaron desbordando completamente las vallas con su pasión recolectora

Entre peleas desiguales de niños y agentes de protección civil con el objetivo de guardar cierto orden en mitad del caos, fueron pasando las carrozas, los pajes, los carteros y los grupos de danza extravagantes. Todos estaban ahí para amenizar el desfile más esperado del año, juntos con el único objetivo de que los niños se llevaran a casa un bonito recuerdo que acumular en su corta experiencia. Llena esta de puro amor por unas fechas que sin ellos no existirían.

Los Reyes acabaron tarde su paseo, aunque no tanto como para no culminar anoche la misión que tenían encomendada.

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