1850: Abre el pantano de Isabel II, el gran proyecto fracasado

El proyecto supuso años de intenso trabajo, aunque sus resultados distaron mucho de lo esperado por sus impulsores./IDEAL
El proyecto supuso años de intenso trabajo, aunque sus resultados distaron mucho de lo esperado por sus impulsores. / IDEAL
Historias de Almería

Se levantó una gran presa en la Rambla del Carrizalejo con fondos procedentes del negocio de la minería, pero nunca llegó a ser rentable

VÍCTOR HERNÁNDEZ BRUALMERÍA

Muchos, la mayoría de los almerienses no son conscientes hoy en día de la existencia de un gran pantano en el término municipal de Níjar, en concreto en la carretera que une la Villa con el municipio de Lucainena. Se trata de un gran proyecto del siglo XIX, impulsado por empresas vinculadas con la minería y que prendía convertir la zona en una gran área de regadíos, aunque desde el principio basado en cálculos absolutamente erróneos y previsiones con muy poca profundidad de estudio.

Nada tuvo que ver con todo aquel proyecto la reina Isabel II, que tan sólo permitió que se le diera su nombre, años después de la constitución de la empresa que lo habría de impulsar y algún tiempo antes de que fuera inaugurado, desentendiéndose del resto del proceso de este proyecto.

Una idea de futuro

En realidad, el año de su punto de arranque fue 1841, cuando un almeriense, Diego María Madolell, fuera el principal impulsor de una sociedad que habría de empujar el proyecto, partiendo de los grandes beneficios procedentes de la minería y, en concreto, de las explotaciones de Hiendela en Ciudad Real y Almagrera en Almería. Al año siguiente, en 1842, se constituía la sociedad impulsora del embalse, que llegaba tras varios intentos y que poseía un capital social de diez millones de reales. Su nombre fue Compañía del Pantano de Níjar y reunía a unos 1.000 accionistas, la gran mayoría de ellos ajenos a Almería.

El proyectista del pantano fue Jerónimo Ros, quien planteó un extraordinario muro de contención de aguas entre dos montes, sobre una cimentación de roca en la conocida por 'Cerrada de los Tristanes', en la Rambla del Carrizalejo. La idea consistía en llenar el embalse con las aguas de lluvias y las aportaciones de la rambla, para posteriormente desarrollar un área productiva con recursos hídricos para el regadío; terrenos que posteriormente serían comercializados, cerrando así el círculo de un negocio que se veía como óptimo y de futuro.

Al intentar darle uso se vieron las carencias de una infraestructura que estuvo mal planificada

El proyecto de construcción comenzaría después y duraría hasta el final de la década. Precisamente, en 1949, tras un largo proceso burocrático, la monarquía accedía, a través de un Real Decreto, que el pantano llevara el nombre de Isabel II. No asistió, en cambio, la monarca a la inauguración oficial, que se llevaría a cabo el 8 de mayo de 1850, en un acto en el que estuvo presente el gobernador civil de Almería, pero no el alcalde de Níjar.

El proyecto no tardaría en verse fracasado, sobre todo por los fallos en los cálculos que sus impulsores habían realizado.

Ni las lluvias previstas llegaron nunca, ni las aportaciones de la rambla que desembocaba en la presa estaba calculada en términos reales ni tampoco la estructura de regadíos que se había previsto tenía base real alguna.

Condenados al fracaso

Se trataba de un proyecto faraónico, que significó años de trabajo, toneladas de piedras de sillería extraídas del entorno de la presa e incluso el levantamiento de un edificio de ingenieros junto a ella, que fue la base de operaciones de todo el proceso.

Pero una vez construido el embalse, llegó el momento de darle utilidad y comenzaron a verse las carencias de su planificación: no llegó el agua, no se vendieron las tierras y nunca llegó a ponerse en marcha el operativo que debía convertir aquello en un negocio.

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