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El desprecio del PP a un clamor justo

El acto que se celebró ayer en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Aguadulce pasará a la historia de esta provincia por ser el más multitudinario de los celebrados a favor de unas infraestructuras ferroviarias que han condenado a esta provincia al ostracismo. Como dijo al comienzo el presidente de la Cámara de Comercio, Diego Martínez Cano: «Bienvenidos a la isla de Almería». En la jornada de ayer quedó absolutamente clara la posición del Partido Popular en este tema. No se puede entender y menos justificar el vacío de los populares a un acto en el que Almería reivindicaba una infraestructura ferroviaria que supone progreso y riqueza económica. Ahora bien, para el Partido Popular esto no debe ser importante porque ningún cargo público asistió al encuentro celebrado en Aguadulce.

Insistir en que el AVE tiene que llegar primero a Murcia y de ahí hacerlo a Almería como hace su presidente, Gabriel Amat, es un argumento vacío que solo sirve para justificar la inacción del Gobierno de la nación para apostar por Almería y comunicarla con el resto de España y de Europa. Porque ya no solo es que no se haya avanzado en las obras del tren de alta velocidad desde que Mariano Rajoy llegó a la Moncloa, es que las comunicaciones ferroviarias han ido a peor y nada se ha hecho por remediarlo. Y pasará también a la historia por la falta de respeto y de saber estar de nuestros representantes políticos. No es de recibo que en el acto de ayer, al que acudieron unas 800 personas muchas de ellas llegadas de todo el levante español, no estuviera el alcalde de Almería, Ramón Fernández-Pacheco Monterreal. Como tampoco lo es que no acudiera Gabriel Amat en su doble condición de presidente de la Diputación Provincial de Almería y de alcalde de Roquetas de Mar. A Gabriel Amat habrá que recordarle que las normas más simples de educación y de respeto dictan que se debe ser un buen anfitrión y atender a quienes lo visitan.

El problema más de fondo es que después de ayer el PP ha perdido toda su credibilidad en esta provincia. Ya no es que se haya estado sistemáticamente justificando el parón en las obras del AVE desde que el partido llegara al poder en 2011. Ni que el único tramo adjudicado por los populares se haya anulado y las obras no hayan comenzado. Tampoco, ese voto de confianza que pidió, más o menos, el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, en su reciente visita a Almería para fechar la llegada del AVE en 2023. Ya lo dijo Rafael Hernando cuando reconoció que el partido había perdido su credibilidad ante los almerienses. Lo peor de todo es que esa soberbia y ese desprecio con Almería y con quienes vinieron a demandar una infraestructura más que justa para esta provincia mil veces agraviada ha puesto de manifiesto que las buenas intenciones de los populares no pasan de ahí. Con su actitud, lo que el PP de Gabriel Amat y de Fernández-Pacheco ha dejado claro es la sumisión a Madrid por encima de los intereses generales de Almería. Tan solo se trataba de acudir al acto y demostrar que se sabe estar cuando las cosas no vienen bien dadas. Se trataba solamente de ser elegantes, respetuosos y educados. Demasiado al parecer.