Ideal

Se pasó de frenada

El alcalde de Almería, Ramón Fernández-Pacheco Monterreal, acompañó la semana pasada a los empresarios hortofrutícolas a Berlín donde participaron en la 25 edición de Fruit Logistica, la primera feria de frutas y hortalizas a nivel mundial. Fernández-Pacheco, junto a su edil de Agricultura, Juan José Alonso, quiso de esta manera que se visualizase el apoyo del Ayuntamiento de Almería a un sector que vive meses de alegrías, aunque en su actividad éstas forman un tándem perfecto con las tristezas. Parece como si las unas no pudieran vivir sin las otras y viceversa. Analizar esto no es motivo de esta columna. El alcalde visitó la feria y compartió momentos, mesa y mantel, con los empresarios desplazados. Aún le quedó tiempo para curiosear la vida alemana y comprobar cómo se vive allí para comparar con cómo se vive aquí. Vamos, en definitiva, un poco lo que hacemos todos. El alcalde y su concejal también fueron de 'compras' y se metieron en un supermercado alemán para ver 'in situ' los productos que los alemanes consumen y el posicionamiento de las frutas y hortalizas de los empresarios, con los que había compartido jornada en la feria, en los lineales germanos. Y encontró el caldero de oro que le llevó a reinar en las redes sociales por unas horas. Fernández-Pacheco envió una fotografía y un texto por tuiter y facebook y se convirtió en la reina de los mares. Lo malo es que se pasó de frenada.

«Acabo de entrar en un supermercado de Berlín solo por curiosidad. El mismo tomate que en Almería los agricultores vendieron la semana pasada a 1,55 euros el kilogramo hoy los alemanes lo están comprando a 14,98 euros el kilo. Ahí lo dejo, creo que merece una reflexión...». El problema es que el alcalde y su concejal pedían una reflexión que ellos no hicieron. Es cierto que el tomate y el calabacín y la berenjena alcanzaron precios desorbitados en los supermercados alemanes, aquellos controlados por la gran distribución comercial. Pero lo que no es verdad, como decía Fernández-Pacheco, es que los alemanes los estuvieran comprando. Entre otras muchas cosas, de esto también se habló en la feria, pero el alcalde se lo perdió. Los alemanes ni son gilipollas ni tienen el nivel de vida tan elevado como para comprar un kilo de tomates a 14,98 euros. Se trataba de una estrategia de la gran distribución que lo controla todo y que puso unos precios inalcanzables con el objetivo de frenar en seco la demanda con el resultado de un aumento de la oferta en origen que haría bajar irremediablemente los precios y así dejar de pagar esos valores que se han venido satisfaciendo desde hace unos meses y que tanto han beneficiado a los productores almerienses. Para las grandes cadenas alemanas dejar de vender unas partidas de hortalizas es más beneficioso que seguir pagando precios elevados en origen dado que la climatología reduce la producción en general y el volumen puesto en el mercado es pequeño. Alentar el victimismo como hizo el alcalde, bien replicado posteriormente por su concejal de Agricultura, no creo que beneficie a nadie, más bien al contrario. Si el alcalde quiere contribuir de verdad a solucionar problemas lo que debería hacer es promover una profunda reflexión sobre la vulnerabilidad del sector incapaz de controlar los precios de sus hortalizas lo mismo cuando la situación va mal como cuando va bien.