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El paro gana terreno en Almería al cierre del año por primera vez desde que comenzó la crisis

El inicio de la campaña hortofrutícola ha provocado que la agricultura sea el único sector que cerró el año levemente en positivo.
El inicio de la campaña hortofrutícola ha provocado que la agricultura sea el único sector que cerró el año levemente en positivo. / JAVIER MARTIN
  • La provincia cierra el último trimestre de 2016 con un 24,84% de paro mientras el tejido económico comienza a mostrar los primeros síntomas de agotamiento

Las buenas noticias se acaban. Frenada en seco. Estas dos frases pueden ser un modo sucinto de describir la realidad que dibujan los datos de la última Encuesta de Población Activa (EPA), elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), referente al cuarto trimestre de 2016. La racha de buenos datos se ha hecho trizas en un momento muy poco propicio para ello: el último trimestre del año, una fecha de grandes contrataciones por la vuelta al 'tajo' en la agricultura bajo plástico y en los almacenes de manipulado. Por primera vez desde 2008, cuando la situación económica comenzó a mostrar la peor de sus caras en todo el mundo, el cuarto trimestre supuso un incremento de la tasa de paro en relación al período del año inmediatamente anterior, el tercer trimestre. Una subida que, además, no es para nada pequeña: más de dos puntos porcentuales, el 2,19%. Por suerte, la situación no ha revertido del todo y aún se puede seguir diciendo que la tasa de paro en Almería es inferior a la del año pasado. Pese a que casi uno de cada cuatro almerienses en situación de trabajar continúa en paro (el 24,84% del total), esta cifra es un 0,29% inferior a la del cierre de 2005.

Ahora bien, se da una situación paradigmática. Pese a que la tasa de paro ha disminuido -de forma casi inapreciable- en Almería respecto al año pasado, el número de personas en situación de desempleo ha crecido. Se ha pasado de 83.200 parados en 2015 a los 86.500 del cierre de 2016. ¿Cómo es eso posible? Muy sencillo: gracias al altísimo crecimiento de la población activa, esto es, del conjunto de personas en edad y disposición de acceder a un empleo. El número de activos en Almería ha pasado de 331.200 al cierre de 2015 a 348.100 en esta última oleada de la EPA. Casi 17.000 almerienses más que quieren o pueden trabajar. En este crecimiento de la tasa de actividad juegan su papel primordial varios factores: la atracción demográfica de Almería, que la percepción de leve mejoría de la actividad económica invite a la población a buscar activamente empleo y, también, la llegada a la edad de trabajar de una gran cantidad de jóvenes surgidos de la altísima natalidad que existe en la provincia en comparación con otros territorios del Estado español. No en vano, 8.600 almeriense están a día de hoy buscando su primer empleo, casi el doble que hace tan sólo un año (cuando eran 5.500).

Ahora bien, de entre la introspección a los datos, uno de los resultados más preocupantes el especial incremento de hombres en paro. Mientras que entre las féminas se ha pasado de 43.000 desempleadas a 38.500 en un año, en el caso de los varones el ascenso ha sido de 40.200 a 48.000. Mientras tanto, uno de los resultados más positivos es el decrecimiento en los inactivos, que pasan de 230.600 a 219.100. Menos personas en inactividad supone menos personas que están determinadas a ser sostenidas por la red familiar o por el sistema del bienestar ahora que se cuestiona la viabilidad de las pensiones.

Cabe recordar que con las actuales cifras, las arrojadas ayer por la EPA, mientras que el 75,2% de los almerienses activos trabaja, el 25% no lo hace y, por lo tanto, no dispone de ingresos directos. Si a eso se le agrega que el 38,6% de la población está inactiva (estudiantes, jubilados, personas que no están en disposición de trabajar o ciudadanos que se dedican a las labores domésticas) y también tiene que ser sostenido por el sistema familiar o del Estado del Bienestar, queda una idea clara de que, pese a la lenta mejoría, ahora frenada, aún existe un largo camino por recorrer para conseguir equilibrar las balanzas.

El descenso en la tasa de inactividad viene provocada por un recorte en el número de personas que no optan a un empleo por encontrarse estudiando (que ha pasado de 45.200 personas el pasado año a 39.200 el actual) y por el descenso en el número de personas dedicadas a labores domésticas (que ha pasado de 59.200 almerienses a 56.900). Esto ha compensado el crecimiento en el número de pensionistas (400 más en un año) y el de personas con incapacidad permanente (3.600 más).

En cuanto aquellos que sí que optan a trabajar, y manejando los datos por sectores, el único que ha demostrado un buen comportamiento en el último trimestre del año ha sido el agrícola, en donde se han localizado 4.400 empleados más. En el resto (industria, construcción y servicios) el descenso ha llegado a ser de hasta 3.600 trabajadores. Si la comparativa es con los datos arrojados hace un año, el único sector que experimenta un creciente deterioro es el de los servicios, en donde el número de personas ocupadas ha caído en 7.500.

La ralentización en la bajada de la tasa de paro viene aparejada de un cada vez más reducido crecimiento de la tasa de PIB. Pese a una excepcional campaña turística, los principales institutos de estudios económicos sitúan la tasa de crecimiento en cifras menores de lo esperado y, a su vez, más escuetas de lo arrojado el pasado año. En parte, esto podría estar vinculado a un comportamiento muy contenido de la administración pública. Toda la variación de empleo interanual puede vincularse al sector privado, ya que a día de hoy el número de funcionarios es prácticamente idéntico al del pasado año.

Desde los sindicatos se hacía ayer una valoración muy crítica. «El balance del año 2016 es ciertamente pobre en lo referido a la creación de empleo y al descenso del desempleo, con lo que las cifras y los hechos negativos nuevamente contrastan con las proclamas victoriosas del gobierno acerca de unos logros que nadie percibe», aseveraba la secretaria provincial de UGT en Almería, Carmen Vidal. «La crisis y la reforma laboral han dejado un rastro de precarización del mercado laboral y de los derechos de los trabajadores, produciendo un aumento de los niveles de desigualdad hasta situar a cerca del 30% de la población española en riesgo de pobreza y exclusión social», aducía.

El frío y negativo dato del desempleo de ayer puede ser el síntoma de una recaída en la enfermedad. O quizás sólo un bache. El qué es realmente sólo lo averiguaremos con el paso de los próximos trimestres.