Ideal

La madre del joven Nicolae pide justicia.
La madre del joven Nicolae pide justicia. / Julio Valdivia

«A mi hijo le han roto la vida y los culpables siguen en la calle»

  • Un joven sufrió una paliza brutal en 2012 que derivó en una esquizofrenia

Nicolae es un joven rumano de 24 años. Vive entre el dormitorio y el salón de su casa, donde la televisión se ha convertido en un colchón salvavidas para matar las horas. Tiene miedo de salir a la calle. Mantenerse en lugares concurridos es una prueba difícil de superar y entretanto oye voces inexistentes que martillean su conciencia a diario.

La vida de Nicolae dio un giro de 180 grados la madrugada del 25 de diciembre de 2012. Este joven sufrió una brutal agresión por parte de los porteros de una conocida discoteca de Las Gabias. Lo ataron a un árbol con unas esposas, lo golpearon hasta que perdió la conciencia y fue la Guardia Civil quien lo encontró en ese estado. «Desde entonces no ha levantado cabeza, primero le diagnosticaron estrés y ansiedad pero tardó poco tiempo en entrar en una unidad de salud mental con una esquizofrenia aguda», comenta Dori Cazacu, la madre del joven, quien pide «justicia».

El joven se desplazó a Granada con unos amigos para celebrar la nochebuena de 2012 en una discoteca de Las Gabias. Hubo una bronca en la sala de fiestas ajena a él, según manifestó en el atestado, aunque en esa pelea sí hubo involucrados algunos amigos suyos de los desplazados desde Almería esa noche. Finalmente, cuando se disponía a salir del establecimiento para marchar de vuelta a su residencia, presuntamente dos porteros del establecimiento la emprendieron a golpes con él y después apareció atado a un árbol.

El Juzgado de Instrucción número 1 de Santa Fe lleva el caso desde 2013 pero la instrucción aún no ha podido finalizar debido a que los dos supuestos agresores e investigados en esta causa no han sido localizados pese a los reiterados llamamientos para que acudan a declarar en sede judicial.

Siete llamamientos

La abogada de la víctima, Anca Ciaicovschi, elevó un escrito al juzgado que instruye el caso con registro de entrada de 14 de diciembre de 2015 para que se ordenara la detención de estos dos investigados, que han dejado de comparecer en siete ocasiones distintas en las que han sido citados por el titular de la instrucción.

«A mi hijo le han roto la vida y los culpables (presuntos) siguen libres. No es justo. Veo a mi hijo incapacitado para superar este problema. Desde aquella noche no ha levantado cabeza y han pasado ya cuatro años. No puedo olvidar lo que le hicieron a mi hijo porque ha quedado muy marcado. Yo pido la detención de estos dos individuos y que se celebre el juicio», insiste.

Los padres de este joven rumano llevan asentados en España en torno a los catorce años. La madre es pensionista tras sufrir un accidente de tráfico cuando regresaba de la empresa en la que trabajaba y el padre es temporero. Dicen de su hijo que era «muy sociable y una persona muy alegre». Todo lo contrario al perfil que presenta hoy en día Nicolae.

Los padres se han visto obligados a ingresarlo en más de una ocasión en las unidades de agudos de salud mental de Almería. «Es un calvario, pero lo peor es saber que todo viene de aquella noche, de un problema no superado por mi hijo y que ha acabado con su vida. Lo han destrozado y la justicia y las fuerzas y cuerpos de seguridad no pueden olvidar lo ocurrido», advierte esta mujer de 51 años, madre de dos hijos.

Nicolae dejó hace cuatro años de salir con sus amigos. De trabajar de temporero en alguna campaña agrícola y de participar en las actividades del municipio donde reside. Ahora tiene miedo a la gente y ha convertido su casa en su refugio donde sólo ve a sus padres. Poner el pie en la calle dispara su tensión.

La abogada de este joven no deja de mandar escritos al juzgado para que el caso siga vivo, pero mientras tanto el joven Nicolae languidece en la casa de sus padres escuchando voces inexistentes. «Sólo pedimos justicia y que no se olvide este caso, por favor», concluye Dori.