Ideal

puerta purchena

Autocomplacencia

Los últimos días del año se han caracterizado, en lo político, por los balances que unos y otros, dirigentes y partidos políticos realizan sobre cómo ha transcurrido el año. Este 2016 va a pasar a la historia por ser un año perdido, más o menos, por la falta de entendimiento de aquellos que ahora se apresuran a hacer balance de lo que han hecho o dejado de hacer. Por eso, el final del año coincide con esas comparecencias oficiales de nuestros dirigentes ante las cámaras de televisión donde pegan su mitin para que sus afines babeen y sus contrarios los despedazan con la crítica dialéctica. Desde el Rey, pasando por el presidente del Gobierno y los presidentes autonómicos hasta terminar con aquellos alcaldes con televisiones municipales a su disposición, todos ellos intentan entrar en nuestras vidas a través de la televisión como si no hubieran estado presentes lo suficiente los 365 días anteriores. Los que no tienen cámaras a su disposición comparecen en ruedas de prensa para trasladar a la opinión pública sus particulares balances anuales. Lo peor de todo es que a los primeros son pocos los que soportan discursitos oficiales en los que derrochan autocomplacencia y muy poco sentido común o autocrítica. Además es curiosa la manera de dirigirse a los ciudadanos. El viernes hablábamos en la redacción de este tema y salió a colación las críticas vertidas contra aquellos regímenes autoritarios, léase Venezuela o Cuba, donde sus dirigentes utilizan las televisiones públicas para emitir soflamas a sus paisanos. Resulta que aquí llega la Navidad y el fin de año y aquellos que pueden no dudan en utilizar sus televisiones públicas para aleccionarnos sobre lo bien que va todo y utilizan los mismos instrumentos que aquellos a los que denostan. Así, el Rey nos habló en Nochebuena; el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, desde la Moncloa al terminar el año; Susana Díaz, desde Doñana y el alcalde de Almería, Ramón Fernández-Pacheco, se nos coló en casa también en Navidad. Y ninguno fue crítico consigo mismo. Ninguno de ellos, en su análisis del año, explicó lo que había dejado de hacer o lo que había hecho sin acierto. Todo ello es autocomplacencia, algo que no ayuda al buen gobierno de este país, de esta región, de esta ciudad. Pero de eso estamos ya muy acostumbrados porque no solo ocurre a final de año, sino que se repite a menudo. Me viene a la memoria la autocomplacencia de Gabriel Amat en su papel de presidente del Partido Popular de Almería. El 18 de diciembre los populares andaluces celebraron una intermunicipal en Almería y en los discursos de clausura el presidente de los populares culpó a las tortugas mora y a la Junta de Andalucía del parón de las obras del AVE en la provincia. Y lo hizo delante de varios cientos de cargos del partido y del presidente regional. Para Amat la inacción de Mariano Rajoy entre 2011 y hoy mismo por la que no se ha avanzado nada en las obras de esta infraestructura que sigue marginando a la provincia no existe. Como la canción, todo es culpa del 'cha, cha, chá', aunque en este caso una parte de ese 'cha, cha, chá' sean unas pobres tortugas mora. Pero si esta falta de crítica y de pudor es grave, más aún lo son los aplausos que su intervención cosechó entre los asistentes. Porque eso ya no es autocomplacencia sino falta de vergüenza. Y una falta de respeto a toda Almería.