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La primera Feria de Almería

La primera Feria de Almería
  • HISTORIAS DE ALMERÍA

  • Ese año, tras la promulgación de la Virgen del Mar como Patrona, se inició y consolidó una muestra agrícola y ganadera

Concluye hoy la edición 2016 de la Feria de Almería en honor a su patrona la Virgen del Mar y cada año son muchas personas las que se preguntan sobre los orígenes del evento. Y no es fácil dar una respuesta concreta y única, puesto que son varios los eventos que podrían ser considerados como antecedentes de la misma.

Sí es cierto que lo que hoy es una celebración en la que la diversión y el consumo están por encima de otras motivaciones y manifestaciones de la fiesta, tiene como origen más claro una que, en los albores del siglo XIX, era más bien una feria agrícola y ganadera, amén de reconocimiento hacia la patrona, la Virgen del Mar.

Los mayores del lugar recuerdan hoy diferentes ubicaciones de la Feria, desde el Paseo de Almería y la vía del Puerto, hasta la creación del Recinto Ferial en la Avenida del Mediterráneo, desde donde pasó a su actual ubicación.

Sin embargo, las primeras ediciones era el casco histórico el que acogía las celebraciones y las plazas Vieja y de la Catedral las que se convertían en el centro de las actividades y del ambiente, eso sí, lógicamente muy diferente al actual.

Trámites y solicitud

La primera fecha decisiva en lo que podría cifrarse como la historia de la Feria sería el año 1806, cuando el Ayuntamiento de Almería, con Paulino Jacobo, marqués de Aigremont a la cabeza, llegara al acuerdo de solicitar al rey Carlos IV la celebración de una feria agrícola y ganadera.

La solicitud coincide casi en el tiempo con la promulgación, por parte del Papa Pío VII, de la Virgen del Mar como Patrona de la ciudad, lo cual ocurría el 20 de mayo de ese mismo año.

El acuerdo contemplaba la declaración de la festividad de la Virgen del Mar el 25 de agosto, lo cual la hacía coincidir con el aniversario de unos devastadores terremotos en la ciudad. Ese año 1806 aún se celebró la Feria, puesto que no fue hasta el 7 de noviembre cuando Carlos IV aprobó la solicitud del consistorio almeriense.

Se manejó la posibilidad de instaurar la Feria entre los días 18 y 22 del año siguiente, pero la idea quedó descartada al comprobarse que otros municipios almerienses celebraban a sus patrones en fechas muy cercanas, como era el caso de Tabernas, días antes, y de Huécija, días después.

La primera Feria

Por tanto, el estreno de la celebración quedó para los días 22 a 26 de agosto y el lugar fijado a tal efecto fue el centro de Almería, en concreto, según la licencia firmada por el secretario del Rey, los alrededores de la Catedral.

La Feria, por tanto, se celebró en aquellos días, con carácter de muestra agrícola, ganadera y también de productos manufacturados, con lo que se trató de un homenaje a la Patrona de Almería, pero también de un evento que redundaba en la economía de la ciudad y de la zona en general.

Existen testimonios que hablan de un coste de 22 reales como la inversión de la primera Feria, que se redujeron a quince en la segunda y ascendieron a 60 en la tercera.

De hecho, según testimonios que constan y de los que ha bebido Rafael Rodríguez Puente, la elección del mes de agosto se basó en la abundancia de pastos en esa fecha, lo cual permitía una mayor afluencia de ganado para la muestra.

La Feria fue creciendo y extendió su radio de acción, hasta asentarse, a finales del XIX, en la Plaza Vieja y sus alrededores, incorporándose a la misma otros oficios además de los que habían sido protagonistas en su fundación.

En el centro histórico

Las calles de las Tiendas, Cervantes e incluso Puerta de Purchena y el Paseo, entonces conocido como 'de la Alameda', fueron acogiendo también y progresivamente la instalación de puestos ambulantes tanto de las actividades originarias de la Feria como de otras como las de joyería y platería, aunque éstas ocuparon durante muchos años los soportales de la Plaza Vieja, que también vio como en su seno se instalaba, durante años, un quiosco de música. Con el paso de años y décadas, se incorporaron otras actividades a la Feria, como por ejemplo las corridas de toros, que durante un tiempo se celebraron en una plaza provisional en la zona popularmente conocida como Huerta del Convento de San Francisco.

Más tarde, ya en el siglo XX, se trasladarían a una plaza en la Calle Murcia y finalmente a la actual, en la Avenida Vílchez.

Tendrían que pasar muchas décadas, una vez que la Feria se convirtiese en una cita moderna y del siglo XX, para que la propia iniciativa popular y ciudadana devolviese el protagonismo de esta cita al centro histórico que, hoy por hoy, por la vía de los ambigús oficiales y municipales, pero también por la propia inercia de los almerienses, que año tras año han ido pidiendo a gritos una feria en el centro, que se pueda combinar con la actividad que se ofrece en el recinto ferial.

La Feria del Mediodía es, hoy por hoy, por ubicación y por costumbres, la herencia más patente de aquella Feria de los inicios del siglo XIX de la que la Feria de hoy en día es heredera.