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Dejé mi oficio de siempre para ser formador de formadores: esta es mi experiencia

Dejé mi oficio de siempre para ser formador de formadores: esta es mi experiencia
  • Impartir nuestros conocimientos sobre un sector concreto es una de las salidas profesionales más elegidas por los mayores de 30 años

Recuerdo haber escuchado que los cursos de formación online eran idóneos para paliar la frustración laboral. No sé si el interlocutor lo decía en serio o utilizaba un –muy poco entrenado- tono sarcástico, pero se me quedó grabado. Y es que, en cierta forma, conmigo dio en el clavo. Así que ya se pueden hacer una idea de cuál era mi situación.

Tras 20 años en mi trabajo, auxiliar de enfermería, con momentos buenos y malos, entré en una espiral destructiva que estaba erosionando mis ganas de vivir. No encontraba motivación a la hora de levantarme, más allá de mantener mi sueldo. Debido a la naturaleza peculiar de este empleo (trabajaba en una residencia que tenía dos vertientes, deficientes y ancianos), cada vez se me hacía más difícil ejecutar las tareas propias de este oficio. Tareas poco edificantes y para las que hay que tener mucho estómago. No digo más.

Rozaba la depresión. Odiaba a mi jefe, empecé a tomarle manía a mis compañeros. Necesitaba un cambio de rumbo que me devolviera la fe y la ilusión. En esta sociedad en la que vivimos, en la que muchos yacen inmersos en la inexorable tendencia a la esclavitud por un sueldo, es habitual aguantar ‘lo que no está escrito’. Pero yo no podía más.

Leo estadísticas que lanzan un dato demoledor: el 69% de los trabajadores se siente insatisfechos con su empleo, principalmente por el tipo de este y el salario que perciben. Uno de cada siete trabajadores. Casi un 70% de’currantes’ poniendo una sonrisa en el camino hacia la frustración. Un drama laboral que rivaliza con el otro monstruo de nuestros días: el paro.

En la adversidad sale a la luz la virtud

Con la felicidad arrinconada por un empleo basura, hice de tripas corazón y comencé a buscar la forma de abandonar mi situación sin perjudicar excesivamente mi economía. No quería seguir engordando esas listas de trabajadores depresivos.

A día de hoy puedo decir que sí, se puede. Se puede dar un volantazo y cambiar tus perspectivas. Da igual la edad que tengas.

En primer lugar, hice acopio de mis sueños. Apunté en un papel todo lo que siempre quise ser y nunca fui. Presidiendo esta mágica lista, estaba la docencia: uno de mis mayores anhelos, de toda la vida, ha sido ser profesora o maestra. Quizás sea algo genético, ya que mi padre fue director de un importante colegio de mi ciudad. La cuestión es que pensar en ello aliviaba momentáneamente mi estado de ánimo.

Aunque pude haber tomado la decisión de comenzar una carrera o un master educación infantil (nunca es tarde para sacarse una titulación universitaria), quería resultados más rápidos: 4 años me parecían eternos. Evaluando opciones que conjugaran accesibilidad (me permitieran seguir con mi trabajo) y económicamente aceptables, topé con el master formador de formadores.

¿Dedicarme a impartir mis conocimientos sobre el oficio que tantos quebraderos de cabeza me había dado? Una vuelta de tuerca eficaz, coherente e interesante, pensé.

Formando futuros auxiliares

Al final me decidí a hacerlo. Tras una búsqueda de meses (¿Dónde sería el mejor centro para cursarlo?), opté por una empresa privada de educación e-Learning. Las interminables listas de espera imposibilitan llevar a cabo estos estudios por los cauces oficiales. Así que probé suerte en uno de estos centros. Y tengo que decir que no me arrepiento; mi experiencia fue buena y en pocos meses ya tenía el diploma en el bolsillo.

Visité INEM y sindicatos y me aconsejaron que mandase el currículum a asociaciones de enfermos y cuidadores. También lo deposité en mi hospital. 2 meses después estaba trabajando dos días a la semana en una institución dedicada a formar a jóvenes auxiliares a punto de comenzar sus prácticas.

A día de hoy, aunque no he abandonado mi trabajo de siempre, puedo decir que ejercer paralelamente como formadora de formadores me ha sacado de la rutina de negatividad que asolaba mis días. He luchado contra todos. Incluso contra mi familia. Pero gracias a la formación continua y a no abandonar nunca mis sueños, ahora puedo decir que he vuelto a la senda que nunca debí abandonar: el camino la de la ilusión.