Ideal

1873: un almeriense presidente del Gobierno

Nicolás Salmerón, una de las mayores figuras históricas que ha dado la provincia de Almería.
Nicolás Salmerón, una de las mayores figuras históricas que ha dado la provincia de Almería.
  • Nicolás Salmerón y Alonso vivió una efímera presidencia del ejecutivo en la recta final del denominado Sexenio Revolucionario

Almería. Corría el 18 de julio de 1873, en la recta final de lo que había de ser conocido como el Sexenio Revolucionario, después de haberse consumido dentro de él el reinado de Amadeo I de Saboya y los gobiernos de Estanislao Figueras y Francisco Pi y Margall, era nombrado presidente del gobierno el almeriense de Alhama Nicolás Salmerón y Alonso.

Almería recibió la noticia como un acontecimiento muy importante puesto que se trataba la primera vez que un paisano ostentaba tan alta representación del Estado; algo que, por cierto, no ha vuelto a suceder. Convivían en ese momento, en la provincia, dos periódicos heredados de la etapa anterior, del período monárquico de Isabel II, como La Campaña de la Vela y, sobre todo La Crónica Meridional, un diario de corte informativo e imparcial, que pasa por ser el más longevo en la historia del periodismo almeriense y que existiría hasta el arranque de la Guerra Civil del 36, con una envidiable capacidad de adaptación a los diferentes devenires políticos del país.

Junto a ellos, también salían a la calle otros periódicos, como el republicano La Voz Republicana (Diario Federal) de Ramón García Camacho, que en momento alguno disimularía su tendencia política al proclamar que «seamos generosos como buenos republicanos, pongámonos a la altura de la misión que nos está hoy encomendada, tengamos patriotismo y afianzaremos para siempre el derecho de decir ‘Viva la República Federal’».

También se leían algunos periódicos de orientación conservadora, como El Conservador, La Juventud Católica del sacerdote Bartolomé Carpente Rabanillo, La Lealtad (que era diario); e incluso algún periódico satírico, como El Pito.

Todos ellos, cada uno a su manera y marcado por sus objetivos, reflejaban la inestabilidad en la que estaba sumida España desde que, en 1968, se hubiera dado por acabado el reinado de Isabel II y hubiera comenzado el mencionado Sexenio. La Revolución Gloriosa había terminado con el sistema monárquico y el país había quedado a expensas de que los promotores de la misma, encabezados por el general Serrano y Juan Prim, tomaran una decisión sobre el nuevo modelo de Estado.

España vivía, por entonces, una época de profunda regeneración.

España vivía, por entonces, una época de profunda regeneración.

En el primer gabinete de la nueva etapa, presidido por el propio Serrano, no estaba aún Salmerón y Alonso, aunque sí Figueras, Ruiz Zorrilla, Álvarez Lorenzana, López de Ayala, el propio Prim y, entre otros, un Mateo Sagasta que habría de ser, junto al conservador Cánovas del Castillo, una de las dos piedras angulares del sistema monárquico que sucedería al Sexenio.

Un portento de cultura

Nicolás Salmerón y Alonso había nacido en Alhama de Almería el 10 de abril de 1838, con lo que a la hora de la Revolución Gloriosa contaba 31 años. Pero antes de emprender su carrera política, Salmerón había sido catedrático de Historia Universal en la Universidad de Oviedo y posteriormente de Metafísica en la Central de Madrid, en 1866.

Salmerón se había presentado a diputado en Cortes por Almería en primera instancia en 1869, pero no fue elegido. Su segunda tentativa fue por Badajoz dos años más tarde, aunque posteriormente sería elegido por Murcia y por Barcelona, permaneciendo en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo entre julio de 1871 y enero de 1874 en una primera etapa, mientras que más tarde, ya en la Restauración, sería diputado por Madrid y por Barcelona entre los años 1886 y 1908.

Republicano y federalista, su primera incursión en un gabinete de gobierno fue como ministro de Gracia y Justicia, cargo para el que fue designado en febrero de 1873 y en el que permaneció sólo hasta junio de ese año.

Presidente

La dimisión del presidente, Francisco Pi y Margall, provocó una nueva elección en la que éste volvió a presentarse, pero que dio como resultado la presidencia de Salmerón que, no obstante, tampoco permaneció demasiado en el cargo, puesto que el 7 de septiembre, dos meses después, presentaría su dimisión por un conflicto de conciencia, al verse obligado a firmar unas sentencias de muerte con las que no estaba de acuerdo. No obstante, dos días más tarde, el alhameño era designado para ocupar la presidencia del Congreso de los Diputados, cargo que ostentaría hasta enero de 1874.

Tras la Restauración de la Monarquía, fue privado de su cátedra y se vio obligado a exilarse en París, donde fundó el Partido Republicano Progresista, aunque más adelante se integraría en Unión Republicana. Con Sagasta en el Gobierno, fue amnistiado y se le devolvió la cátedra, reemprendiendo la carrera política en España y volviendo al Congreso de los Diputados, siendo cabeza visible de la lucha por el regreso de la República. Un logro que no le daría tiempo a vivir, puesto que el 20 de septiembre de 1908 fallecería en la localidad francesa de Pau, durante unas vacaciones. Sin duda, Nicolás Salmerón y Alonso ha sido el político más relevante que ha dado en su historia la provincia de Almería y el único que ha presidido un consejo de gobierno, además de haber pasado a la historia no sólo por su carrera docente e investigadora, sino también por su impulso a la causa republicana en España.