Ideal

Un mar de gentes como camino, y el cielo de Almería como palio

fotogalería

Incluso el cielo, que amenazaba con nublarse, respetó el encuentro anual de Nuestra Señora del Mar con los ciudadanos de su Almería. / MIGUEL CÁRCELES

  • FERIA DE ALMERÍA

  • La Virgen del Mar procesionó ayer ante la emocionada mirada de miles de almerienses que salieron a su encuentro anual

Con olor a nardos y sus mejores galas, con un manto azul como el cielo y como la mar que la trajera a Torregarcía, la Patrona de Almería, la Virgen del Mar, salía ayer a las calles de su ciudad, su Almería. Se reencontraba con sus ciudadanos a los pies de la Alcazaba, bajo un cielo que cesó su amenaza velada de cubrirse de nubes en cuanto veía aparecer la talla mariana por el arco de Santo Domingo. Almería la recibía con los brazos abiertos y con las calles llenas. La ciudad en cuyas costas se aparecía la jornada del 21 de diciembre de 1502, se tendía a sus pies y paseaba a su reina con ojos emocionados y el corazón en un puño, sobre sus hombros, levitando sobre un mar de gente y con el cielo de Almería como único palio.

Como cada domingo de Feria, su casa, el Santuario Basílica de los Padres Dominicos, abría sus puertas de par en par para que Nuestra Señora del Mar abandonase momentáneamente su camarín. Con la piel de gallina -y algunas lágrimas en los ojos- centenares de almerienses se apostaban en los alrededores de la plaza del Santuario para ver aparecer a la imagen marinera tras los sones del Himno de España y el estruendo de los cohetes, anuncio oficial de su partida. Y con más de 500 años de historia vinculada con la ciudad, dejaba atrás el Santuario para henchir de emoción a los miles de almerienses que se echaron a su encuentro, a verla procesionar solemne por las calles de Almería en su Semana Grande.

Sus primeros pasos a hombros se daban a las 19.45 horas de la tarde. Media hora antes ya había abandonado la Basílica la cruz de guía, seguida por la fiel presencia de las hermandades y cofradías de pasión y gloria de la ciudad de Almería por estricto orden de antigüedad, de las más jóvenes a las más antiguas. Las últimas, las hermandades de la Virgen del Mar en Madrid, Sevilla y Almería, que tienen el privilegio protocolario -y sentido- de ser las más cercanas al señorial trono de la Patrona. Y al salir, emoción y vivas a la talla marinera, a la que sólo dos veces al año es posible verla fuera de la que ha sido históricamente su casa.

Las gentes salían a su encuentro con olorosos nardos, la misma flor que engalanó y perfumó los cuatro jarrones esquineros de su paso de andas. La flor de una Feria que le rinde honores y que ayer paraba en seco para ceder todo el protagonismo a los actos religiosos y a la solemne procesión votiva y de alabanza. Y algunos de sus acompañantes, a cuya advocación habrían hecho probablemente promesa, con los pies descalzos y velas entre los dedos. Con este cortejo -una auténtica muchedumbre en algunos tramos de la procesión, como en el Paseo de Almería o en la calle Javier Sanz- la Virgen del Mar caminó por el centro de la ciudad ante las oraciones del Obispo de Almería, monseñor Adolfo González, y de las corporaciones local y provincial, a cuyos miembros acompañaron, como es tradición, una pareja de maceros vestidos de gala para la ocasión. También con uniforme de gala escoltaba la Policía Local de Almería a la Patrona en una imagen cargada de solemnidad y muestra de respeto y afecto a la talla a la que el Ayuntamiento le otorgó en 2012 el título honorífico de alcaldesa perpetua. Desde entonces acompaña en su trono el bastón de mando de la ciudad.

Con aproximadamente medio centenar de hombres de trono uniformados de traje y guantes bajo su paso, la Patrona paseó Almería y recibió vítores y oraciones. Y en la plaza de Emilio Pérez (la plaza Circular), la Virgen miró al Mar que la trajo a Almería y recibió de la voz de los almerienses la salve popular. Un sencillo pero populoso acto tras el que Nuestra Señora encaminó sus pasos a su orgulloso camarín de los Dominicos. Al cruzar su arco, volvió el éxtasis de la pólvora y el estruendo de los cohetes.

La procesión de ayer cierra solemnemente las fiestas patronales de Almería, una Feria que en el ámbito religioso ha tenido sus momentos cumbre a partir del viernes. Entonces fue cuando la imagen recibía de mano de los fieles, las flores con las que ayer aromatizó el centro de la ciudad. Ese día, el camarín mariano permaneció abierto para que todos los fieles que así lo quisieran pudieran acceder a un espacio de acceso habitualmente limitado.

Ya en la jornada del sábado, el obispo de la Diócesis de Almería, González Montes, presidía la solemne Eucaristía concelebrada con el Cabildo de la Capital y la comunidad de los Padres Dominicos, 'guardianes' de la talla mariana, y a la que asistió incluso la ministra de Empleo y Seguridad Social del Gobierno de España, Fátima Báñez. Y ayer, por último, su tradicional encuentro con los almerienses, la bendición anual a quienes celebran sus días grandes en su honor, quienes la elevaron al patronazgo de la 'Muy noble, muy leal y decidida por la libertad'. Volverán a sentir la emoción de verla en la calle el diez de enero, en su Romería.