Ideal
Acólitos del paso de Nuestra Señora de los Ángeles 'atizan' el incensario.
Acólitos del paso de Nuestra Señora de los Ángeles 'atizan' el incensario. / J. J. MULLOR

Derroche de amor entre Diamantes y Turquesas

  • Las primeras calles del recorrido de Los Ángeles se quedaron pequeñas para acoger a todos los vecinos que salieron a despedir a su hermandad celeste

Tiene el Domingo de Ramos una estampa de una belleza tal para la vista que es difícil superarla en cualquier otro rincón de la ciudad. Si nunca han visto a la Hermandad de Los Ángeles discurrir por la calle Turquesa al inicio de su Estación de Penitencia, les recomiendo que tomen nota y que, para el año que viene, lo lleven en agenda. Pocos momentos hay en los que podamos ver a una hermandad de nuestra ciudad tan arropada por su barrio como cuando Los Ángeles sale de procesión. Cómo será la cosa que no pude avanzar. En la confluencia de las calles Turquesa y la avenida de Los Ángeles una marea humana se presentó como freno a mi avance y me aconsejó quedarme en aquel punto para ver a la cofradía. Igual mi estatura es un regalo para estas situaciones pero tener la oportunidad de ver sobre las cabezas de la gente que me precedía la ingente cantidad de vecinos que abarrotaban la calle hasta la misma calle Diamante y al cortejo celeste avanzando entre la multitud me pareció, como me parece todos los años, una estampa incomparable.

Vi la Cruz de Guía revirar para encarar la Avenida de Los Ángeles y, entre la multitud, disfruté embelesado con el paso de misterio del Santísimo Cristo de la Misericordia en su Crucifixión avanzando a los sones que le marcaba la Agrupación Musical 'Nuestra Señora del Mar'.

Sí, la misma banda que, por la mañana, había acompañado a la Borriquita, volvía a vestirse el uniforme para, en la tarde de ayer, acompañar musicalmente por primera vez a los hermanos de Los Ángeles. Y, sinceramente, sigo sorprendiéndome con esta banda que, hasta hace apenas un par de años, era una gran desconocida en nuestra ciudad y, a día de hoy, comienzan a haber desfiles que no serían lo mismo sin su presencia musical. Y, tengo además la sensación, de que con Los Ángeles va a pasar lo mismo.

Venía el paso poderoso, avanzando con firmeza a compás de la música y presentando una de las dos novedades que la hermandad ha estrenado este año. Si, unos metros antes había tenido la oportunidad de ver el nuevo estandarte del tramo del Cristo y parecerme una obra de gran valor, los candelabros arbóreos que, desde este año, iluminan el paso de misterio son una auténtica joya. Su concepción, recogidos por dentro del canasto del paso, abrochan la estampa y realzan la importancia del verdadero protagonista: El Señor de la Misericordia.

Me gusta mucho la expresividad de las imágenes que componen este misterio. Al gesto misericordioso de resignación con que Jesucristo responde ante el trance de verse desprovisto brutalmente de sus vestiduras, se suma la cara de bondad de Simón de Cirene, sujetando su cruz y la mueca, casi caricaturesca del soldado romano que, tirando de ella, arranca la túnica al Hijo de Dios. Esa exagerada expresividad le confiere, si cabe, aún más realismo en nuestra imaginación a la escena. Podemos hacernos una idea de lo que sentían cada uno de los protagonistas en ese preciso momento. Conmovedor.

Y conmovedora también la escolta de la Reina de Los Ángeles que, tras la banda, continuaba formando el cortejo celeste de la hermandad. No fui capaz de contar los penitentes que salen en procesión con esta hermandad, ni los del tramo del Cristo, ni los de la Virgen. Como tampoco fui capaz de contar las mantillas que acompañaban a la vecina más Limpia y Pura del barrio. Solo sé que me pareció un cortejo tan grande, tan extenso, tan amplio, que me volví a emocionar y a enorgullecerme de mis vecinos. Pues yo, y lo digo a boca llena, vivo en el bendito barrio de Los Ángeles.

Cuando la presidencia del cortejo llegó hasta la esquina de la calle Turquesa con la Avenida de Los Ángeles tuve que emocionarme con el consiliario de la hermandad y con sus gestos. Pues no dudó un segundo en abandonar su posición dentro del desfile para acercarse a la multitud a saludar a una feligresa muy particular y a devolverle el mismo cariño con el que, esta muchacha, le había llamado desde la calle. Luego, cuando fue a ocupar de nuevo su lugar, volvió a abandonarlo para acercarse a estrechar la mano de dos zagalillos que, sin duda, se sintieron importantes en ese momento. Eso es bonito y se lo permito solo al cura. Porque es labor del párroco hacer parroquia en cualquier momento y, si ese momento es cuando la hermandad está en la calle, con más razón porque, de algún modo, está estrechando lazos entre la calle y la cofradía.

Y, si bonito fue todo lo que vi desde mi esquina, más bonito fue el momento en el que la banda 'Los Iris', de Instinción, redoblaron tambores tras una levantá del paso de palio y comenzaron a interpretar la marcha 'Virgen de los Ángeles'. Una pieza que comienza con la inolvidable melodía de los angelitos negros de Antonio Machín y que, luego, es un derroche de cariño hecho notas musicales.

La Reina de los Ángeles tomó la avenida de la que tomó su hermoso nombre y pasó por delante de su parroquia tan arropada como lo había estado en la salida y en la calle Turquesa. Luego continuó su caminar hacia la calle Granada para despedirse definitivamente de su barrio pero llevarse consigo todo su cariño para mostrárselo al resto de Almería que, celosa, ayer por la tarde habría querido llamarse Ángeles.