Tecnología al servicio del hombre y el hombre en convivencia armónica con la naturaleza. Dos de los premiados en la edición 2009 de los Premios Príncipe de Asturias, Martin Cooper -Investigación Científica y Técnica-, y David Attenborough -Ciencias Sociales- ya están en Oviedo como avanzadilla de la ceremonia de entrega que se celebrará mañana. Ayer abogaron por el equilibrio en las relaciones entre el 'homo sapiens', sus invenciones y su propio entorno. La Tierra y sus criaturas no nos pertenecen, recordó el naturalista británico. Aunque tendemos a olvidarlo, «los seres humanos -dijo- somos totalmente dependientes del medio natural». Citar a David Attenborough (Londres, 1926) es imaginárselo rodeado de lémures, rodeado de todo tipo de bichejos de los miles a los que ha estudiado, filmado y descrito en sus respectivos hábitats a lo largo de cinco décadas. El jurado de la Fundación Príncipe de Asturias valoró la «creativa e innovadora combinación de saberes» aplicada por el premiado al estudio de los seres vivos.
Inmersos en la sexta extinción masiva de especies de la historia, Attenborough urgió a gobiernos, organismos internacionales, científicos, a la ciudadanía, a tomarse en serio el reto de preservar el mundo natural. El actual desastre ecológico y ambiental «se puede corregir». La superpoblación humana es un obstáculo, en su opinión.
La tecnología es el mundo del ingeniero Martin Cooper (Illinois, EE UU, 1928), que comparte con su compatriota Ray Tomlinson -pionero del 'e-mail'- el premio de Investigación Científica y Técnica. Pero la innovación tecnológica 'per se' tiene un valor limitado, asegura. Su verdadera medida se la da la capacidad de mejorar la vida de las personas.
Facilidad de uso
El 'padre' del teléfono móvil se pasea por la capital asturiana con su criatura, el DynaTAC, que creó en 1973, un 'zapatófono' grande como un antebrazo que apenas recuerda a sus descendientes. Aquel aparato permitió liberar de cables la comunicación a distancia y transformó nuestras vidas. Los de hoy hacen lo mismo, pero corren el riesgo de ahogarnos con tanto píxel, bluetooth, navegador, etc. «No se trata de que los aparatos tengan infinidad de aplicaciones, sino que sean intuitivos, fáciles de usar. No puede ser que los libros de instrucciones pesen más que los propios terminales», dijo Cooper, para quien la próxima revolución de la telefonía móvil será su uso sanitario.
También habló ayer en Oviedo Ismail Kadaré. El autor albanés, Príncipe de Asturias de las Letras 2009, relativizó el impacto de los regímenes totalitarios sobre la creación literaria. Él, que gestó la suya en el férreo comunismo albanés, cree que el entorno político, social, económico, histórico, influyen, sí, «pero nunca son decisivos» para un escritor. «Las dictaduras son algo pasajero, la literatura es eterna», sentenció.