Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
ALMERÍA - JAÉN - GRANADA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Sociedad

SOCIEDAD

La educación afectivo-sexual debe empezar en casa a cargo de los padres, continuar en el colegio y culminar en el instituto durante la adolescencia
21.08.09 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
El sexo se enseña
Una pareja de adolescentes se besa en la calle. / IDEAL
¿Es usted padre o madre? Entonces, está impartiendo educación sexual a sus hijos. Aunque no lo sepa. Aunque no quiera. Empezó cuando regañó a su bebé por tocarse los genitales. Y cuando puso a esos órganos nombres graciosos en diminutivo. Siguió haciéndolo al regalarle muñecas a su hija y camiones a su hijo. El día en que la niña tuvo su primera regla y le alertó de que «se acabó el tontear con los chicos, que todos quieren lo mismo». Y aquella tarde en que palmoteó el hombro de su chaval como felicitación por alguna 'machada'.
Ocurre en las familias, pero también en los centros educativos. Si esta materia transversal no se imparte, por falta de medios o por indolencia del profesorado, los docentes están dejando el porno y los amigos como únicas fuentes de información -y desinformación- sobre sexo. O, aún peor, transmiten los roles tradicionales de género a través de los típicos ejercicios de clase: «El señor López gana 2.000 euros; si la señora López gasta en comida 300 euros...».
La psicóloga Asun Coronado, del Instituto de Sexología Al Andalus de Granada, asegura que «la educación sexual empieza cuando se tienen hijos. No tiene sentido esperar a los 14, 15 ó 16 años para preocuparse de qué estarán haciendo, porque a esas edades se suele perder la comunicación, al menos temporalmente».
Si en algo coinciden todos los expertos es en que, quieran o no sus padres, los bebés, los niños y los adolescentes viven su sexualidad. Los progenitores sólo pueden decidir cómo afrontarla: con silencio, con prohibiciones, o con información y apoyo.
«Debemos dejar que exploren su cuerpo», advierte la especialista. En una etapa temprana de la infancia, niños y niñas suelen presentar conductas masturbatorias que después desaparecen. Y no deben ser reprimidas, sino socializadas: «Hay que indicarle al niño dónde puede seguir estimulándose y pasándoselo muy bien sin que nadie le moleste, buscando su espacio de intimidad y respetándoselo», señala la sexóloga.
Curiosidad natural
Los padres deben aprovechar la curiosidad infantil para abordar estos temas con naturalidad. «Los niños pequeños preguntan por qué y para qué sirve todo y, también en sexualidad, hay que dar respuestas concretas, claras y puntuales -subraya la sexóloga-. No se trata de darles una conferencia a los 3 años. Debe utilizarse un lenguaje adecuado a cada edad. Y hay que crear ese lenguaje: si hablamos del cuerpo y ellos identifican las manos, los pies y las orejas, tienen que identificar también el pene, la vulva o la vagina, para que cuando sigan preguntando podamos darles respuestas».
«Hay que dar mensajes adecuados a cada etapa del desarrollo para que, cuando lleguen a la adolescencia, aunque no nos cuenten tantas cosas, por lo menos tengan la capacidad de preguntar, o nosotros tengamos la habilidad para comunicar», explica Coronado.
La sexóloga cree que son pocos los padres que tienen en cuenta estas pautas. Y en cuanto al sistema educativo, asegura, la enseñanza afectivo-sexual se imparte de forma inconstante, a golpe de estadísticas: cuando se publican datos alarmantes sobre embarazos y contagios en adolescentes, muchos centros reclaman charlas de expertos y el Instituto de Sexología Al Andalus no da abasto. Luego la alarma se 'enfría' y la materia deja de parecer fundamental.
Sexo en la escuela
Desde 2001, la educación sexual en los centros educativos de Andalucía se imparte sobre todo a través del Programa Forma Joven, que puede ser solicitado a la Junta por centros públicos y privados. Forma Joven promueve «las relaciones sanas, seguras y satisfactorias, la igualdad entre hombres y mujeres, la eliminación de comportamientos sexistas y la prevención de las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no deseados».
Antonia Fernández Cruz, coordinadora de Apoyo a la Función Tutorial del Profesorado y Mejora de la Convivencia en la Delegación de Educación de Granada, destaca que en países como Canadá, Inglaterra, Francia, los Países Bajos o Suecia hay menos de la mitad de embarazos en adolescentes que en Estados Unidos. «La educación sexual en esos países se basa en una política que favorece explícitamente la educación sexual, una apertura hacia el sexo, mensajes consistentes y coherentes con una sexualidad sana y segura, y acceso a los anticonceptivos», resume.
«Los programas que principalmente se basan en brindar información sobre preceptos morales y sexuales (cómo funciona el sistema sexual del cuerpo y qué deben y no deben hacer los jóvenes) por lo general han fallado -resalta Fernández, que también es maestra y psicóloga-. Sin embargo, los programas cuyo enfoque principal es ayudar a los jóvenes a cambiar su conducta usando la dramatización, los juegos de situación o los ejercicios que refuercen sus habilidades sociales han mostrado ser más efectivos».
La educación afectivo-sexual es un área transversal del currículum que debe abordarse desde diferentes campos del conocimiento: Biología, Filosofía, Ciencias Sociales, Educación para la Ciudadanía, Cambios Sociales y de Género, Educación Física o Ética. Sin embargo, cada centro lo hace a su manera. O no lo hace, como apuntaba la sexóloga. «No puede quedar a expensas de la buena voluntad o disposición de algunos docentes ni de las oleadas de atención que suscitan los datos que se van haciendo públicos; debe formar parte de una programación coherente con las características y necesidades detectadas en cada centro educativo», reconoce Antonia Fernández.
En el instituto
El Instituto Cerro de los Infantes de Pinos Puente es un ejemplo de centro que sí imparte educación afectivo-sexual. En el programa están implicados la dirección del IES y el centro de salud de la localidad granadina. El enfermero Javier Muñoz es su principal artífice desde hace ocho años. Imparte charlas puntuales, desarrolla talleres de varias semanas, monta una consulta radiofónica o atiende a alumnos con problemas concretos que acuden bien por propia iniciativa, bien animados por sus compañeros mediadores o por sus tutores.
Comenzó con las típicas charlas sobre enfermedades de transmisión sexual, pero se dio cuenta de que no llegaba. «Hablando del sida les estás transmitiendo la sexualidad, que es una forma de relación humana saludable, como algo patológico y limitado a unos órganos», resalta.
A los adolescentes les interesa el sexo, pero también les importan, y mucho, los sentimientos y las emociones: se preguntan cómo se liga; por qué se enamoran y se desenamoran tan rápidamente; qué hace a los chicos tan brutos y a las chicas, tan creídas; por qué a muchas les atraen los 'chorizos' en vez de los jóvenes dulces; por qué a cierta edad abrazar a un amigo o llevarse bien con las niñas es de 'maricas'; cómo interpretar ciertos mensajes en el móvil o el 'messenger'...
Ahora, los contenidos varían en función de la edad de los destinatarios. En el primer ciclo, con alumnos de 12 y 13 años, Muñoz trabaja sobre el descubrimiento del propio cuerpo, la imagen personal y la identidad. Con los de 14 y 15 ya puede plantear temas de género y revisar los estereotipos en torno al sexo. En Bachillerato, entre los 16 y los 18 años, muchos estudiantes tienen pareja y quieren saber más sobre las relaciones afectivas y sexuales, la anticoncepción, el embarazo...
El enfermero trata de huir del formato de la clase magistral. Le gusta plantear preguntas «dramáticas» para generar un ambiente de confianza y hacer que los alumnos se cuestionen sus propias ideas sobre amor y sexo. «Enseguida se rompe el hielo y ellos toman el protagonismo», destaca.
Por desgracia, los roles de género siguen estando muy marcados, más aún en una localidad rural, con graves problemas socioeconómicos y un alto porcentaje de población gitana, con una cultura que evoluciona, pero despacio. «Como enfermero de pueblo, no puedo competir con la información que reciben en las casas o en los medios de comunicación», admite Muñoz.
Y lo que transmiten muchas familias es lo mismo de siempre: «A muchas mujeres se las educa para servir a los machos». Por eso a veces es difícil hacer entender a los adolescentes que ciertas manifestaciones dentro de la pareja «no son sanas», sino un prolegómeno de los malos tratos. Aunque parezca increíble, destaca, muchas chicas aún creen en mitos absurdos relacionados con su cuerpo, como que cuando tienen la regla no deben lavarse la cabeza, regar las plantas ni hacer mayonesa.
Efectos especiales porno
Cuando los padres y los docentes se inhiben, las fuentes de información son «el grupo de iguales y la pornografía». Los adolescentes, destaca el enfermero, no se creen lo que pasa en una película de acción -lo atribuyen a los efectos especiales- pero, en cambio, están dispuestos a 'tragarse' el porno como si fuera real. «Eso provoca confusión y baja autoestima», recuerda. Por ejemplo, está el mito de que el hombre siempre está dispuesto para las relaciones sexuales y la mujer no, pese a que fisiológicamente es justo al revés.
A los tópicos de siempre se une un problema nuevo: el de la falta de modelos: «La sociedad evoluciona hacia la igualdad, pero los referentes masculino y femenino no están claros. Los adolescentes están muy perdidos». Las chicas, en lugar de reivindicar y valorar su propia forma de ser, asumen patrones masculinos poco saludables, como fumar o emborracharse los fines de semana. Y la homosexualidad, cada vez más presente en la calle y los medios de comunicación, sigue siendo incomprendida y hasta castigada en centros educativos y hogares. «Muchos padres de varones vienen a la asesoría preocupados de que sus hijos sean 'maricones' porque van con chicas, se arreglan... Y he tratado varios casos de adolescentes homosexuales con una angustia terrible. Aún hay mucho trabajo por hacer», advierte Muñoz.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS