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15.02.09 -

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La bolsa de plástico que se hizo tapete
PREPARACIÓN. Encarna se emplea en hacer la hebra para posteriormente hacer un ovillo.
A sus 76 años, Encarna Cruz hace auténticas virguerías con las bolsas de plástico. Sí, con esos instrumentos que sirven para trasportar cosas recogidas de una lugar a otro y a los que no se les da la suficiente importancia que tienen pues son muy contaminantes y su reciclado puede salvar el medio ambiente.
Tapetes, sombreros, bolsos, servilleteros, coronas, cestas, marcos para fotografías e incluso faldas. Cada bolsa es capaz Encarna de convertirla en cualquier cosa que se le ocurre. «Hago montones de cosas con todas las bolsas», explica mientras forra una botella con su aguja de ganchillo en la mano que como siempre hace, luego dará a alguien pues «hago cuarenta millones de cosas y las regalo. En vez de dar dinero, que no tengo, regalo lo que hago. A mis hijas les he hecho montones de cosas que luego se llevan sus amigas cuando van a sus casas a tomar café, así que yo se las vuelvo a hacer».
Su afición por este hobby comenzó en 1997 cuando se jubiló. «Antes trabajaba limpiando oficinas pero cuando me jubilé no sabía que hacer. Me aburría y empecé a cortar bolsas en redondo y me salían tiras, unas más anchas y otras más estrechas. Se me ocurrió entonces doblarlas y cortales las asas y la parte de abajo» hasta el punto en el que la bolsa queda hecha una hebra, explica Encarna mientras muestra cómo es capaz de ello.
Después, con salero, comienza a enrollarla en su dedo pulgar hasta hacer un ovillo perfecto, como si de lana se tratase y «que parece comprado» a simple vista.
Los hace de todos los colores: amarillos, blancos, negros, rojos, verdes o azules. Eso varía en función de la bolsa que haya 'desmenuzado'. «Yo voy a por el pan a la Capricho nada más que por las bolsas. De vez en cuando les hago cosas porque claro, cada vez que voy me dan una bolsa y valen los cuartos. Yo se lo he dicho que si tengo que pagar la bolsa, la pago», continúa explicando esa vecina ejidense de raíces granadinas. Y es que cuando ve una bolsa que le gusta, «allá que voy».
Sin duda, es una buena forma de reciclar y no gastarse 'ni un duro' a la hora de disfrutar de un hobby como éste. «Mi gasto es sólo un euro en el periódico y el 'cafecillo'», dice Encarna que prosigue diciendo que «esto no me cuesta a mí nada y es una cosa que no está vista. A mí me relaja mucho porque cuando termino de hacer la comida y arreglo mi casa, me pongo a hacer ganchillo, que la televisión no me gusta. Además, limpiarlas es muy fácil porque sólo hay que ponerlas debajo del grifo porque al ser plástico no se estropea».
Obra social
Muchas tardes, esta vecina de El Ejido acude a algunas asociaciones para dar a enseñar su arte pues su ilusión no es otra que esa, la de darlo a conocer a otras personas. Así, «yo voy muchas veces a la asociación 'El Timón' y les ayudo. Les enseño a cortar las bolsas, a hacer ovillos y a 'ganchearlos', aunque esto no lo pueden hacer todos. Siempre que puedo ir, voy y cuando me ven empiezan hasta a dar palmas de la alegría que les dan de verme. También he ido a la asociación 'Vivir'», explica emocionada.
En este sentido, con la asociación 'El Timón', ha anunciado Encarna, va a colaborar en una especie de rastrillo solidario. Ella donará montones de artículos hechos por ella misma para ponerlos a la venta y conseguir fondos que ayuden a la asociación a seguir con sus actividades y programa. Considera que vendiendose a un precio asequible, algo les ayudará.
Años atrás también acudía a centros educativos para realizar todo tipo de artículos con bolsas a los jóvenes. A ella no le importa que su 'alumno' sea más grande o más pequeño, lo único que quiere es enseñar. «A mí me encanta», dice mientras ha liado ya dos ovillos que posteriormente desliará para realizar uno de esos sombreros que tanto gusta a los chavales. «En hacer esto tardo alrededor de 20 minutos. Me cunde mucho», concluye.
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