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ALMERÍA

«La mujer asciende hasta el 'techo de cristal', de ahí no pasa» «Soy referente, pero en quince años no ha habido más jefas» «La respuesta policial es la adecuada al estado de la calle»
15.02.09 -
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«La mujer policía se ha tenido que hacer un hueco a codazos»
La número dos de la policía local de Almería en su despacho el viernes pasado.
Se agradece entrar en un despacho en el que haya plantas. Sobre todo cualquier tipo de macetas y no esos 'pascueros' que se han conservado bien y que su propietario muestra con orgullo un par de meses después de la Navidad. No es el caso de la Intendente Mayor de la Policía Local de Almería que me recibe en su despacho. Una estancia amplia presidida por las banderas oficiales donde, seguramente, se toman las grandes decisiones que en materia de seguridad y tráfico nos afectan a todos. Carmen María Martínez Morales habla de una manera fluida transmitiendo seguridad en lo que dice. Debe de ser difícil pillarla en un renuncio. Es la número dos de la policía local de Almería, pero durante muchos años ha sido la número uno y eso la ha marcado, ha sido una constante en su vida en la que ha tenido que conjugar, para adentro y para afuera, ser la jefa, pero además ser una mujer. Tiene una cara redonda y guapa que resalta con un discretísimo maquillaje. Así se lo digo y me pregunto si dentro de ese uniforme una mujer puede ser femenina. «Eso es algo que no se provoca, cada una es como es. Lo que es incompatible es ir adornada como un árbol de Navidad, nadie lo prohíbe, pero hay que vestir acorde al trabajo que cada uno tiene».
Lo de ser policía le fue sobrevenido. Ella estudió Derecho y le gustaba. «Preparaba unas oposiciones y me surgió la oportunidad de ser juez sustituto en El Ejido. Estuve un año de juez y luego otro ejerciendo la abogacía, hasta que alguien me dijo que me presentara a unas oposiciones a policía. Lo hice y aquí estoy». Esto era el año 1993 y entró de jefa. Siempre por los estamentos más elevados. Y siempre teniendo muy presente su condición de mujer. «A la mujer se le permite ascender hasta que llega al 'techo de cristal' y de ahí ya no pasa porque las mujeres estamos ahí, pero tenemos que serlo todavía». En este sentido está convencida de que si no hubiera llegado por oposición nunca habría alcanzado el nivel que hoy ocupa. Pero este es un problema que no sólo le ha afectado a ella «aunque yo soy una privilegiada», sino al resto de mujeres policías. «Ellas se han tenido que hacer un hueco a codazos y compartir un espacio laboral que era de hombres. Un lenguaje propio y una forma concreta de interactuar y todo eso ha cambiado y la presencia de la mujer ha roto la dinámica de un trabajo de hombres. Porque la mujer no ha tenido especiales dificultades para hacer su trabajo, las dificultades han estado en la relación con el compañero».
De todas maneras, ese 'techo de cristal' no se ha roto y va a estar muy presente en la vida de todas las mujeres. De hecho «yo puedo ser un referente al llegar aquí, pero nada ha cambiado porque durante 15 años he estado sola y desde el año pasado ya hay otra jefa en Santa Cruz de Tenerife». Pero Almería, en este sentido es algo atípico, porque aquí no sólo la número dos es mujer, también la tres.
El uniforme azul marino le sienta bien, habla con gran fluidez y claridad de ideas, y se percibe que se trata de una mujer enérgica, con carácter. Quizás el necesario para desenvolverse en un trabajo de hombres. Asegura que si volviera a nacer «me gustaría ser jurista, seguro, pero me gustaría nacer hombre para ser policía y comparar». De todas formas, está convencida de que la mujer policía no está discriminada porque «se ha conseguido que sean lo mismo, pero más por el empeño de ellas».
Son muy pocas las mujeres policías (13 en Almería) y en la posibilidad de acceso al cuerpo también salen perjudicadas. «Son unas oposiciones muy duras tanto para hombres como para mujeres, pero si encima la mujer tiene responsabilidades familiares detrás es muy difícil que apruebe». No es sencillo ser policía y menos ser policía y tener una vida normal, «la vida familiar está muy mal conciliada en este trabajo».
Pero volviendo a la mujer, ésta ha tenido que romper barreras dentro y fuera del cuerpo. «La sociedad no acepta a la mujer policía. Hemos terminado con el principio del respeto a la autoridad porque hemos pasado de tener miedo a la policía a tenerla en cuenta, pero siempre pensando que yo puedo estar por encima. Si eso lo trasladamos a la mujer policía aún es más grave porque su rol es diferente. Que el ciudadano se tenga que enfrentar a una mujer con uniforme y que encima tiene autoridad es un doble esfuerzo». Al margen de ello Carmen cree que sí hay una complicidad con la sociedad y que la policía local está bien aceptada. «Estamos en torno a 30.000 requerimientos de servicio al año, si los ciudadanos no confiasen en nosotros no nos llamarían». Pero el trabajo del policía no es fácil y enfrentarse a situaciones de riesgo o desagradables requieren un perfil sicológico adecuado y una fortaleza emocional que no todos la tienen.
Echando la vista atrás siempre hay experiencias más complicadas que otras y más satisfactorias, también. Para la Intendente Mayor lo más difícil a nivel de responsabilidad fue la organización de los Juegos Mediterráneos. «No sabía cómo meterle mano a aquella gran bola que se venía encima». Pero lo hizo y su excelente resultado fue también una de las cosas que más le han satisfecho en su carrera. «Sobre todo, el orgullo de ver que la plantilla responde y te maravilla su capacidad de esfuerzo». Y es que son policías, pero también personas.
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