ALMERÍA

A mediodía, el lugar de concentración volvió a reunir a los de siempre, pero a ni uno más, a pesar de la gravedad de los sucesos que, por primera vez, sucedían en las aguas territoriales de la provincia.
Aún así, leía en un manifiesto el presidente de Almería Acoge, Juan José Castillo, «esta nueva tragedia nos impresiona más por la corta edad de la mayor parte de los fallecidos» y por el hecho de que «son sus propias madres las que han visto morir a sus hijos e hijas cuando intentaban de forma desesperada conseguirles una vida mejor». Pero, «la culpa de esta tragedia no la tienen las olas del mar», matizaba Castillo, sino «los posicionamientos políticos y económicos que entendemos como auténticos responsables de esta dura e injusta realidad». En este sentido, el manifiesto conjunto de los colectivos convocantes mostró la repulsa «a una política de gestión de las migraciones que pretende basarse únicamente en un control de las fronteras que se ha demostrado, además de injusto, ineficaz y que empieza a constatarse imposible».
«Expresamos nuestro rechazo más rotundo a políticas utilitaristas que pretenden convertir a España y Europa en una fortaleza amurallada que sólo ve en la persona migrante la mano de obra necesaria, cuando y como a España y a Europa le interesa, y que no duda en tratar como delincuentes a los trabajadores inmigrantes cuando no interesan a la economía de mercado como única razón de Estado», proseguía el escrito.
Por el contrario, evocaba la carta a la justicia y exigía «la puesta en marcha de políticas por parte de España y la Unión Europea» para que «mientras exista esta emigración forzosa, adopten una gestión de flujos más flexible y más solidaria».
En este sentido se manifestaron también los representantes políticos, sindicales y de inmigrantes que acudieron al acto. Así, el secretario provincial de UGT, José Ginel, pidió al Gobierno que «corte esto de una forma radical, fortaleciendo los acuerdos con los países emisores, luchando contra las mafias que se aprovechan de la necesidad de estas personas y exigiendo al SIVE que amplíe su cobertura que, aunque importante, no es suficiente para detectar las pateras que intentan llegar a nuestras costas».
Enseñar a pescar
Desde el Ayuntamiento de la capital, el representante del PSOE, José Antonio Amate, censuró la escasa asistencia ciudadana a la concentración y el hecho de que a los almerienses «no se le muevan las entrañas» por lo sucedido. El portavoz socialista recordó que «no se puede poner fronteras al hambre y es por eso que la gente se juega la vida, aunque muchos la pierdan», e instó al Ejecutivo español a «sensibilizarse mucho más de lo que lo ha hecho» a través, sobre todo, de ayudas al desarrollo porque lo interesante, recordó, «no es darles pescado sino enseñarles a pescar».
El portavoz de IU, Diego Cervantes, censuró la «poca asistencia» de los almerienses a la concentración, al tiempo que defendía la necesidad de «crear un movimiento ciudadano, social y cultural que alerte a los gobiernos de lo que está pasando, ya que políticamente es muy difícil conseguir cosas después de la política europea de los últimos tiempos».
El director de Almería Acoge, Juan Miralles, destacó la tragedia del pasado jueves respecto a otros miles de casos que suceden a diario por el dramatismo que supone la muerte de niños aunque, insistió, «esto es algo que se repite desde hace ya demasiados años».
A su juicio, la inmigración «no se puede gestionar sólo con el control de fronteras» sino con políticas que impidan su salida de su país de origen, como «no expoliarlos y gestionar vías para que accedan a nosotros porque quienes llegan aquí están en situación de ocultación total».
La inmigración ilegal, incidió Miralles, «hay que gestionarla con justicia y con inteligencia».
Adama Sangare, ciudadano de Costa de Marfil y presidente de la Asociación Intercultural de Almería, emplazó a los gobiernos a tratar el fenómeno de la inmigración desde la justicia y remarcó la necesidad de que «haya democracia en estos países». Lamentó y reprochó también la hipocresía de los gobiernos europeos que apoyan, a través del comercio o de cualquier otro tipo de actividades, a los dictadores que marcan el amargo destino de sus compatriotas. «África es un continente con ricos recursos, pero es muy pobre en política. El hambre de África no es problema de los recursos sino de los personajes que la dirigen y que le han fallado, a pesar del conocimiento y la pasividad de los gobiernos europeos», censuró.





