
Este es el caso de la Escuela de Verano de La Salle, la cual había recibido una media de tres solicitudes diarias hasta la entrega de notas del pasado lunes. «Normalmente el 'boom' llega siempre tras la entrega de notas y este año, debido a que para muchas familias ha sido puente en la capital, el miércoles lo notaremos aún más», dice Alberto Asensio, director de la Escuela de Verano de La Salle.
Entre los cursos escolares más demandados por los padres se encuentran el primer y segundo curso de ESO, es decir, el primer ciclo de enseñanza secundaria. «Estos cursos suelen tener una media de 25 alumnos por aula, aunque después se terminan desdoblando, ya que cada alumno sigue unas optativas y un itinerario distinto, con lo que terminan siendo unos 12 alumnos por clase finalmente», apunta Alberto Asensio. Aunque los alumnos tienden a matricularse de cursos completos, muchos de ellos también tienen la posibilidad de hacerlo en asignaturas 'sueltas', aunque es menos común. «El índice de aprobados ronda el 92%, aunque es muy relativo, ya que hay estudiantes que pueden aprobar en septiembre las ocho asignaturas que llevan pendientes y otros con una sola son capaces de suspenderla», comenta el director de la Escuela de Verano.
El apoyo paterno
Uno de los factores más importantes que influyen en la motivación del alumnado para ir a clase en verano es el apoyo de los padres. Según comenta Asensio, cada principio de curso se mantiene una reunión con los padres de los alumnos para concienciarlos en que ellos también tienen que prestar ayuda a sus hijos y hacerles conscientes de la disciplina educativa que han de seguir para desarrollar su aprendizaje.
Los horarios suelen ser extensos durante toda la semana y los exámenes bastante frecuentes para garantizar el estudio. «Los alumnos que no cumplen los objetivos de la semana deben venir los sábados para reforzar el estudio», aclaró Asensio.








