Tras avisar a la Guardia Civil, las primeras indagaciones desvelaron que se trataba de J. E. M. V., un varón de 56 años que desempeñaba labores de vigilancia en una empresa consignataria del puerto de Almería. En concreto, este hombre se encargaba de vigilar los seis barcos de pesca que ha construido un astillero para enviar a Angola.
Nada más avisar al Instituto Armado, se trasladó hasta el lugar una patrullera del servicio marítimo de la Guardia Civil, que rescató del agua el cuerpo de J. E. M. V., aunque hubo que esperar la llegada del juez de guardia para que procediera al levantamiento del cadáver, cerca del mediodía.
Nadie en el puerto entendía lo que había sucedido a este hombre, sobre todo porque por la tarde se le había visto merodeando por la zona, como era habitual, en el desempeño de sus labores de vigilancia.
Tras revisar las cámaras de seguridad que hay repartidas por las instalaciones portuarias, no se detectó ninguna situación inusual, por lo que hubo que esperar a los resultados de la autopsia, que determinó que el hombre sufrió un «infarto masivo» y después debió de caer al agua, donde murió ahogado, según explicaron fuentes vinculadas a la investigación.
La autopsia aportó más datos, como que la muerte debió producirse en torno a la 1.30 horas de ayer, cuando se paró el reloj de muñeca que llevaba, bien por el impacto o por el contacto con el agua.
Sin violencia
El cadáver no presentaba ningún signo de violencia, aunque el fallecido tenía algunos rasguños en la cara y en la espalda, que el forense cree que debieron producirse después de la muerte, además de otros tantos en los brazos, que podría haberse hecho la víctima al caer, tratando de agarrarse a los barcos.
Además, se encontraron en la zona los zapatos del fallecido, que iba descalzo, por lo que tampoco se descarta la hipótesis de que pudiera resbalar.








