Francisco José Sánchez Collantes recurre al latín para su primera novela 'Viae Domini'

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Francisco J. Sánchez Collantes./
Francisco J. Sánchez Collantes.

Asegura que no quiere encasillar ningún relato y que no entiende mucho sobre los géneros literarios, pero Francisco José Sánchez Collantes (Huércal Overa, 1967) dice que como mitad novela negra y como mitad ciencia-ficción se puede considerar su primera novela 'Viae Domini', publicada por la editorial almeriense Alkubia, que espera ver cómo se agota esta primera impresión al igual que pasó con su anterior publicación 'Vis a vis', de Antonio Carreño. Una mirada al título general y al de cada uno de los capítulos destaca el uso del latín en unos tiempos en los que el inglés -o el americano- está hasta en la sopa y cómo no en los relatos de los géneros por los que ha optado. Y sucede también cuando, a pesar de las nuevas tecnologías, no parece posible reproducir la a y la e de 'Viae' del título en un mismo tipo.

Dos años y medio aproximadamente ha ocupado la redacción de 'Viae Domini', aunque con distintos ritmos a la hora de escribir y contabilizando en ese plazo lógicamente las correcciones e incluso la reescrituras, si bien el mismo autor confiesa que no han sido muchas las páginas que hayan pasado por una segunda escritura.

Futuro

«Puede tener tres millones de mensajes, pero el único mensaje que me gustaría que tuviera es que la gente disfrutara leyéndola. Yo a veces saco la conclusión de que trata sobre la suerte como una moneda que llevas a todas partes, unas veces sale cara (buena suerte) y otras cruz (mala suerte), pero, tanto si te sale una como si te sale otra, las dos van juntas. La buena suerte implica tarde o temprano mala suerte y viceversa», ha confesado Francisco José Sánchez Collantes.

El autor reconoce asimismo que constituye un truco literario ambientar la acción de la novela en el futuro. «En primer lugar, justifica todo tipo de invenciones tecnológicas. Después, justifica que sea ciencia-ficción. La ciencia-ficción tiene como premisa que no pueda estar ambientada en tiempo presente. Luego es una justificación suficiente para que, si no sucede eso en esa fecha dentro de cien años (110 exactamente), a mí ya no pueden pedirme responsabilidades.

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