En un reciente comunicado, el Ministerio de Defensa ruso denunciaba que «tras la cortina de las discusiones sobre el peligro que supone el haber perdido el control del aparato, se está llevando a cabo el ensayo de un nuevo tipo de armas antisatélite de carácter estratégico». La nota señala que el lanzamiento de un misil para destruir el satélite «no es algo tan inofensivo como se pretende presentar, sobre todo si se tiene en cuenta que EE UU elude el inicio de negociaciones para alcanzar un acuerdo global que prohíba la instalación de armas en el espacio».
China, por su parte, exigió ayer a Washington información detallada sobre el satélite defectuoso, datos en cuanto al procedimiento empleado para destruirlo y una valoración de las consecuencias que podrían derivarse. «China pide a Estados Unidos que cumpla con sus obligaciones internacionales y facilite cuanto antes la información necesaria para que los países que resulten implicados puedan tomar a tiempo las medidas necesarias». Pekín también critica a EE UU por su negativa a discutir la preparación de un tratado que impida que la carrera de armamentos se extienda al cosmos.
La cúpula militar rusa sostiene que las autoridades estadounidenses no han argumentado suficientemente la necesidad de destruir el satélite, que se basa en el hecho de que sus depósitos de combustible contenían combustible tóxico (hidracina).





